Tres Coraçoes-Pelé

Tres Coraçoes-Pelé

En la localidad remota de Tres Coraçöes, en el estado de Minas Gerais nació hace ya casi setenta años un chico llamado Edson Arantes do Nascimento. Vino al mundo en una casa pobre de la que no queda vestigio alguno puesto que fue demolida pero que pronto será reconstruida por el Gobierno brasileño para recordar y homenajear en 2010 a uno de los tesoros más preciados del país que está próximo a cumplir los setenta años.
Parece mentira que ese chico que con solo 17 años rindió a Europa y al mundo a sus pies en Suecia 58 entre en edad septuagenaria. El “rey del fútbol”, aquel que tumbaba rivales a velocidad de crucero y frenaba en seco para contemplar los “cadáveres futbolísticos” que dejaba a su paso. Ese futbolista que saltaba para permanecer en el aire, donde su cabeza se convertía en arma y la pelota se convertía en el proyectil físico que marcaba la trayectoria hacia el gol.

estatua-pele

El hombre de los mil trescientos partidos y de los casi mil trescientos goles, hijo de Dondinho y admirador de la magia de Zizinho, su fuente de inspiración. Un chico de color, pobre, que tuvo acceso a un mundo en el que sus iguales no podían entrar, un chico que se convirtió en Rey y que quizás por ello a partir de entonces jamás volvió a regalar un solo segundo de su intensa vida. Pero en su caso todo queda en el olvido, en el recuerdo, en su inmortalidad futbolística, en esos instantes, esos segundos en los que consiguió que los de su generación amaran al fútbol y soñaran con Brasil y el modesto Santos. Un jugador tan grande que consiguió incluso que posteriores generaciones quedáran hipnotizadas con aquellos videos en blanco y negro y color en los que un portento físico y técnico desquiciaba rivales con su potencia, su calidad y su juego del engaño. El hombre de los goles y los no goles, el que dejó clavado a Mazurkiewicz sin tocar la pelota y ese joven de 17 años que en su amada Tres Coraçöes levanta la Copa Jules Rimet cada tarde, cada noche, cada mañana.
En un rincón en el que el bronce juega con las luces y las sombras de la modesta localidad de Minas Gerais, que un 23 de octubre de 1940 vio nacer a un niño fruto del amor de Dondinho y Doña Celeste, que no fue anunciado por ningún profeta, un día que en Tres Coraçöes estrella alguna cruzó por el cielo, y un niño que no fue visitado por rey mago alguno. Pero un niño que cambió para siempre la historia de su humilde localidad y de Brasil.

Estatua Pelé- Salvador de Bahia

Estatua Pelé- Salvador de Bahia

El niño de Tres Coraçöes y Tres Generaciones, al que su fútbol inmortal convirtió en leyenda y en bronce. Ese perfil metálico que en dos lugares alza sus manos al cielo ofreciendo su fútbol y la Copa al infinito. En Tres Coraçöes, donde existe un bonito recuerdo en su honor y en Salvador de Bahia, donde otra estatua fue inaugurada en marzo de 1971 al lado del estadio Fonte Nova, de Salvador, una estatua que en 2007 fue victima de unos vándalos y desmemoriados que osaron mutilarla arrebatándole lo que nunca podrán: la gloria, la Copa Jules Rimet.

Curiosa foto y curiosa anécdota que viene a sumarse a la ya tradicional desaparición del balón que descansa a los pies del otro monumento erigido en Tres Coraçöes.

Y es que como se decía bajo su reinado: “Dios en el Cielo y Pelé en la Tierra” pero como ser mortal fuera de los terrenos de juego, imperfecto y expuesto tanto a las grandezas como a las miserias humanas.

 

 

 

 

Pelé mutilado

Pelé mutilado

 

Actos vandálicos

Actos vandálicos

 

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Mariano Jesús Camacho.