El clásico vivido el pasado domingo en el Camp Nou tuvo mucho de partido grande y mucho de reválida. De partido grande porque ambos equipos con sus armas y sus estilos fueron a por todas en el intercambio de golpes, porque el Madrid por fin encontró el camino con el que sale a relucir la letalidad de su sensacional plantilla, las bases de juego desde las que debe seguir creciendo, grande también porque el Barça se mantiene intacto y no se mueve un ápice de su propuesta futbolística, tan solo busca soluciones -jamás improvisadas- a los planteamientos anti-Barça de los técnicos rivales. 
Y mucho de reválida porque Pellegrini ha salido airoso de la situación, quizás confirmando que tiene un gran equipo para jugar de una forma determinada, con un fútbol más directo, posiblemente sin un porcentaje tan alto de posesión, achicando espacios, jugando con las líneas juntas y abriéndose a los extremos, donde puede encontrar futbolistas como Marcelo o Cristiano que arrancan muy bien desde esa posición y que deben asociarse con Kaka para surtir balones a Higuaín, Raúl o Benzema. Una reválida que en la primera mitad ha tenido color blanco y la firma de un técnico muy cuestionado, pese a haber llegado líder al Camp Nou.
Reválida también superada por el Barcelona y Pep Guardiola, que en una semana difícil ha salido de forma muy positiva de los dos duros escollos encontrados en el camino, ambos salvados tomando una serie de decisiones que le ha llevado a la victoria, primero con su alineación ante el Inter y segundo con su alineación y reacción táctica en la segunda mitad ante el Madrid.
Y es que la entrada de Ibrahimovic, bajo mi punto de vista ha cambiado el curso del partido pues su figura referencial arriba y su gol ha reducido ostensiblemente la ansiedad de un Barça que ha sufrido ante el planteamiento táctico de Pellegrini, pero que tras el gol ha comenzado a hilar su fútbol.
Luego ha llegado la expulsión de Busquets, la obligada sustitución de Cristiano Ronaldo y un periodo que curiosamente en superioridad numérica el Madrid no ha sabido manejar, todo lo contrario que el Barça, que incluso ha podido aumentar su ventaja.
De esta forma hemos vivido un clásico marcado por la intensidad, el buen juego a ratos del Barça, el trabajo táctico y los zarpazos ofensivos del Madrid.

Un partido para jugadores bandera, para la heroicidad de Puyol, que hasta en tres ocasiones ha salvado a su equipo. De instantes prodigiosos, como los protagonizados por V.Valdés e Iker, que en dos acciones de genialidad han abortado con sus pies y sus reflejos sendas ocasiones a las máximas estrellas de cada equipo. Cristiano y Messi, dos futbolistas predestinados a decidir, pero que en esta ocasión demostraron ser humanos.
En definitiva partido grande del que sale reforzado el Barcelona-que seguirá jugando como siempre- y aunque contrariado, consolidado en su puesto el técnico chileno del Madrid, que tan solo debe resolver la duda con respecto a la forma de encarar los próximos partidos, renunciando a las posesiones largas y potenciando las virtudes de su equipo o intentando nuevamente trabajar en la construcción de un equipo que base su juego en la posesión.
En todo caso ayer vimos dos grandes equipos, que posiblemente jamás jugarán de la misma forma pero que por plantilla, calidad y espíritu, deben aspirar a lo máximo de aquí a final de temporada.

Mariano Jesús Camacho.