tap5Mi afición por el fútbol en general y el histórico en particular me viene desde pequeño, cuando contemplaba absorto desde el sofá de mi casa sin levantar un palmo del suelo a mis hermanos echando un partido de tapones en una ficticia cancha de losas de terrazo, un terreno de juego en el que dos porterías fabricadas con retales de madera y redes de bolsas de papas evocaban el mágico escenario que a muchos de nosotros nos ha acompañado en nuestra infancia. Aquel peculiar estadio de rebosantes e imaginarias gradas y ese esférico abotonado que hacía las veces de balón eran capaces de cobrar vida en nuestro vuelo imaginativo mientras otro de nosotros relataba y entonaba con la misma intensidad que puso Víctor Hugo Morales en el gol de Maradona, las acciones que se iban produciendo sobre el duro terrazo. Un terreno de juego poblado por 22 protagonistas recortados circularmente de aquellos cromos que tanto nos ilusionaron y acompañaron en aquellos maravillosos años. Tapones, descorchados y rellenos de cera que mostraban su genialidad y condición de estrella gracias al tino en el golpeo y a la precisión de unos afilados pies que elevaban el esférico a un ángulo de una portería defendida por un guardameta con cuerpo de caja de cerillas. ¿Histeria colectiva, locura? No, pura imaginación, pasión, fútbol…

Viejos cromos

Viejos cromos

Unos años en los que mi hermano me hablaba de un tal Cruyff, un tipo holandés al que él idolatraba y que representó para él lo que Maradona para mí con el paso de los años. 
Luego aquellos partidos en los que al fútbol se jugaba con las manos los llevamos al barrio, a la calle, donde ya con pelotas de trapo o aquel balón que siempre llevaba aquel niño acomodado, evocábamos a nuestros ídolos hasta que los focos naturales hacían sonar el pitído final.

Así comenzó esta historia, una historia en la que un bohemio salvadoreño llamado Jorge ‘Mágico’ González acabó por engancharme definitivamente. Una cosa trajo a la otra y mi afición fue creciendo entre Trofeos Carranza y ascensos y descensos de un equipo amarillo y azul que me trajo y me sigue trayendo por la calle de la amargura.

Por todo ello me divierte tanto expresar y compartir desde este punto de encuentro mi visión personal del fútbol. Gracias a ello he gozado leyendo y escribiendo historias sobre un deporte que en definitiva no hace otra cosa que retrotraernos a nuestra infancia cada fin de semana.

Eduardo Sacheri

Eduardo Sacheri

En mi búsqueda diaria por una nueva historia he podido conocer muchos personajes y gracias a la colaboración de amigos como Jorge Clarotti descubrí el trabajo de Eduardo Sacheri y Alejandro Apo.
He de reconocer que pese a que sigo con mucho interés el fútbol sudamericano y argentino en particular, estos dos personajes se me habían escapado. Uno el trovador, que desde su espacio radial en Radio Continental llamado “Todo con Afecto”, hace cobrar vida con maestría las genialidades literarias del Negro Fontanarrosa, el otro digno sucesor del maestro R.Fontanarrosa, un escritor que juega al fútbol con sus manos y plasma su gambeteo literario en forma de cuentos.

En definitiva y para que conozcáis un poco más de esta historia os dejo el prólogo del libro de Sacheri “Esperándolo a Tito” en el que Alejandro Apo resume a la perfección la irrupción de este genial futbolista literario que quiere ser recordado como tal pero que también debe ser reconocido como extraordinario escritor.

Por Alejandro Apo
La primera vez que Eduardo Sacheri me escribió a Todo con afecto, me envió “modestamente” tres cuentos: “Me van a tener que disculpar”, esa genial justificación de Maradona en la que habla del jugador sin nombrarlo; “Esperándolo a Tito” y “De chilena”.
Por aquellos días, fines de 1996, yo cumplía a rajatabla con el precepto de leer los cuentos al aire sin haberlo hecho antes. Al leer “Me van a tener que disculpar”, de inmediato me identifiqué con la voz del autor, con la historia que contaba y con sus pasiones, que eran las mías. Lo mismo sintieron los oyentes, porque comenzaron a comunicarse desde todos los rincones del país preguntándome dónde estaba incluido el relato o como lo podían conseguir.
La lectura de “Esperándolo a Tito”, una magnífica idealización de la amistad, generó las mismas reacciones entusiastas que el anterior. Mientras que con “De chilena” me pasó lo que nunca me había sucedido frente a un micrófono: en medio de la lectura me quebré y la emoción me pudo sin que hubiera modo de disimularlo.
Al tiempo, y en mérito a sus virtudes, ascendí a Sacheri a la primera. Esto es: a la apertura del programa, un espacio que considero de privilegio y en el cual sus relatos se alternan con los de un equipo de notables integrado por Osvaldo Soriano, Julio Cortazar, Mario Benedetti, Jorge Luis Borges y Roberto Fontanarrosa, entre otros elegidos.

Fuentes:
Prólogo a “Esperándolo a Tito” de Eduardo Sacheri.
Mariano J.Camacho.