11 de mayo de 1991.

Cádiz 4-0 Barcelona

Cádiz 4-0 Barcelona

Primaveral tarde de Sol y fútbol, la maquinaria azulgrana engrasa su imponente arsenal atacante y viaja al sur de España con un equipaje muy especial, entre las maletas de equipamiento deportivo destacan un número importante de cajas que en su interior contienen el vino espumoso de la celebración, de la victoria, botellas y botellas de cava y champán que nada más pisar la Bahía gaditana son puestas a enfriar. Es el Barcelona de Cruyff, el poderoso Dream Team que se encuentra a un solo suspiro (le valía el empate) de cantar el alirón, un alirón que se da por hecho en toda la geografía nacional.
Los  Stoichkov, Koeman, Laudrup, Salinas o Zubizarreta representan a priori demasiado rival para un modesto equipo del sur de España que pelea y se agarra a un nuevo milagro, una hazaña que pasa por dar la campanada y aguar la fiesta blaugrana. Un equipo amarillo conocido como el “Submarino amarillo” por sus constantes ascensos y descensos. Además el Barça esta en una semana clave, cuatro días más tarde debe afrontar la final de la Recopa ante el Manchester United y quieren a toda costa cerrar la Liga cuanto antes pero no han contado con la garra de un equipo amarillo que se juega mucho y no está dispuesto a ser convidado de piedra. Un equipo amarillo con futbolistas como Carmelo “Beckenbauer de la Bahía”, Pepe Mejías, Dertycia y Quevedo en sus filas, pero nada comparable a la majestuosidad y el poder del equipo de Cruyff.
Sobre el papel la víctima propiciatoria perfecta para cantar el alirón sin problemas pero sobre la práctica lo impensable: tremendo baño del equipo gaditano al Barça, que muy enchufado desborda en un partido histórico al Barcelona y le endosa un contundente e incontestable 4-0. Goleada que impide la fiesta a los azulgranas y contra todo pronóstico retrasa una semana el alirón. Año histórico para ambos clubes porque el Cádiz entrenado por Ramón Blanco y preparado físicamente por Lorenzo Buenaventura (uno de los magos a los que el Barça actual debe su éxito) consigue una vez más la permanencia y el Dream Team lucha por un doblete, Liga (que consigue) y Recopa (que pierde ante el United).

10 de mayo de 2009, (dieciocho años después).

Barcelona 3-3 Villarreal
Barcelona 3-3 Villarreal

Luce una soleada tarde primaveral, el Barça de Guardiola, un maravilloso equipo que lucha en esta ocasión por un triplete afronta un partido en el que una victoria le permitiría cantar el alirón.  El cava esta preparado, frío, en su punto, además el partido es en casa, en un Nou Camp abarrotado con cien mil personas. La tarde y el ambiente son absolutamente propicios para como quiere Guardiola cerrar la Liga cuanto antes y celebrarla ante su público, a tres días de la final de Copa ante el Ath.Bilbao. Todo viene rodado y aún más cuando Keita abre el marcador e inicia una brillante primera mitad en la que los azulgranas se imponen justamente con un claro 3 a 1 con dos goles más de Eto’o y Dani Alves. El espumoso vino de la tierra, de las variedades blancas autóctonas del Penedés está listo para la inminente celebración pero no cuentan con esa víctima propiciatoria en la que se ha convertido un equipo también amarillo tras esa gran primera mitad azulgrana. Como aquel Cádiz, un equipo también conocido como “Submarino amarillo”, que se juega mucho en el envite (la Champions y la UEFA), el Villarreal. Y como aquel día los caprichos del fútbol, del destino y de esa fatídica jugada de Abidal propician un descalabro de quince minutos en los que un penalti y expulsión y un gol en el descuento de Llorente dejan frustrados a los azulgranas. Un empate que retrasa la fiesta azulgrana y nos deja grandes paralelismos entre una historia y otra. Un Déjà vu del fútbol, de este caprichoso deporte en el que nunca debes dar nada por ganado hasta el último segundo de partido. Lo vimos en Londres el pasado miércoles y lo hemos visto hoy en un partido que seguro quedará en anécdota histórica para un equipo mágico que si no ha sido hoy será la semana próxima cuando entone el alirón.
En definitiva una historia de fútbol que nos deja como peor noticia la lesión de Iniesta pero que con algunas diferencias vuelve a conectar a dos equipos mágicos con un mismo concepto futbolístico casi veinte años después.

Mariano Jesús Camacho.