fuerzaimAlrededor del mundo del fútbol y del deporte trabajan una cantidad ingente de personas que hacen posible que la ruleta siga girando. Desde el más humilde recoge pelotas al jardinero pasando por el delegado de campo, los camilleros o el personal de seguridad tienen su cuota de importancia en un mundo en el que estos personajes secundarios jamás gozarán de la popularidad de los verdaderos protagonistas del mismo, los futbolistas. Algo lógico pero por otra parte un poco injusto con todos estos personajes que a pie de campo conforman la segunda línea que escolta a los 25 protagonistas que giran sin cesar entorno a un balón. En concreto y de este cuerpo de personajes secundarios me gustaría destacar en concreto a uno de ellos: al fotógrafo deportivo.

Ese personaje que encierra en su trabajo y en su personalidad a un artista capaz de captar el momento preciso en el que el protagonista alcanza la gloria, retratos rápidos en los que consiguen llevar a nuestras retinas el impacto en el aire, el remate, el gol, la estirada del portero, la entrada en el área fatídica, la expresión de alegría del deportista o la decepción de la derrota. Instantes eternos que han dotado a la épica literaria de imágenes que no necesitaban palabras para ser contadas. Momentos históricos que han hecho posible que lleguen a nuestros días el vuelo de Samitier, las estiradas de Zamora, la silueta de Matthews, la picardía de Manuel Seoane, las bicicletas de Leónidas, las quebradas de Andrade, la maestría de Zizinho, el intrépido talento de Meazza…

Instantáneas de leyenda a las que la vieja pátina del tiempo dotó de un misticismo mágico, un trabajo este el del fotógrafo deportivo que nos ha regalado a verdaderos artistas del medio. Artistas como David Burnett, que nos transmitió su particular forma de retratar los momentos precisos en diversas disciplinas. Como aquella famosa instantánea de los dos esgrimistas o esa otra en la que captó a la perfección el doloroso momento en el que una atleta norteamericana, debido a una lesión tuvo que abandonar la competencia. Genial foto en la que Burnett captó a la perfección un dolor no tanto físico (lesión), sino el dolor de abandonar una competición para la que la deportista se había preparado durante tantos meses.

Arte y deporte, dibujos vívidos que captan cada fin de semana estos artistas anónimos, fotógrafos deportivos que en el caso del fútbol tienen a un artista reconocido en la figura de Stanislav Tereba, un fotógrafo que en 1958 fue galardonado por la organización holandesa World Press Photo con la mejor instantánea del año, algo muy meritorio puesto que la citada foto deportiva logró colarse entre históricas fotos de guerras, hambre y acontecimientos políticos. Una foto en la que aparece el portero Miroslav Čtvrtníček bajo una intensa lluvia. Y en la que capta a la perfección la esencia del fútbol y de la condición humana. El héroe hecho hombre con la mirada clavada en un empapado y desafiante esférico, protagonista de un duelo de máxima rivalidad entre el Sparta de Praga y el Bratislava, en la extinta Checoslovaquia.

Mágica foto a la que la intensa lluvia y el blanco y negro dotan de la leyenda que rodea a este deporte de masas, capaces de soportar una tromba de agua por ver en acción a sus ídolos.

Para todos esos artistas anónimos va dedicado este pequeño recuerdo y mi profunda admiración, para los de ahora y los de antes, especialmente para estos últimos, que con viejas kodak brownie captaron el instante mágico en el que el ser humano muestra toda su grandeza o en su caso su pequeñez.

Mariano Jesús Camacho