Sir Bobby junto a su estatua.

Sir Bobby junto a su estatua.

El mes de julio se ha despedido con una triste noticia que pese a ser previsible, dadas las últimas informaciones que nos llegaban desde el Reino Unido, no nos ha dejado de impactar. Tras casi veinte años de lucha con una dura enfermedad Robert William Robson, Sir Bobby Robson, el gran ‘Bobby’ para quienes lo conocieron, perdía su batalla con el cáncer y fallecía a la edad de 76 años. 
Muchos le conoceréis por su etapa en el Barcelona, donde tuvo la difícil papeleta de ser el técnico encargado de llevar la transición tras la era Cruyff y donde dejó una profunda huella por su cercanía, su afabilidad, su profesionalidad y su señorío. Todos y cada uno de los jugadores azulgranas que estuvieron a sus órdenes en aquella temporada 96/97 le profesaban gran cariño, mucho respeto y en el caso particular de Mourinho sentida admiración.
robsonEn esa etapa se mostró al fútbol español pero Bobby fue mucho más que eso, primero fue un chico que por sus notables condiciones para el fútbol logró salir de la mina, en la que trabajaba junto a su padre, luego se convirtió en un muy buen futbolista que dejó su sello como delantero con las casacas de del Fulham y el West Bromwich y que llegó a acumular veinte internacionalidades con Inglaterra. Y por último demostró ser un buen entrenador, iniciando esta etapa en el conjunto canadiense del Vancouver Royals y asentándose como toda una realidad en su regreso a su país en 1969, cuando se convirtió en el técnico bandera del Ipswich Town, conjunto en el que hizo un gran trabajo durante casi trece años, logrando el hito histórico de la conquista de la UEFA en la temporada 80/81. Y fue allí en el Ipswich, donde Bobby se ganó el respeto y el cariño del fútbol inglés, que lo eligió en 1982 para dirigir a la selección inglesa por un periodo de ocho años. Los “Pross” bajo su dirección técnica vivieron dos momentos históricos, el primero en México 86, cuando sucumbieron ante un fenómeno llamado Diego Maradona y el segundo en 1990, cuando en el Mundial de Italia lograron rozar la gloria cayendo a la orilla del éxito en semifinales.
Tras su paso por la selección Bobby siguió ejerciendo su magisterio de fútbol y vida en las filas de PSV, donde logró dos títulos de la Eredivise, posteriormente pasó al Sporting de Lisboa y de ahí al Oporto, conjunto este último en el que coincidió con José Mourinho y con el que conquistó dos Campeonatos de Liga.
Su talante y su experiencia le convertían en un personaje muy cercano, afable, que transmitía a sus jugadores y colaboradores la sensación de ser más que un jefe, un viejo y sabio profesor de escuela, un personaje paternal al que se le tenía gran respeto y cariño.
Así llegó a Barcelona y así se marchó, siendo muy respetado y querido, con tres títulos a sus espaldas, Recopa, Copa del Rey y Supercopa. Todo en una temporada en la que nos dejó para la historia de la Liga y el fútbol aquella espontánea reacción ante un sensacional gol de Ronaldo.
Ahora que tanto tiempo ha pasado y que su marcha nos transporta a su recuerdo me resulta paradójica la caprichosa jugada del destino que le colocó en situaciones totalmente opuestas ante dos acciones de genio. La primera en 1986, cuando en México y siendo seleccionador inglés le tocó sufrir y disfrutar en un mismo partido de  la “mano de Dios” y del “Gol del Siglo”. De aquella pillería del diez y de esa otra maravilla fabricada por Diego Maradona y contada por V.Hugo Morales. En aquella ocasión a Robson le tocó vivir el papel de sufridor, pero ni en ese momento perdió su talante, su caballerosidad. A la finalización del choque, Robson declaró lo siguiente: «el primer gol fue ilegal, pero el segundo valió por dos».
Posteriormente y once años después Sir Bobby vivió otro slalom de genio desde el papel de ganador. Y aunque en esta otra ocasión solo se tratara de un partido de Liga más ante el modesto Compostela, aquella imagen también dio la vuelta al mundo, porque además de encumbrar a un por entonces emergente genio llamado Ronaldo, hacía justicia con un caballero del fútbol al que este le había dado la oportunidad de disfrutar un antológico gol desde el papel de vencedor. Por ello Bobby se llevó las manos a la cabeza y se sintió orgulloso de poder contar con aquel jugador, que como Diego había recorrido casi sesenta metros para hacerle saltar y disfrutar. Y por ello ahora que he vuelto a ver aquellas imágenes cobran tanto sentido las palabras que nos dejó en una de sus últimas entrevistas: “He disfrutado cada minuto de mi vida, y doy gracias”
Minuto como aquel, en el que se sintió parte de la historia al ser el técnico inglés que desde el banco vio volar a Diego hacia el Olimpo o como ese otro en el que se sintió orgulloso de dirigir a un chico llamado Ronaldo, que volvía a abrirle un hueco en la historia y le resarcía de aquella acción del diez.
Y es que aunque pueda resultar paradójico en tan tristes momentos me gustaría resaltar que Robson se marchó dando gracias a la vida por haber podido sobrevivir a un cáncer muchos años, por haber sido feliz y haberla vivido intensamente, en definitiva demostrando una vez más su infinita generosidad. Y quizás como ha dicho Mourinho dejando patente que Robert William Robson, al que la reina Isabel de Inglaterra nombró caballero del Imperio Británico (Sir) en 2002 y al que todos los que le rodearon lo nombraron caballero del deporte mucho antes, es de esos personajes que nounca mueren.

Mariano Jesús Camacho.