"El Divino" en Chamartín

"El Divino" en Chamartín

Ricardo “El Divino” Zamora está considerado junto a otros ilustres como Samitier, Lángara, Regueiro o René Petit, una de las primeras grandes estrellas de la Liga. Este sensacional guardameta dignificó la posición de portero y fue el mejor del planeta durante casi veinte años, sus reflejos felinos le llevaron a crear escuela allá por donde pasó. El Universitari, el Espanyol, el Barça, el Madrid y la selección española disfrutaron del perfil felino de un portero clásico en la vestimenta, que saltaba al césped con un jersey inglés de cuello alto, con pantalones largos, rodilleras blancas y gorra, pero que fue pionero y peculiar en la mayoría de las cosas que hizo.
A sus impresionantes condiciones atléticas había que sumar una curiosa mística habitual, pura superstición que le acompañaba en cada partido. Y es que cuentan que “El Divino” no podía ponerse bajo palos sin un pequeño muñeco de trapo que al parecer simulaba ser una réplica de su persona. En cada partido llevaba a cabo un pequeño ritual, dicen que parecido al vudú y colocaba el muñeco en el interior de la portería. Zamora llegó a estar tan ligado a esa superstición que creía a pies juntilla que le traía suerte. Es más cuentan las crónicas de la época que “El Divino” perdió su preciado muñeco y en el periodo en el que estuvo sin poder recuperarlo se le vio más nervios e impreciso de lo habitual bajo palos.
Lo indudable es que la figura de Zamora trascendió lo deportivo, siendo guardameta del Espanyol recibió la proposición de un empresario catalán para posar para la marca de chocolates Orthi. De esta forma cuando aún no se había llegado a 1930, “El Divino” creaba escuela y abría el mundo de la publicidad a los futbolistas.
En Amberes 1920, la Olimpiada de la “Furia de Belauste” logró una medalla de plata pero fue protagonista de varias de esas anécdotas que le convirtieron en único dentro y fuera de los terrenos de juego. Ricardo sufrió la primera expulsión de su carrera al propinar un certero derechazo a Baldini II, un futbolista italiano que le sacó sus casillas. Y fue allí en Bélgica donde Zamora aprovechó el dinero de su dieta para aprovisionarse de tabaco, su gran vicio reconocido. No podía imaginar Ricardo que aquella compra le depararía una detención y varias horas de calabozo en un barracón de un puesto fronterizo, y es que en la Aduana belga fue acusado de contrabando. Curioso regreso de un subcampeón olímpico que tuvo que abonar 500 pesetas de la época para salir de aquel entuerto.
Como vemos Zamora fue un personaje único, circulan numerosas historias alrededor de su vida y como no podía ser de otra manera se vio directamente afectado por la Guerra Civil, que supuso para el fútbol español una ruptura similar a la que vivió el conjunto del país. Ricardo lo vivió en primera persona, en pleno periodo bélico estaba en busca y captura por lo que tuvo que buscar refugio, primero en su domicilio y luego en casa de un amigo médico que le cobijó mientras pudo. Cuentan que cada poco en aquel periodo de guerra llegaban milicianos a casa de Zamora y expoliaban todos sus trofeos. Permaneció escondido un tiempo pero dio finalmente con sus huesos en la cárcel Modelo, donde ciertamente pasó delicados momentos puesto que cada poco llegaba un miliciano con una lista de nombres a los que se llevaban a un paseo sin retorno. En la Modelo Zamora vivía en un continuo sobresalto, en más de una ocasión se le acercó un nuevo comisario con la intención de saludarle pero hasta que este no dejaba claras sus intenciones colocaba al “Divino” al borde de aquel fatídico paseo sin retorno.
Afortunadamente salió indemne de aquel trance gracias a la intervención de la embajada Argentina, que a tantos españoles les proporcionó una de las principales vías de escape de la Guerra.

Torpedero Tucumán
Torpedero Tucumán

Allí se refugió hasta que pudo viajar a Valencia y embarcar a bordo del torpedero argentino Tucumán. Un navío que jugó un importante papel en la agenda política bilateral de la época y del derecho de asilo aplicado por el gobierno argentino a los perseguidos por la guerra civil española, sin distinción de bandos. Dos fueron los buques de la armada argentina los que se encargaron de evacuar a los asilados que estaban en la embajada argentina, edificios anexos y consulados del territorio español: el  citado torpedero Tucumán y el crucero 25 de Mayo. Desde agosto de 1936 hasta fines de febrero de 1937, ambos buques hicieron más de veinte viajes desde España hasta Marsella con el objetivo de transportar a los evacuados. Zamora viajó a bordo del Tucumán y se desplazó a Niza, donde permaneció hasta la finalización de la guerra, cuando regresó a España para continuar con su leyenda como futbolista y emprender la carrera de entrenador.
En definitiva aquí queda trazado este pequeño perfil paralelo a la vida deportiva de un genio de los tres palos. Un perfil en el que he intentado acercarme a la persona, a ese hombre al que le gustaba compartir cervezas con los amigos, tomarse algún que otro sol y sombra y meterse entre pecho y espalda una buena copa de coñac francés. Aquel hombre asiduo a “El Molino”, Le Petit Moulinge Rouge, como era coonocido, donde que quedó prendado de la belleza de Mirellita Ruiz de la Cruz, una de sus amantes, conocida en en el mundo de la farándula como Madame “La goulue” en honor a aquella famosa cabaretera del siglo XIX, musa de Toulouse-La Trec, una mujer muy bella, tan bella que su belleza fue motivo de su fatalidad.

Otros tiempos, otro fútbol, una dura época en la que un personaje muy humano al que catalogaban de “Divino” protagonizó una vida de película pero muy real.

Mariano Jesús Camacho.