morlock0A orillas de río Pegnitz nace una ciudad rebosante de canales y puentes marcados por cicatrices de cruentas guerras, una ciudad con mucha historia y un protagonismo crucial en la historia de Alemania. Depositaria de los tesoros del Imperio Germano en la Edad Media -su época más floreciente-, resurgió en numerosas ocasiones de sus cenizas y logró recomponerse del estigma del nazismo. Sobre sus calles una fecha grabada en el calendario: 20 de noviembre de 1945, cuando aquella ciudad elegida por Hitler para celebrar los Congresos del partido nacionalsocialista, borró su estigma al convertirse en epicentro de los juicios contra aquellos que habían cometido innumerables crímenes de guerra y contra la humanidad.
Su nombre Nuremberg y aquel histórico proceso la primera piedra en pos de la lucha por los derechos humanos.


Capital alemana de la Navidad al pasear por sus calles y su popular mercado de Christkindlesmarkt (del Niño Jesús) creeremos ser personaje de un cuento. Sus pequeñas calles cubiertas de nieve, las guirnaldas y las luces nos acogerán y acabaran por atraparnos gracias el atrayente aroma de las almendras tostadas y el pan de jengibre.
morlock3Embriagados por aquel aroma descubriremos las legendarias historias de sus gentes y sus ciudadanos ilustres. Dioses y semidioses que pululan por la gélida noche y atraviesan los corazones y el recuerdo de sus gentes. Dioses como Max Morlock, un  delantero o medio ofensivo de leyenda dotado de una gran capacidad para el remate y llegada a goll Un futbolista al que su mágica inspiración le llevaba a convertir en oro todo lo que le llegaba en las inmediaciones del área.
Una historia que se inició en las pequeñas habitaciones de su casa en Nuremberg, donde junto a sus hermanos y hermanas comenzó a dar patadas a objetos semiesféricos, pero una historia que creció de forma exponencial cuando visitó por primera vez el Frankenstadion –su estadio- de la mano de su padre, en aquel instante decidió que algún día tenía que jugar allí como futbolista profesional. Así comenzó la carrera de Max, indisolublemente ligada al FC. Nuremberg, club en el que debutó con solo 16 años, allá por 1940, y al que permaneció fiel por espacio casi de 23 años. Por ello nombrar a Max Morlock en la ciudad de la Navidad es hablar de la más indiscutible y legendaria figura del club de Nuremberg.
Su leyenda ligada al nº13 puesto que aunque recordar a un futbolista alemán con el nº13 a su espalda suponga recordar el nombre de Gerd Müller y actualmente el de Ballack, el primer futbolista alemán que hizo historia con ese número fue Max Morlock. Precisamente el mítico bombardero alemán Gerd Müller llevó el nº13 en honor del que fue su gran ídolo: Max Morlock.
Y allí con la camiseta del FC Nuremberg conquistó 2 Campeonatos de la liga alemana y la Copa de Alemania en 1962. Estrella también de la selección alemana en el Mundial de Suiza de 1954, uno de los grandes artífices de aquel ‘Milagro de Berna’, máximo anotador de aquella mítica selección alemana con seis goles. Un futbolista que formó junto a Helmut Rahn una de las delanteras más efectivas de todos los tiempos. Una efectividad que quedó de manifiesto en la apoteósica final del Mundial ante Hungría, en la que ambos jugaron un papel crucial. Un extraordinario papel que no pasó desapercibido para nadie y provocó el interés de numerosos equipos europeos que chocaron frontalmente con la fidelidad de Morlock al conjunto de su ciudad natal.
Una fidelidad que mantuvo hasta 1964, cuando al filo de los 39 años colgó las botas definitivamente cerrando así una carrera deportiva en la que dejó para la historia sus 700 goles en más de 900 partidos como profesional con el FC Nuremberg.

Finalmente falleció el 10 de septiembre de 1994, a los 69 años y víctima del cáncer. Un año más tarde, en 1995, el FC Nuremberg y la ciudad bautizaron la plaza situada frente al Franken- Stadion con el nombre de “Max- Morlock- Platz”. Cerca de allí y tras la Curva-Norte hay erigida una estatua en su honor, una estatua obra de Edgar Hahn Herschaid en la que el escultor representó al irrepetible goleador alemán elevando al cielo el trofeo de Campeón de Liga en 1961. Una escena tomada de una histórica instantánea de la Liga alemana, una obra en bronce financiada por los hinchas del Nuremberg y en la que en su pedestal se puede leer. “Donada por los aficionados del Nuremberg”.
Como dijo en su día Siegfried Schneider, vicepresidente del club: “Una gran obra para la historia del  Nuremberg y sus generaciones más jóvenes”.

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Fotos:
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Mariano Jesús Camacho.