Puede que para muchos el fútbol sueco comience en los Brolin, Ljunberg, Larsson, Dahlin, Ravelli y compañía, todos ellos grandes e históricos futbolistas de aquel país que viven el reinado de Ibra, el gran Zlatan, como puente de plata hacia una hipotética y siguiente generación que vuelva marcar época y codearse con las grandes selecciones del fútbol mundial. De momento tendrán que esperar pero la paciencia y la dedicación son los mejores medios para conseguir el citado objetivo, pues ellos se encargaron en su momento de recordar a otra generación de oro del fútbol sueco que brilló en Europa y el Mundo en tres citas anteriores, Londres 1948, Brasil 1950 y Suecia 1958.
La generación de los Nils Liedholm, Gunnar Gren, Nordhal, Kurt Hamrin, Simonsson y Nacka Skoglund. Los tres primeros componentes de uno de los primeros grandes equipos del Milan de la historia, el de los tres suecos recordados como los Gre-No-Li,  ese triplete de la muerte que hizo posible que Suecia venciera a Yugoslavia y se llevara el Oro Olímpico en Londres 1948. Aquella selección en la que un polémico extremo zurdo brilló en el Mundial del 50 de Brasil, donde Suecia acabó tercera. Y ya sin la presencia de Nordhal, la consolidación de una generación que firmó la mejor participación de un equipo sueco en un Mundial. En 1958, en el mundial disputado en su país, en el que fueron subcampeones, y como sabemos, víctimas propiciatorias de la aparición estelar de dos genios del fútbol, un diablo apodado Mané Garrincha y un jovenzuelo llamado Pelé.
Una extraordinaria selección en la que aquel extremo zurdo al que anteriormente hice alusión dejó su inconfundible firma. Su nombre Kart Lennart Skoglund, más conocido como Nacka Skoglund, del que la leyenda cuenta que lanzaba habitualmente una moneda al aire, le daba un toque suave con su bota y la introducía en el bolsillo de su camisa.
Palabras y leyendas que viajan a través del tiempo, pero que conociendo al personaje tienen bastantes visos de ser realidad pues retratan de forma certera al personaje, a su historia.
Una historia que arranca en la “Bella sobre el Agua”, la ciudad de Estocolmo, rodeada por el lago Mälaren y por el mar Báltico, otra “Venecia del Norte”, el tenso e intenso juego del color verde que cruza el mar a través de numerosos y bellos puentes que ejercen de arterias de esta bella ciudad. Puentes por los que seguro cruzó un jovencito nacido en la Nochebuena de 1929 en Södermalm, barrio e isla del centro de Estocolmo, en la calle Katarina Bangata 42, lugar en el que creció junto a su familia.
Un jovenzuelo llamado Karl y apodado Nacka, que comenzó a golpear el balón en aquella modesta casa, sita en la calle Katarina Bangata 42, viejo acerado desde el que dio el salto a su primer club, el IK Stjärnan, en 1943. Leyenda que recién comenzaba su aventura, la que acabaría por convertirle en uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol de su país.
Ese chico que subió su siguiente escalón cuando jugó su primer partido en la escuadra del Hammarby IF en 1946, con solo 16 años. Y que apenas cuatro años después –tras su exhibición en el Mundial de 1950- fue contratado por el Inter de Milan.
Y allí en Milan los tifossis neroazurros descubrieron a Karl Lennart Skoglund, un desgarbado malabarista apodado “Mazorca de maíz”, que los volvió locos a todos con su habilidad y energía inagotables.
Pero Nacka, además de fútbol llevaba dentro una historia popular, su historia, su sueño, el sueño de la buena vida. El trágico discurrir de la misma y el certero final.

El futbolista, el niño que no sabía ser perfecto y acabó sucumbiendo a los errores del hombre. Una vida marcada por el talento del artista, del genio, pero desde muy niño bañada en alcohol.
Aquel que triunfó en el Inter, club en el que fue ídolo y logró dos Campeonatos, ese genial pero menudo y desgarbado futbolista sueco que en la trastienda de la fama sucumbía al alcohol.

El admirado Nacka, que dejó el Inter en 1959 para jugar cuatro temporadas en la Sampdoria. El viejo ídolo que dilapidó su fortuna, poniendo punto final a su carrera en Italia, en Sicilia -Palermo-, al borde de la miseria.  La estrella en decadencia que regresó a su país para defender nuevamente al AIK, equipo en el que terminó su carrera en 1963.
Dicen que el comienzo definitivo de su final, trayecto en el que vivió y murió conforme a su leyenda, amado por el pueblo pero colgado de las pastillas y el alcohol. Un final que se precipitó en 1975, cuando quizás siguiendo su destino y los malos presagios, se mudó a la calle Katarina Bangata 42, la casa en la que nació y a la que fue a morir una tarde de julio, en la que sintió aquella daga fría que atravesó su corazón en las escaleras de la casa en la que todo comenzó.
Katarina Bangata 42, la calle en la que Estocolmo y Suecia quisieron recordar al ídolo, al hombre, a su historia popular con una bonita escultura monumental. Una extraordinaria obra con la que quedé impresionado, porque su autor -el escultor Nils Olov Olle Adrin– consiguió firmar una de las más bellas obras dedicadas a este deporte.
El juego de las formas, la figura que se sale del papel, de aquella crónica que le define como virtuoso de un juego que compartió con nombres como Di Stéfano, Puskas, Matthews, Gren o Pelé.
Su figura, la del genial extremo zurdo sueco, un artista, un número diez que vivió la vida como quiso, polémico pero genial. El pequeño “Nacka”, ahí su calle, el balón, que atraviesa la acera para colarse por la escuadra imaginaria de su barrio.
La historia de su vida…


Fuentes:
http://sv.wikipedia.org/wiki/Lennart_Skoglund
http://www.historiskamedia.se/o.o.i.s?id=51&vid=529
http://www.aftonbladet.se/sportbladet/fotbollsbladet/article298933.ab
Fotos:
http://www.flickr.com/search/?q=nacka+skoglund

http://sv.wikipedia.org/wiki/Fil:Nackastatyn_01_2006-04-11.jpg
Mariano Jesús Camacho.