Sportivo Barracas

Sportivo Barracas

Domingo 28 de septiembre de 1924, el viejo estadio Sportivo Barracas –sede del Club Sportivo Barracas, uno de los clubes más importantes del fútbol argentino en la época amateur, que rivalizaba de en la zona sur de Buenos Aires con Boca y Racing- ubicado en el barrio porteño del mismo nombre entre las calles Iriarte y Luzuriaga, acoge uno de los duelos futbolísticos más atractivos de la época. Atractivo porque se enfrentan la selección argentina y la selección uruguaya, reciente y brillante campeona olímpica al derrotar por tres goles a cero a Suiza en Colombes (Paris), el 9 de junio de ese mismo año.

En el marco de un doble enfrentamiento amistoso acordado nada más regresar con el oro de Colombes, Uruguay y Argentina se disponen a dilucidar el segundo de esos dos apasionantes duelos rioplatenses. En el primero disputado en Montevideo el 21 de septiembre, un empate a un gol deja en el aire un sentimiento de revancha para los charrúas que desean cumplir con las expectativas creadas.
Con una capacidad para treinta y siete mil personas parece el recinto ideal para acoger el citado evento puesto que antes ha sido escenario de todos los partidos del Campeonato Sudamericano de 1921. Todo hace indicar que los aficionados podrán presenciar un duelo de altura entre su selección y aquellos famosos olímpicos pero la expectación es enorme y la organización se ve desbordada cuando comprueba que la expectativa creada supera en mucho todos los cálculos y previsiones. A ello hay que sumar el hecho de que para un campo con un aforo de unas 37.000 personas se venden 42.000, a las que hay que sumar los socios y los invitados. Unas cifras que periódicos como “La Nación” y “La Razón” en notas deportivas de la época sitúan en 52.000 y 60.000 respectivamente. En definitiva unas cifras que convierten el estadio Sportivo Barracas en una olla a presión a punto de reventar, al punto de que la presencia de público llega a tal grado de masificación que las personas bordean la línea lateral y acaban por invadir el terreno de juego. Unas condiciones en las que corre grave peligro la integridad de todos los asistentes y provoca la decisión del colegiado uruguayo Ricardo Vallarino de suspender el partido cuando solo se llevan disputados cuatro minutos de juego.
El partido queda suspendido y se fija como fecha para la reanudación del mismo la del jueves 2 de octubre de 1924, fecha para la que la organización toma una serie de medidas de prevención (se reduce la venta de entradas y se aumenta su precio) con las que se asegura la disputa segura del encuentro. La más llamativa de las citadas medidas es la instalación de una alambrada de metro y medio de alto que rodea todo el perímetro de las tribunas, trabajo bautizado como “alambrado olímpico” por el ingenio popular, ya que la barrera separaba a los concurrentes de los míticos campeones charrúas.
Así llegamos a aquél jueves de octubre de 1924, en el que en una alambrada cancha de Sportivo Barracas, en el Parque Pereyra sobre la actual avenida Vélez Sársfield se disputa un encuentro en el que Uruguay forma con Mazzali; Nasazzi y Uriarte; Andrade, Zibecchi y Zingone; Urdinarán, Scarone, Petrone, Cea y Romano. Y Argentina con Tesorieri; Adolfo Celli y Bearzotti; Médice, Fortunato y Solari; Tarascone, Ernesto Celli, Sosa, Seoane y Onzari.

olimpico2Un encuentro que acabó por entrar en la leyenda del fútbol pero no porque Argentina se impusiera a los olímpicos por 2 goles a uno con tantos de Onzari y Domingo Tarascone para los locales, y Pedro Cea para los visitantes, sino por aquel gol del wing izquierdo argentino Cesáreo Onzari a los quince minutos de juego. Ese minuto quince de la primera mitad en el que en un córner desde la izquierda, Onzari –wing de Huracán- golpea la pelota con tanto efecto que este describe una parábola diabólica de trayectoria envenenada que acaba colándose junto al primer palo, superando el esfuerzo del arquero Mazzali para sacudir la red. Una acción que confunde a todos menos al colegiado uruguayo Ricardo Varallino, que aún no habiendo recibido la comunicación de la modificación de la norma, conoce a la perfección la intención de poner en vigor la nueva regla de la Internacional Board, que según algunas fuentes, dos meses antes y a propuesta de la Asociación Escocesa de Football, había reglamentado el tiro de esquina o córner como tiro libre directo. En cambio otras de bastante rigor como la de Jorge Gallego -historiador del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF)- una regla que en concreto entra en vigor hasta el 14 de junio de 1924 –fecha en la que la regla es modificada por la Internacional Board- con lo que el primer gol directo de córner se habría producido el 21 de agosto en un partido de la Segunda División de Escocia, en el que Billy Alston (dos meses antes),  ya ejecutó con maestría la diabólica parábola de Onzari.
En cualquier caso el gol que quedó para la historia fue el que concedió el juez uruguayo Ricardo Vallarino, una concesión con la que muchos espectadores se sorprendieron: puesto que desconocían por completo la nueva regla. Un gol muy reclamado por los uruguayos puesto que estos además alegaban una acción antirreglamentaria de Manuel Seoane, que había desplazado levemente al guardameta uruguayo Mazzalli,

La brusquedad y los incidentes marcaron el devenir del juego al punto de que el futbolista argentino Adolfo Celli sufrió la fractura de tibia y peroné, los aficionados sobrepasaron los límites, lanzando botellas y piedras al terreno de juego y Héctor “el Mago” Scarone le pegó una patada a un policía acabando su aventura en comisaría.
Cea hizo el empate para Uruguay a los 29 minutos y Tarasconi le dio la victoria a Argentina a los ocho del segundo tiempo, pero todo quedó en anécdota ante ese histórico minuto quince en el que Cesáreo Onzari hizo el gol.
El gol de la polémica sobre el que el colegiado declaró al diario ‘La Nación’ lo siguiente: “Tengo la seguridad de haber actuado a conciencia, en ningún momento dejé de cumplir mi misión en la forma en que entendía debía hacerlo. Prueba de ello, los goles que sancioné, el primero de los cuales directamente de un córner, aún cuando esa nueva disposición del reglamento oficial no nos ha sido comunicada a los referees de la Asociación Uruguaya de Football”.

Cesáreo Onzari, wing izquierdo de Huracán.

Cesáreo Onzari, wing izquierdo de Huracán.

Un gol que posiblemente no tendría que haber subido al marcador puesto que pese a que la regla estaba legalmente vigente, según las propias palabras del colegiado –que no había recibido la comunicación oficial- en principio no tenía que tener conocimiento oficial de ella. Aun así Vallarino conocía la regla y la aplicó, por lo que ese tanto entró de lleno en la historia porque el ingenio popular acabó por bautizarlo con el sobrenombre de “Gol olímpico”, con el que ha llegado hasta nuestros días y con el que Onzari -al que se le dedicó un tango que lleva su nombre y que fue compuesto por Mariano Garcia y Francisco Rofrano- entró en la leyenda.

Fuentes:

http://eljineteinsomne.blogspot.com/2008/02/lo-que-sucedi-el-2-de-octubre-de-1924.html

http://futboldata.blogspot.com/2008/04/anecdotas-tercera-entrega.html

Mariano Jesús Camacho.