A la deriva.

A la deriva.

Con el reciente enfrentamiento entre las selecciones de Argentina y Brasil en Rosario tuvimos la oportunidad de recordar viejos e históricos enfrentamientos. Duelos al sol que casi siempre movieron los cimientos del fútbol de cada país. Como hace 19 años cuando en Italia ambas selecciones se enfrentaron en un polémico partido en el que presuntamente el masajista argentino Miguel di Lorenzo proporcionó a Branco una botella de agua con tranquilizantes. Una noticia que surgió tras unas declaraciones efectuadas por Bilardo a la revista brasileña ‘Veintitrés’, en la que el Doctor reconoció aquella estratagema en los octavos de final del Mundial italiano. Unas polémicas declaraciones ya adelantadas por Maradona con anterioridad de las que Bilardo posteriormente se desmarcó aludiendo a una mala trascripción. Una historia de locos, de la trastienda del fútbol, donde se cuecen verdaderas tramas ajenas al suave y bello viaje del balón.
Un balón que siempre acaba dictando sentencia en este fútbol de locos y que en el duelo rosarino plasmó la diferencia real existente entre un equipo y otro, entre un cuerpo técnico y otro, en cada línea, en cada metro y en cada decisión. Decisiones erradas, decisiones cantadas, falta de poder de decisión, desorden y falta de liderazgo ante todo lo contrario, ante un equipo sólido, quizás no espectacular, alejado de la excelencia del añorado estilo de fútbol samba, pero ordenado y solidario en defensa e imaginativo y aplastante en ataque, bajo la batuta y el liderazgo de Kaká y la contundencia de Luis Fabiano.
Cimientos frágiles de un equipo a la deriva en el que se han tomado decisiones muy desacertadas con las que se ha conseguido minimizar el trabajo de jugadores de alto nivel como Mascherano y el talento desbordante de otros como Messi, Agüero y Carlos Tevez, que no encuentran un modelo de juego, compañeros con los que asociarse y que no acaban de ejercer el liderazgo que se espera de ellos. Y posiblemente esto no sea así porque no se encuentren cómodos para ejercerlo puesto que en sus clubes más que liderazgo ejercen como elementos de diferenciación. Casi con toda seguridad al expresar está opinión este cayendo en una contradicción pues un elemento con el mero hecho de marcar la diferencia está ejerciendo una posición de liderazgo pero en este caso y en el concreto de Messi, pienso que pese a su importancia brilla en todo su esplendor cuando tiene alrededor un equipo que le hace jugar con los espacios y a la velocidad en la que ha demostrado ser el nº1.
Por todo ello creo que hay una cadena de responsabilidad que apunta desde su base a esas desafortunadas decisiones, a esa cadena de errores que no exime ni a dirigentes, ni a técnicos, ni a jugadores pero que en todo caso pone de manifiesto la pésima gestión realizada como para ofrecer tan pobre imagen con elementos de tanto nivel como los citados.
Creo y viéndolo desde afuera que no es el momento de hacer leña del árbol caído, ni de crucificar a Maradona a base de criticas que rayan el insulto personal, sino de reclamar responsabilidades y pedir una rápida rectificación. Una firme y sólida decisión de aquellos que la tomaron erróneamente y que han llevado a la albiceleste a un punto de no retorno. 
Esos puntos de no retorno que encontramos muchas veces en este fútbol de locos, que en enfrentamientos de este tipo y ocasiones como esta nos trae al recuerdo situaciones inverosímiles como aquella vivida por Branco en el Mundial italiano y nos muestra el mar de fondo y los juegos que se cuecen en una trastienda en la que posiblemente personas con mucho poder y pocos conocimientos sobre fútbol han tomado decisiones pésimas y han propiciado una concatenación de errores de difícil solución.  
Mariano Jesús Camacho.

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