En su libro “El fútbol a Sol y Sombra” el escritor Eduardo Galeano nos regala dos frases que siempre me llamaron poderosamente la atención por el calado y la profundidad social con las que define este deporte:

-“La única religión que no tiene ateos, exhibe a sus divinidades.”

-“En el fútbol, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación.”.

Dos frases que Galeano, futbolero de estudio e intelectual por devoción, remata con la siguiente sentencia:

-“El fútbol se parece a Dios en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.”
Una sabia sentencia en la que el uruguayo de forma inteligente se desliza por esa sutil línea que separa en un caso a Dios de la ciencia y en el otro al fútbol de la intelectualidad, esa delgada línea que se les escapa a todo razonamiento y que en muchos de los casos sitúa al fútbol en los límites de la marginalidad en lo que a intelectualidad se refiere. Y es en ese punto donde se produce la conexión entre este deporte y tipos geniales. Tan geniales como el “Flaco de Úbeda”, Joaquín Sabina, un trovador andaluz que lleva Madrid en su jodido corazón.
Ese punto en el que una pelota aleja de la pobreza a un chico elegido del barrio marginal, un chaval que posiblemente jamás lea un libro en su vida pero que logre que se escriban libros, canciones y miles de líneas sobre él. Aquel que convierte al mendigo en rey, en fenómeno social de masas, en algo cercano a la religión, la ritualidad y para muchos lejano a la intelectualidad.
Craso error porque el fútbol es muy humano, pura cultura social, algo ajeno a muchos intelectuales que viven colgados de la intelectualidad.
Para nada el caso de Joaquín, jamás ajeno a lo humano, mucho más que un cantante, que en su trabajo y personalidad encierra las virtudes del más intelectual y del más canalla dentro de sí. Sabina es soneto, puede ser ripio pero es poesía, y es melancolía e ironía, de la que surge la melodía.  El Genio de Úbeda, aquel que no tardó en darse de bruces con un sentimiento que jamás comprenderá ni podremos comprender, “ser del Atleti en Madrid” algo que representa la mayor irreverencia, la mayor locura y la mayor prueba de independencia y libertad.
Otra historia, otra cosa, puro fútbol, algo que canta y cuenta de forma magistral este poeta canalla en su Himno del Atleti, Y es que pese a que Sabina afirmaba en otra de sus canciones que: No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, en este caso nos encontramos y podemos gozar con las líneas que este genio creó para completar uno de los himnos más justos con la realidad y la historia de un club. Pura historia, pura realidad.

Aquí me pongo a contar
motivos de un sentimiento
que no se puede explicar.
Y eso que no doy el tipo
del hincha que rompe piernas
por defender a su quipo.

Para entender lo que pasa
hay que haber llorado dentro
del Calderón, que es mi casa.

o del Metropolitano,
donde lloraba mi abuelo
con mi papá de la mano.

Qué manera de aguantar,
qué manera de crecer,
qué manera de sentir,
qué manera de soñar,
qué manera de aprender,
qué manera de sufrir,
qué manera de palmar,
qué manera de vencer,
qué manera de vivir,

Qué manera de subir y bajar de las nubes,
¡qué viva mi Atleti de Madrid!

Ufarte, Kiko, Juninho, Ratón, Ayala, Pantic, Heredia,
Antic, Levinha, Adelardo, Toni, Simeone,
Grifa, Pereira,
Peiró, Calleja, Ovejero,
tal y tal y un tal cabeza,
Zapatones de Hortaleza,
Ben Barek y Caminero,
Paseo de los melancólicos,
Manzanares cuánto te quiero.

No me preguntes por qué
los colores rojiblancos
van con mi forma de ser.

Ni merengues ni marrones,,
a mí me gustan las rayas
canallas de los colchones.

Mira si soy colchonero
que paso por Concha Espina
como pasa un forastero.

Como los indios okupas
que acampan con sus banderas
en la ribera del Pupas.

Qué manera de aguantar,
qué manera de crecer,
qué manera de sentir,
qué manera de soñar,
qué manera de aprender,
qué manera de sufrir,
qué manera de palmar,
qué manera de vencer,
qué manera de morir,

Qué manera de jugarse en el derby la pelvis,
¡qué viva mi Atleti de Madrid!

Solozábal, Súper López, Rivilla,
Santi, Jayo, Aguilera,
Vavá, Gárate, Mendoça, Futre,
Collar, toma delantera!
Despekan el juego sucio
un par de huevos de Lucio,
gambetas de Rubén Cano,
dos tetas de gran hermano
y un principito heredero
corazoncito de colchonero.

Por la Intercontinental
pide la clase de tropa
otra Recopa en el bar.

Ni perdemos los papeles
ni cambio por mi Neptuno
tu pasarela Cibeles.

Cumpliendo cien años andas
y estás más joven que el niño
que galopa por las bandas.

Y la afición a tu lado
porque es adicta al veneno
del balón envenenado.

Qué manera de aguantar,
qué manera de crecer,
qué manera de sentir,
qué manera de soñar,
qué manera de aprender,
qué manera de sufrir,
qué manera de palmar,
qué manera de vencer,
qué manera de vivir,

Con dinero y sin dinero somos los primeros,
¡qué viva mi Atleti de Madrid!

Atlético de Aviación, que pasón,
un siglo de horas de vuelo
dos años en el retrete tras un doblete
rozando el cielo,
volando hasta la buhardilla,
llorando por los rincones,
bajando a la alcantarilla,
acariciando balones,
infartando en la ribera
del Manzanares los corazones.

Qué manera de aguantar,
qué manera de crecer,
qué manera de sentir,
qué manera de soñar,
qué manera de aprender,
qué manera de sufrir,
qué manera de palmar,
qué manera de vencer,
qué manera de morir,

Qué manera de subir y bajar de las nubes,
¡qué viva mi Atleti de Madrid!
Qué manera de viajar a la gloria gritando,
¡qué viva mi Atleti de Madrid!
Qué manera de decir cumpleaños feliz
y brindar por mi Atleti de Madrid!

La letra es de Joaquin Sabina, la música de Pancho Varona.

Mariano Jesús Camacho.