Puede que algunos hubieran preferido un encuentro fácil, una goleada que confirmara la aplastante superioridad de un equipo creado para hacer historia, marcar época, pero dicen que los triunfos más sufridos son los más queridos y lo sucedido este ya histórico 19 de diciembre de 2009 en el estadio Zyed Sports City de Abu Dabi, es el mejor ejemplo de ello.

Un triunfo que escenifica a la perfección lo vivido por el Barça en este año mágico, reflejo en 120 minutos del esfuerzo, el trabajo y la capacidad de superación de una gran plantilla comandada por un loco del fútbol que trabaja y vive el fútbol 24 horas al día. Aquel del que cuentan que cuando duerme, viaja oníricamente y sueña con que aún sigue portando esa camisa nº4, con la que fue grande y todo comenzó.

Un partido en el que los ‘pincha’ se lo pusieron muy difícil a los cules, en el que Estudiantes golpeó primero en casi la única ocasión de la que dispuso, y luego hizo su partido, quizás cediendo demasiado a los azulgranas pero poniendo contra las cuerdas al Barça. Un encuentro en el que como escuché a un relator argentino en aquel minuto 37 -cuando Boselli hizo el primer gol- once muchachos argentinos fueron ganándole a la Play Station y estuvieron a punto de demostrar que los sueños existen y pueden hacerse realidad.

Ese mismo partido en el que el Barça tras una discreta primera mitad en la que Estudiantes manejó bien el partido, apretó el acelerador en la segunda y con las variaciones efectuadas por su entrenador encontró el camino hacia la leyenda. Como siempre un camino comenzado y trazado desde La Masía, con Jeffren abriendo el campo y rompiendo a Clemente Rodríguez y con la demoledora aparición de Pedro. Un futbolista que como dice su entrenador es la ejemplificación del trabajo, la evolución, la velocidad, la valentía y la claridad en los metros finales. Aquel chaval que dejó en el camino un sustantivo propio diminutivo -que hacia justicia con su baja estatura-, para entrar en la leyenda con sustantivos aumentativos que hicieron justicia con su grandeza como jugador.

Minuto 89 y escenificación de todo lo comentado con anterioridad, balón en el aire con un partido agonizante que rescata de cabeza un central azulgrana que lo convierte en pase de gol para un chaval predestinado a entrar en la historia desde sus 1,69 metros de estatura. Irrupción y testarazo del pequeño gran Pedro a la red y genial comentario del relator argentino que despierta del sueño con la siguiente frase:

“Siempre tiene que haber un gol de este Pedro”.

Locura azulgrana y tremendo mazazo para Estudiantes, que quedó a un paso de hacer realidad su sueño, pero un gol que hizo justicia con el juego desplegado por ambos en la segunda mitad. Dos estilos contrapuestos que juegan sus mejores bazas y acaban firmando unas tablas que dan paso a la prorroga final, en la que el Barça, más entero, impone su superioridad.

Una superioridad escenificada en la jugada del minuto 110, en la que una vez más un centro excepcional de Dani Alves –el futbolista de las once finales ganadas- es rematado con el corazón y el escudo por Lionel Messi, que entrando como un avión desde la segunda línea hace al Barça hexacampeón y demuestra una vez más porque está catalogado como mejor futbolista del mundo.

El gol que cierra el partido y una temporada de ensueño, en la que Pep y sus chicos han hecho historia. La noche en la que el círculo se cerró sobre la zona central del terreno de juego, donde Pep Guardiola rompía a llorar siendo ya totalmente consciente de lo conseguido y recordando aquellas oportunidades en las que no pudo ser.

Impactantes imágenes de un hombre roto de felicidad, de un futbolista de leyenda y un entrenador que en su primer año en el fútbol profesional entra para siempre en ella.

Un hito histórico que nadie ha conseguido, que se podrá igualar pero nunca superar, con una propuesta futbolística muy sólida y atractiva, pero también con mucha carga de trabajo.

Estrellas que trabajan para todos y chavales de cantera que brillan tanto o más que ellas, gracias al trabajo y la valentía de su entrenador. Para mí figura esencial de este “Barça de las seis copas”, heredero y continuador de una filosofía futbolística que con su trabajo y personalidad experimentó una nueva evolución.

En definitiva histórica final, la de los sueños rotos y cumplidos, la de aquellos intensos segundos en los que toda una vida pasó por delante de los ojos de un entrenador.

Mariano Jesús Camacho.