Foto: Reuters

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Decía Guardiola a la finalización del partido que él podía tener muy poca influencia en jugadores como Leo Messi capaces de en una acción salvar a dos contrarios y crear una superioridad numérica crucial para perforar la meta rival, en definitiva se quitaba méritos sobre su función en el equipo. Y en parte tiene razón porque de no tener a futbolistas de tanta calidad y compromiso el gran entrenador azulgrana no habría podido transmitir a sus jugadores la riqueza táctica, técnica y psicológica que desprende su equipo.

Esa riqueza táctica en la que una cobertura de Busquets (que hace de central improvisado) permite el eslalon de Touré que culmina con ese primer gran gol azulgrana, desbordante de potencia y calidad y solo con un punto negro en su celebración. Pero un golazo a todas luces que neutralizaba ese gol anterior de Toquero con el que extasiaba a una sensacional afición rojiblanca que ha dado un ejemplo de deportividad exquisito. Chapeau para los aficionados del Athletic y para sus jugadores, que se han mantenido con vida durante toda la primera mitad pero que han sucumbido de forma lógica ante un grandísimo equipo.
Ese Barcelona que hoy sin Iniesta ha sido muy superior al Athletic en la segunda mitad, en la que nos ha vuelto a mostrar ese fútbol vertiginoso técnicamente, que compite con el balón y en el que hasta un tipo como Eto’o, que no ha estado certero en la definición (delantero puro) deja de ser egoísta para trabajar de forma incansable por el colectivo. Los azulgranas nos han dejado nuevamente detalles de grandeza con Leo Messi a la cabeza, con Bojan, que ha marcado un golazo al estilo de su espejo y padre futbolístico (Henry) y con una maravilla técnica a balón parado de Xavi Hernández, el mejor medio del mundo (distinción que comparte con el ausente y beatificado Iniesta).
En definitiva una final de la que el fútbol español debe estar orgulloso y que pasará a la historia. Por la deportividad de ambos contendientes y aficionados (con una sola excepción), por la buena actuación de Medina Cantalejo (que ha pasado desapercibido y ha mostrado las tarjetas en los momentos oportunos), por el tremendo ejemplo que han dado los aficionados del Athletic permaneciendo en el campo durante toda la celebración y sobretodo por el fútbol desplegado por un equipo que comienza a recoger los frutos de un trabajo muy bien hecho y en el que aunque el de Santpedor diga lo contrario ha tenido mucho que ver.
En definitiva podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que una fiesta del fútbol a encumbrado a un gran campeón, al que ha sido mejor y lo ha merecido al final de los 90 minutos: el Barcelona de Guardiola.

Mariano Jesús Camacho.