unamunoLeía días atrás con atención un texto de Don Pedro Escartín –no se puede saber más de fútbol-  en el que recordaba aquel año de 1928 que marcó el comienzo del Campeonato Nacional de la Liga española con el Barcelona como primer campeón, un texto en el que tropecé con una cita reflexiva de Miguel de Unamuno sobre el fútbol con la que Don Pedro cerraba brillantemente su columna.

Una cita de hace ya más de ochenta años, de los albores del football en España, de aquella época en la que un pétreo y pesado objeto de caucho y cuero de escasa esfericidad mareaba jugadores dispuestos sobre el terreno de juego en sistema piramidal. Un football muy distinto al actual, tanto en los elementos y los protagonistas como en el estilo pero con un punto común que ha llegado hasta nuestros días. Un elemento social que Don Miguel no tardó en identificar en la joven e insolente irrupción de este por entonces juego inglés que comenzaba a inquietar los sólidos cimientos de la tauromaquia española.

La cita rezaba así:

“El público ha respondido y en finales de década es cuando Don Miguel Unamuno, asustado por incidentes en los campos, vaticina que con el tiempo el fútbol enfrentaría personas, clubes y aún ciudades”.

Sabias palabras de Don Miguel de Unamuno que nunca fue un simpático personaje, más bien todo lo contrario, lo suyo era ser brillante en las turbulentas aguas de la antipatía, como decía Umbral ser provinciano en Madrid, genial en Salamanca y destacado pensador no convencional, lleno de ideas y contraideas. Figura intelectual de primera línea, un ensayista que se convirtió en el primer filósofo español y que como tal nos dejó reflexiones e ideas sobre varios aspectos de la sociedad española de aquella época coetánea de la generación del 98, de la que fue guía.

Como tal y pese a su posición crítica para con el football –no para con el juego- me resulta tan valiosa y certera en algunos de sus puntos la opinión de este pensador español, que reproduzco en estas líneas extraídas de una columna del 23 de marzo de 1924.

“¡El deporte de ver jugar, claro! y no el de jugar. Porque hay ya el «aficionado» footbalístico, que no da patadas al pelotón, pero acaba por convertir en un pelotón su cabeza en fuerza de discutir jugadas y jugadores. Y el daño mayor que está haciendo el football entre los chicos no es en el cuerpo, sino en la inteligencia. El público de los partidos de pelotón es aquí el mismo que el de las corridas de toros y no más culto. Se reproducen espectáculos tan vergonzosos como aquéllos de quemar los tendidos de una plaza. Y aun hay algo peor. En las corridas no se oía esto de « ¡Muera Villavieja!» y « ¡Muera Villanueva!» y el que se vengan a las manos los del uno y el otro pueblo. «Una manifestación de nuestra siempre latente guerra civil» -se dirá. ¡Ójala! ¡Ójala fuera así!

Pero no hay nada de eso; no es una manifestación de nuestra guerra civil, la de nuestras tradicionales contiendas civiles, sino de esa otra lucha incivil, bárbara prehistórica, de unos lugarejos contra otros, una manifestación del más triste localismo. Porque los equipos no se dividen -y es natural que así sea- en equipos liberales y absolutistas, republicanos, reaccionarios, constitucionalistas o absolutistas, republicanos y monárquicos. Y en los equipos entran ya profesionales a sueldo. Hubo un tiempo en que pululaban lo que se llamaba las juventudes: juventud maurista, juventud socialista, juventud radical, juventud carlista… etc., etc. Y personas graves -pero no con gravedad de juicio- protestaban contra ello.

«Los estudiantes deben dedicarse a estudiar» decían, sin advertir que era en esas juventudes donde estudiaban ciudadanía, donde se preparaban a ser ciudadanos de la Nación y no súbditos del Reino. Aquellos juveniles han ido languideciendo y ello ha coincidido con esta triste languidez última del espíritu civil público que ha permitido la jugada del equipo de generales que tomó a España por estadio a mediados de septiembre último. Y empezamos a ver que se está jugando al balón con la corona. Lo que tendría poca importancia si no fuese porque un pacífico espectador se expone a que le rompan la espinilla de una patada. Y luego viene esa manía del campeonato.

Y si al menos tuviésemos un Píndaro que cantase a los grandes jugadores como el gran Lírico Beocio cantó a los vencedores de los juegos Olímpicos, píticos, neméos o ístmicos, nos quedarían al menos esos cantos. Pero la literatura que el football provoca es tan ramplona como la que provocaban las corridas de toros (…).

« ¡Pan y toros!» -era la divisa de los que querían tener al pueblo en perpetuo troglodismo, en barbarie infantil. Y no hay mucha diferencia de esta divisa a esta otra: « ¡Pan y pelotón!». O a aquella otra de « ¡Pan y catecismo!». Sería mucho mejor decir « ¡Pasto y deporte!». Porque deporte no es precisamente juego. (…) El juego es algo muy serio; el deporte no. Y lo que con vocablo inglés llamamos un «sportsman», un deportista, suele ser un señorito frívolo que no siente la pasión, la noble pasión del juego de la vida”.

Interesante y aún vigente columna de opinión en la que Don Miguel habla del fútbol en un tono muy crítico pero en su base sabias palabras sobre las que todos –yo incluido- deberíamos reflexionar para acercar este deporte al juego de la vida. Especialmente enriquecedoras las palabras que dedica al atávico localismo que poblaba las graderías de aquel football, un localismo en su base hoy utilizado y degradado por grupos de incontrolados que disfrazan sus frustraciones con el insulto, la violencia y caducas banderas políticas con las que demuestran su nulo conocimiento y rigor histórico. Para mí lo que más nos aleja del juego y lo que más nos acerca a esa barbarie infantil de la que hablaba Don Miguel…

Fuentes:

60 Años de Campeonato Nacional de Liga. UNIVERSO EDITORIAL S.A.

Firma invitada Pedro Escartin. “En 1928 nace el torneo de Liga y el Barcelona queda campeón”.

http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/14807/Unamuno_en_el_Prado

http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1924_5.html

http://personal.telefonica.terra.es/web/apuntesasr/JoseCarlosCarrillo/LitJCCCarGen98.htm

Mariano Jesús Camacho.