pedrograndeSi buceamos en la historia en busca de “Pedro el Grande” encontramos que el citado sobrenombre se utilizó para definir a dos monarcas europeos. El primero de ellos llamado también “el Grande” fue Pedro III de Aragón y sucedió a su padre Jaime I el Conquistador en los títulos de rey de Aragón, rey de Valencia (como Pedro I) y conde de Barcelona (como Pedro II). Accedió al trono en 1276 y destacó por sus ideas expansionistas que le llevaron a conquistar Sicilia y a la firme enemistad de Francia y el Papa Martín IV, que le excomulgó. Además destacó en el campo de la cultura literaria donde se mostró como un excelente trovador, su extraordinaria personalidad ha hecho que pasara a la historia con el calificativo de «Grande». Es más sus gestas fueron ensalzadas por Shakespeare y generaron un ciclo poético que duró hasta el Romanticismo, al punto de que el mismo Dante dijo de él: «de todo valor estuvo ceñido su corazón».

El segundo de ellos estrechamente vinculado a la ciudad de San Petersburgo y a Rusia ejerció su poder desde 1682 hasta su muerte en 1725. Fundó San Petersburgo con la intención de tener un puerto con acceso al mar Báltico y así hacer frente a Suecia, que era una de las grandes potencias europeas de la época. Fue el primer zar en abrir sus ojos hacia Europa para regresar con ideas reformistas y llevar a cabo su idea de que el imperio ruso dejara de ser un estado medieval. Perteneciente a la Dinastía Romanov, Pedro I Alekséyevich el Grande, destacó por su talla física y desproporcionada (medía 2 metros y 4 centímetros de alto), pero sobre todo porque fue uno de los más destacados gobernantes de la historia de Rusia. Aunque hay que puntualizar que durante su mandato, también absolutista, solo alcanzo grandes cuotas de modernidad en lo que a la nobleza se refiere, equiparando esta a la nobleza europea pero básicamente manteniendo las condiciones de vida del pueblo llano igual.
En cualquier caso nos encontramos ante dos personajes que pasaron a la historia por su grandeza, y si de grandeza y de “Pedros’ tenemos que hablar no podemos pasar por alto lo sucedido en el minuto 115 de la prorroga de la Supercopa europea. Una final de la que podríamos hablar del planteamiento táctico –antiBarça- de Lucescu, de lo soporífero del encuentro, de la falta de fluidez y velocidad del juego azulgrana, de la falta de ritmo y acople de Ibrahimovic, de la ausencia de Don Andrés, del pésimo estado del terreno de juego y del calor, pero todo queda en anécdota ante esa acción del minuto 115 en la que un chaval natural de Abades –un modesto pueblo pesquero tinerfeño- y criado en el San Isidro local hizo buena una genial maniobra de otro grande: Leo Messi. Demostrando así con su sencillez y su atrevimiento toda su grandeza y mandando a dormir junto a la base del palo de Pyatov el balón de la final. Un chico criado en Tenerife pero formado en La Masía, a imagen y semejanza de su técnico, el más vivo ejemplo de lo que siempre he defendido:  en las cosas pequeñas y sencillas se encuentra la grandeza.
La grandeza de un tipo pequeño físicamente pero tan grande, valeroso, rápido y atrevido como para hacerse un hueco en un Barça de leyenda, cambiar su nombre y pasar de Pedrito a ser conocido desde el 28 de agosto de 2009 como Pedro el Grande”.  

Mariano Jesús Camacho.