amontesEl pasado viernes 16 de octubre nos dijo adiós con una de esas noticias que nos caen de golpe y nos deja varios segundos sin reaccionar, una de esas noticias que nos hace reafirmarnos en la idea de que la vida puede ser tan maravillosa e intensa como jodida y corta. Quizás por ello cobre ahora tanto sentido aquellas palabras de este comunicador que nos enseñó una manera personal, intransferible y jovial de contarnos la historia de un partido de basket, de fútbol. Y es que no podía tener más razón este peculiar calvo de pajaritas, gafas y trajes llamativos cuando decía que la vida puede ser maravillosa y precisamente por ello hay que vivirla y contarla intensamente, justo como él hacía.


La vida nos enseña una vez más que aunque en ocasiones tengamos la sensación de que los instantes, las situaciones, las personas y las vivencias son eternas no podemos olvidar que todo tiene su inicio y su fin, una circunstancia que este comunicador conocía a la perfección y que conseguía hacernos olvidar con su estilo personal de contar el deporte, de vivirlo intensamente, desenfadadamente.
Un profesional con un estilo peculiar que generó a su alrededor una legión de seguidores y también un buen número de detractores pero ante todo un tipo que nunca te dejaba indiferente y que bajo mi punto de vista te contaba una historia divertida y te montaba un atractivo show de un deporte que con su voz se convertía en un espectáculo deportivo independientemente de la calidad del mismo.
Trabajó en Radio Cadena Española, Cadena COPE, en Antena 3 Radio, Radio Voz, Canal + y La Sexta, comunicador y relator empedernido lo suyo era el baloncesto, donde junto a Antonio Daimiel formó una inolvidable pareja periodística en Canal +.
Ambos nos contaron el basket como nunca, a golpe de “Ra-ta-ta-ta-ta”, a golpe de ¡¡Jugón!!, con sabor gallego, son cubano y quizás la vieja escuela de relatores deportivos como Héctor del Mar.
Y quizás por ello cuando la Sexta le eligió para contarnos el basket y el fútbol sentimos una gran atracción por escuchar sus aciertos en el basket y sus errores en el fútbol pero por encima de todo escuchar su voz, su tono, su ritmo, su vivacidad, sus ocurrencias, sus comentarios. En ese preciso momento nos importaba poco que dijera que la llevaba Ronaldinho cuando la llevaba Iniesta pues lo verdaderamente importante era la intención. Esos motes que rescató de la vieja audioteca, como cuando a Puyol le decía Tarzán recordando el apodo con el que Héctor del Mar bautizo a Migueli, esos latiguillos con los que nos hacía la vida más feliz y nos transmitía buenas sensaciones.

Aquel estilo que hizo enganchar a la gente joven que disfrutaba con sus expresiones su “Tiqui-taca”, “Jugón”, “¿Donde están las llaves Salinas?”, “Fútbol con fatatas”, “Tócala otra vez Sam”, “Capitán Narváez”….
Y es que aunque hoy sea o tengamos un día triste en todo momento debemos intentar transmitir a la gente que nos rodea felicidad, entusiasmo y alegría, para hacer la vida más fácil a nosotros mismos y a los demás, precisamente lo que Andrés Montes hacía en cada transmisión, demostrarnos que “La vida puede ser maravillosa”, la frase con la que se nos mostró y con la que nos dijo definitivamente adiós tras ver cumplido su último gran sueño: contar la medalla de oro en un Campeonato mundial para el baloncesto español.

Mariano Jesús Camacho.