Titanic, una leyenda sobre el mar.

Titanic, una leyenda sobre el mar.

Circula una vieja leyenda que cuenta que en la chimenea principal del RMS Titanic, se grabó una frase pronunciada por Bruce Usmay, máximo responsable de la White Star Line, armadora del buque más grande de su tiempo, el segundo de un trío de transatlánticos, de la clase Olympic, que pretendía dominar el negocio de los viajes transoceánicos a principios del siglo XX. Al parecer la citada frase era la siguiente: “Ni el Papa ni Dios podrán hundirlo”, una vieja leyenda de dudosa veracidad puesto que la frase que pronunció Usmay fue la siguiente: «No puedo concebir que algo pueda hundir a los barcos de hoy, la construcción moderna va mucho más allá que esto», pero una leyenda que viene a sumarse a las numerosas y apasionantes historias que rodean la corta pero vertiginosa historia de este mítico y desafortunado trasatlántico. Ese impresionante buque al que desde su construcción e inauguración le envolvió un aura desafiante de indestructibilidad. Un majestuoso barco comandado por el capitán Edward John Smith, prototipo del marino inglés de carrera. Un hombre sexagenario de aspecto elegante, alto, con barba canosa y mirada severa, que desprendía sapiencia y seguridad cuando aparecía por la cubierta con su impecable uniforme blanco con botones dorados. Pero ojo ese mismo capitán que un año antes (1911) había protagonizado una polémica y grave colisión cuando capitaneaba el Olympic, otro de los tres barcos de la serie. Un grave incidente en el que el Olympic y el crucero HMS Hawke, contra el colisionó resultaron gravemente dañados.

La tragedia.
La tragedia.

Así comenzó la travesía inaugural de este bello crucero que zarpó brillantemente del puerto de Southhampton con destino a New York un 10 de abril de 1912 y que hasta ese fatídico día 14 tuvo una travesía placentera. Pero aquel día el helado destino le aguardaba en forma de iceberg sobre las frías aguas del Atlántico Norte. Sobre la tragedia acaecida al filo de la medianoche existe numerosa información pero lo que para mí trasciende de este histórico suceso es el aura de divinidad de la que quisieron dotar a una construcción humana sujeta a los caprichos del destino y de la naturaleza. Un planteamiento erróneo desde su base con el que Usmay pagó su ambición y su creencia de haber construido un buque por encima del bien y del mal. Pero sin duda un bello y espectacular barco que desde las 23:45 del 14 de abril de 1912 zozobró y entró en la leyenda.
Una Torre de Babel del siglo XX, axioma que nos demuestra que la magnificencia no es imperecedera, es más que no hay nada imperecedero. Un cuento aplicable a todos los ámbitos de la existencia, de la actividad humana y en este caso teniendo en cuenta el tema de esta bitácora, al fútbol. En el que desde el primero al último zozobran cuando la ambición les ciega y pierden el norte y la humildad.
Y es que la humildad es el antónimo de la soberbia, la Rosa de los Vientos, la Rosa náutica de nuestro camino, nuestro viaje. La Flor de Lys que marca nuestro Norte, circunferencia del horizonte de nuestras vidas.

Real Titanic
Real Titanic

Vidas anónimas como la que vivió un joven conocido como Chepe, un chico que en aquella primera mitad de la década de los diez del siglo pasado tuvo a bien transmitir a sus paisanos de Pola de Laviana (Asturias) la pasión que sentía por un deporte que descubrió en Navarra, donde cursaba sus estudios.

Corría el año de 1912, pocos meses después del luctuoso naufragio del majestuoso buque, un suceso que convulsionó a la sociedad de la época y que como no podía ser de otra manera influyó también en la gestación de un modesto conjunto de Pola de Laviana. Y es que al parecer en una de esas reuniones en el Llagar de Don Clemente se llevó a cabo la creación y fundación de un equipo en la Pola al que decidieron bautizar con el nombre del Titanic en recuerdo del legendario buque inglés. De esta forma nacía el Titánic de Laviana, que tuvo como primer presidente a un abogado lavianés llamado Aquilino Zapico. Un equipo de fútbol anónimo que tuvo acceso a la leyenda a través las cuatros chimeneas del soberbio buque que ya por entonces descansaban en el frío lecho marino de las aguas del Atlántico Norte. Esa entidad que como el Titanic zozobró, desapareció y resurgió con fuerza de sus cenizas. Una curiosa y bonita historia en la que este equipo pasó de ser el Titánic de Laviana al Nuevo Club Titánic, que llegó a ostentar el título de realeza y que posteriormente regresó a su antigua denominación. Un Real Titánic que durante el régimen franquista pasó a ser el Real Titánico, que a lo largo de su existencia navegó por los campos de La Llombona, El Rocinero, el campo de Fontoria, La Chalana, el Molín y que desde 1973 navega por el campo de Las Tolvas.
Un modesto con historia, un anónimo sin delirios de grandeza, todo lo contrario a su alter ego marino, ese buque de belleza infinita pero de poder efímero que cautivó a tantas generaciones y que aún en el fondo del mar sigue haciéndolo cada vez que contemplamos sus restos, esos que se han convertido en refugio de los peces y barrera coralina atrapada en el tiempo, víctima de su soberbia.

Mariano Jesús Camacho.

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