"La Huguinha"La mítica chilena, rovesciatta, bicicleta, chorera o chalaca es una acción espectacular y sorprendente con la que un delantero recurre a un remate acrobático ante la imposibilidad de impactar el balón con la cabeza al encontrarse de espaldas a la portería y con el esférico en una posición elevada. Para ello el futbolista en cuestión efectúa lo que podríamos definir como un mortal hacia atrás en el que impacta con el balón a través de una complicada tijera con la que se golpea al mismo con la potencia y precisión necesaria como para sorprender a un portero que habitualmente no puede hacer nada si el esférico va entre los tres palos. Una acción bastante complicada de efectuar en tiempo real y con defensas presionando, por ello para mí una acción brillante y solo al alcance de los elegidos.
unzagaPocos elegidos recurren a ella pues su complicada ejecución se basa en unas condiciones atléticas sobresalientes, precisión de cirujano, rapidez de ejecución e improvisación y sobretodo mucha inventiva. Inventiva surgida de la creatividad de un vasco llamado Ramón Unzaga Asla que se formó como futbolista y desarrolló su carrera deportiva en Chile, en la Escuela Chorera y en las filas de Estrella del Mar de Talcahuano. Y allí en el histórico escenario de “El Morro de Talcahuano” -testigo de la inventiva y las hazañas de este jugador- forjó su leyenda. Un futbolista dotado de unas condiciones atléticas sobresalientes y una creatividad tan especial como para inventar e innovar en el arte del remate a gol. Como muy bien dice el periodista chileno Eduardo Bustos Alister –que ha investigado de forma brillante y concienzuda sobre el origen de esta bella acción- “un hermoso verso que Unzaga legó al Universo”.

El verso plástico de Unzaga, aquel que Leónidas interpretó, ese mismo que vimos recitar en el aire a David Arellano, a Pelé, a Van Basten, a Rivaldo y entre otros muchos a un mexicano llamado Hugo Sánchez Márquez, para mí el mejor ejecutor de la citada acción. El que le puso música a ese verso universal en una tarde en el Ramón de Carranza ante mi equipo –el Cádiz-, un golazo de bandera del que fui testigo directo, y que en otra mágica tarde elevó a categoría de obra maestra en el Bernabéu en un partido de Liga ante el Logroñés, una ejecución sublime, viendo llegar el balón y marcando los tiempos de forma magistral. Haciendo uno de sus habituales desmarques con los que siempre se las arreglaba para recibir el esférico de cara y efectuar el remate a un toque sin dejar posibilidad a la reacción. Extraordinario delantero este mexicano que tenía tanto talento como mala leche, un ganador nato que marcó época en e fútbol mexicano y español. Leyenda de Pumas, uno de los mejores delanteros de la historia de la Liga española y del Real Madrid que ya en el Atleti dejó constancia de su dimensión goleadora.


Ese mismo al que Cappa definió con mucho acierto dándole verdadera importancia a aquellos desmarques y ese remate a un toque, llegando siempre de cara o esperando el vuelo del esférico para encontrarse con él en las alturas y hacer un homenaje a Unzaga. Aquel que tuvo a Míchel como pasador pero al que el sensacional extremo diestro del Madrid definió como el mejor delantero que jamás había visto.
Un mexicano ilustre que nunca dejó indiferente a nadie y que con su fútbol y su carácter generó tantos partidarios como detractores pero que por encima de todo nos legó todo un decálogo del arte de golear.
Por ello este pequeño recuerdo a Unzaga y a Hugo, en estos tiempos en los que la chilena nos ha vuelto a deleitar con su plástica espectacularidad en aquella acción doble efectuada en el partido de la Copa Espirito Santo brasileña disputado entre Río Branco y el Serra.

Mariano Jesús Camacho.