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Centenario

 Argentina y España celebraron en 1988 el 75 aniversario de la FEF, en idéntico duelo al de hoy vivido -21 años después- en el Calderón, donde se ha conmemorado el centenario de la Federación Española de Fútbol. Hasta donde llega mi capacidad matemática y mi capacidad de comprensión, esta es un circunstancia que entra en los limites de la paranormalidad, puesto que echando mano de los viejos cuadernos Rubio, con los que los más talluditos aprendimos a sumar, las cuentas de la vieja me dicen que la Federación cumplirá los citados cien años justo dentro de cuatro años, en 2013, cuando se cumplen cien años de su fundación, tal y como reflejaba la camiseta con la que fuimos brillantes campeones de Europa en Austria.

Por tanto y hablando de fenómenos paranormales y buscando una razón loable que atenúe mi acentuada incredulidad, la única posibilidad viable para la celebración de la citada conmemoración con cuatro años de anticipación, es que Villar & company hayan decidido adelantarla con la firme convicción de que la profecía maya de 2012 se haya cumplido y para entonces sea materialmente imposible llevarla a cabo.

Llegados a este punto y a esta conclusión no nos quedaría más remedio que acudir a Iker, -experto en estos temas- para que nos ofreciera una explicación convincente a este expediente X del fútbol español. Pero no os equivoquéis no me refiero al buen periodista de apellido Jiménez que nos acerca el misterio cada fin de semana, sino a ese otro chaval natural de Mostoles y apellidado Casillas que ha cumplido su partido nº100 con la camiseta de la selección española ante la Argentina de Maradona.

 Y es que si se ha celebrado algún centenario hoy en el estadio colchonero del Vicente Calderón ese ha sido el de Iker Casillas, un tipo grande que en un día sin mucho trabajo ha entrado en el club de los cien. Un portero ya legendario que por juventud y calidad dejará lejos la citada cifra. Perteneciente a una estirpe única de guardametas españoles que marcaron época como Zamora, Eizaguirre, Ramallets, Iribar, Arconada, Zubi… amenaza seriamente con convertirse en uno de los mejores porteros de la historia del fútbol mundial, de entrar en el selecto grupo de los Zamora, Platko, Banks, Beara, Yashine, Maier, Zoff, Iribar, Pfaff, Schumacher, Carbajal, Carrizo, Mazurkiewicz…

Su siguiente meta en el camino, lograr encumbrarse en todas las competiciones de nivel internacional, ser grande en un Mundial e intentar elevar al cielo la tan ansiada Copa Jules Rimet. Y hoy el Vicente Calderón ha sido testigo de cómo en el fútbol no existen las verdades absolutas, ni España se va a pasear, ni Argentina será eliminada antes de empezar.

El escenario madrileño ha presenciado la calidad futbolística de un equipo campeón de Europa, que ha merecido la victoria sobretodo por su superioridad en la primera mitad y que en la segunda se ha sobrepuesto a la reacción de orgullo de una campeona del mundo y a la ineptitud de un colegiado que no ha estado a la altura. Una selección española que también ha dejado apuntes de los dos nuevos filones de fútbol que llegan de las botas de Navas y Mata, que vienen a sumar a la inagotable fuente de fútbol de los Iniesta, Xavi y compañía.

Por otra parte los aficionados han sido testigos de una Argentina que ha jugado al límite, con botas de partido de verdad, sacando su orgullo, con el corazón como escudo, una presión asfixiante y con un fútbol bastante más cercano a Bilardo que a lo que es Messi y fue Maradona. Esa Argentina que con su presión asfixiante ha conseguido hacer titubear al equipo español en la segunda mitad, pero que pese a mejorar ostensiblemente en lo referente a su competitividad tiene aún mucho que trabajar en lo futbolístico.

Es más afirmaría que ambas selecciones tienen aún un duro camino por recorrer hasta llegar a esa cita histórica con la que ya sueñan, dos selecciones que han hecho un alto en el camino para rendir un merecido y digno homenaje al único personaje español centenario que podía presumir de serlo en el Vicente Calderón, Iker Casillas, que abandonó el terreno de juego del Atlético bajo una atronadora ovación.

Mariano Jesús Camacho.