Coliseo azulgrana

Coliseo azulgrana

Hacia el siglo I a. C. se creó en Roma un edificio para albergar las luchas de gladiadores, el anfiteatro, que se construyó en todas las ciudades importantes del Imperio. El Anfiteatro Flavio, o Coliseo, fue el mayor todos ellos y uno de los más grandes construidos en la Antigüedad. Como he apuntado el majestuoso Coliseo fue el escenario en el que esos gladiadores batallaban con otros, o con una bestia, en los juegos públicos de la Antigua Roma.
Hoy 21 siglos después la “Ciudad Eterna” se ha vuelto a abrir a nosotros para la historia eligiendo en esta ocasión otro Coliseo, el Olímpico de Roma, estadio en el que otros gladiadores se han enfrentado a una de sus bestias negras.
Once gladiadores que con su espada Gladius en ristre han combatido con fútbol de seda a la bestia inglesa. Una bestia que con los afilados colmillos de Ronaldo ha mordido en los primeros diez minutos pero que ha comenzado a sucumbir a partir del decisivo gol de un gladiador llegado desde tierras africanas, el famoso León de Camerún que a pase del inteligente y fino estilista de Fuentealbilla ha atravesado el corazón de la bestia con un golazo que ha cambiado una final histórica.

Una final que ha ganado con mucha seda, con astucia, pero también con mucho acero. El acero de un imponente gladiador llegado de tierras marfileñas llamado Touré, del devastador corta redes Piqué y del Espartaco azulgrana, Carles Puyol. Gladiadores con estilo, conscientes de que con su natural inteligencia pueden conseguir la victoria pero a su vez sabedores de que la lucha y la unión es el mejor camino para llegar a la corona laureada.
Ese entre otros ha sido el gran secreto de este grandioso equipo, un conjunto que ha sabido sufrir hasta el final y que nunca ha perdido la fe pese a las ausencias, pese a los gladiadores heridos, pese a todo. Esa fe que ha permitido a Messi convertirse por un segundo en Gerd Müller, en Quini, en Santillana, para suspenderse en el aire y rectificar con su cuello la trayectoria de un balón que ha hecho desplomar a la bestia.
Esa bestia que ha sido un digno e histórico rival, un equipo que merece igualmente el reconocimiento por su trayectoria actual e histórica.
Todo ello en una Ciudad Eterna que merece el citado apodo porque cuando la visitas no puedes olvidarla fácilmente… sus plazas, sus fuentes, la inmensidad del Coliseum. Esa ciudad que los barcelonistas recordarán por y para siempre porque en ella un 27 de mayo de 2009 el Barcelona de Pep se colocaba la corona laureada con la conquista de la Champions, el tercer título con el que entraba en la historia del fútbol al conseguir la valiosa “Triple Corona” (Copa, Liga y Champions).

La cita con la historia

La cita con la historia

El mejor y más brillante colofón para un equipo que ha dignificado y ha bordado el fútbol en una temporada de ensueño. Tan brillante, mágico y artístico como ese momento que nos ha regalado el invidente y cantante italiano Andrea Bocelli al comienzo del partido cuando Gladiador ha sonado en su eterna voz. Tan eterna como Roma y como el fútbol de este Barça que será recordado siempre por su excepcionalidad, por su efectividad y por su fútbol mágico y volador.

Mariano Jesús Camacho.