Yo sé que voy amarte
por toda mi vida yo voy amarte
en cada despedida yo voy amarte
desesperadamente
yo sé que voy amarte
Primeros versos de una bossa nova universal que me sirven para recordar a un artista brasileño también universal llamado Vinicius de Moraes, músico excelso, poeta, periodista, diplomático… y bohemio de nacimiento.

Poeta nacido en Río, que como buen carioca tenía conciencia de que ser de allí, aún en el caso de no frecuentar los estadios, no leer la prensa, o no oír las transmisiones de radio, te convertía automáticamente en torcedor.
Por ello cuando le preguntaron por el fútbol y el equipo de su infancia, no dudó un solo instante y contestó de la siguiente forma:

– “Botafogo. No se trata de una pasión, sino una seña de identidad para la ciudadanía”


Nacer en Río, entre otras muchas cosas significa elegir y torcer por un equipo de fútbol, ese que te aportará una seña de identidad que te acompañará para toda la vida, desde tu infancia hasta el último de tus días.
Y Vinicius eligió y lo hizo bien, porque allí encontró una de las fuentes de inspiración para la musicalidad eterna de sus sonetos, de su poesía. Para su voz tardía, para la conexión artística con Antonio Carlos Jobim, para la unión, dependencia y complicidad con otro genio de la música llamado Antonio Pecci Filho, Toquinho.
Y es que aunque Vinicius convirtiera en bossa nova inmortal y se prendara junto a su genial amigo Jobim de una garota que pasaba casi a diario por el legendario bar Veloso -hoy “La Garota de Ipanema”– con rumbo a la playa, los colores alvinegros de Botafogo le mostraron a un ángel negro que acabó convirtiendo en soneto.

El ángel de las piernas tuertas

Anjo de pernas tortas.

A un pase de Didí, Garrincha avanza

con el cuero a los pies, el ojo atento,
dribla una vez, y dos, luego descansa
cual si midiera el riesgo del momento.

Tiene el presentimiento, y va y se lanza
más rápido que el propio pensamiento,
dribla dos veces más, la bola danza
feliz entre sus pies, ¡los pies del viento!

En éxtasis, la multitud contrita,
en un acto de muerte se alza y grita
Su unísono canto de esperanza.

Garrincha, el ángel, oye y asiente: ¡goooool!
Es pura imagen: una G que chuta una O
dentro de la meta, la L. ¡Es pura danza!”.

La genial composición poética de un tipo bohemio, que en 1970 y en un bar de Buenos Aires compuso una samba de dos compases pero genial. Una canción en la que Vinicius hizo homenaje a la belleza y contundencia de una selección que nos mostró la esencia, el verdadero estilo, la filosofía y la historia del fútbol de su país.

Mariano Jesús Camacho.

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