El diccionario de la RAE define la palabra forofo de la siguiente manera: Fanático, seguidor apasionado, especialmente referido a los deportes.
Lo que se suele denominar en toda regla como hincha de un equipo, el elemento esencial de la pasión que rodea al deporte, el aficionado fiel. Aquel que aporta la salsa en este caso al fútbol, en mi opinión un personaje necesario que necesita a su vez del vecino o rival para imponerse en sus pequeñas batallas dialécticas semanales. Pero ojo un personaje tras el que se suelen cobijar otros individuos marginales y radicales que aprovechan el escenario, la disyuntiva y los colores representativos de un pueblo o una ciudad, para delinquir, agredir y manipular en un espectáculo deportivo con mucha carga social e histórica que en el fondo no es otra cosa que un juego de pasiones.
Siempre respetaré al primer personaje citado, al buen aficionado, el que siente sus colores y es capaz de mantener una divertida y respetuosa disputa dialéctica con su máximo rival, ese que no irá más allá.
Para ellos todo mi cariño y admiración y por ellos esta pequeña reflexión sobre la prensa deportiva española.
Partiendo de la base de la admiración que profeso a la profesión periodística -de la cual siempre aprendo y disfruto desde mi profanidad en la materia-, me gustaría expresar mi tristeza al comprobar la prácticamente nula objetividad con la que se afrontan las crónicas y las noticias desde la prensa deportiva de Madrid o Barcelona.
De un tiempo a esta parte profesionales del sector de gran peso y talento de ambos enclaves periodísticos a los que leía con sincera admiración, han perdido su rigor a causa de influencias externas e intereses económicos por los que se han vendido al mercado perdiendo por completo su objetividad.  
Me parece bien que cada uno y a nivel personal tenga una historia, una afición o un recuerdo al que se sienta más cercano y por tanto vinculado sentimentalmente a un club o una ciudad, pero en el ejercicio periodístico deportivo, para mí, la objetividad es una valiosísima virtud.
Considero muy peligrosa y poco ética la existencia de una redacción dirigida y elaborada con la intención de escribir crónicas o artículos que contenten y en muchas ocasiones enciendan al aficionado, pues entre aquella gran masa pululan ese tipo de personajes ya citados que manipulan y malinterpretan el mensaje enviado. Y es que aunque este mensaje vaya dirigido hacia un arco geográfico o social de población, en mi opinión debe guardar la mayor objetividad posible.
Mal endémico este, que por desgracia afecta a demasiados personajes vinculados al fútbol, empezando por muchos presidentes de clubes, que utilizan este deporte para fines políticos o promoción personal.
Sin duda buen negocio, pero mal enseñanza para esta triste historia de siempre en la que afortunadamente y desde que todo comenzó, siempre surgió ese rayo de luz que me invitaba a seguir creyendo.
Creyendo en periodistas como Orfeo Suárez –que también y como casi todos, sucumbió en alguna ocasión a la guerra de intereses-, en sus entrevistas, la culminación en forma de libro de un trabajo bien hecho, desde la libertad y ofreciendo al futbolista la posibilidad de hablar de lo que realmente le gusta: de fútbol.
Y es en este punto donde os recomiendo su última publicación: “Hablamos de fútbol”, una compilación de entrevistas rescatadas de “EL MUNDO” y apoyada por UNICEF y la Fundación You First, cuyas ganancias serán destinadas por completo al proyecto Schools for África.
Una obra en la que los verdaderos protagonistas de esta historia, los jugadores, nos dan una lección de compañerismo y deportividad. Resulta edificante por ejemplo, comprobar como recuerda Don Alfredo Di Stéfano a Kubala, gran amigo, pero máximo rival. Aún más lo es leer a Xavi hablar de fútbol, de su admiración por Guti, de su inquebrantable amistad con Iker. De las palabras que Raúl dedica a Pep Guardiola, del marcado y cariñoso recuerdo que Fernando Torres aún mantiene sobre los consejos de Raúl. Del imborrable recuerdo que guardan nuestros internacionales sobre la grandeza de Luis, ese viejo sabio que maneja como solo él sabe, los también viejos códigos del fútbol.
Aquellos que como muy bien dicen los profesionales se están perdiendo, esos que marcan que en la cancha -dentro de los límites de la legalidad y deportividad- hay que ser mejor que el rival y en la grada ganar el duelo de rivalidad, pero que al salir de ella todo debe quedar en la divertida y esperada disputa dialéctica que nos hace feliz semana sí y semana no. 
Como os digo magnífica y edificante publicación que os recomiendo, porque en ella descubriréis que primero son persona y luego futbolistas, por lo que se puede ser amigo, se puede ser objetivo y se puede ser rival. Porque los grandes del fútbol, aquellos a los que muchos de nosotros admiramos, jamás cruzarán límites que muchos están acostumbrados a sobrepasar.
Ellos solo hablan de fútbol, personas a las que un deporte, un juego, un espectáculo, en un momento de sus vidas les unió y en otros le separó, pero que jamás les enfrentó.    

 http://www.unicef.es/contenidos/1039/index.htm?idtemplate=1
Mariano Jesús Camacho.