El estadio San Siro o Giuseppe Meazza no ejerce únicamente como escenario habitual para dos de los mejores equipos de la historia del fútbol, tampoco reduce su existencia a tardes de domingo en las que tifosis de ambos conjuntos hacen cobrar vida rojos ardientes y azules profundos sobre negro y el cielo milanés. Cuentan que cuando sus gradas muestran la desnudez de su cemento, cuando quedan vacías y el césped pasa a ser la verde acerada de la Vía Piccolomini nº 5, un viejo mapa nos conduce a las puertas de un estadio que guarda en su interior uno de los mayores tesoros de la historia del calcio.
Aquel que contiene más de 3000 objetos sobre la historia de dos de los grandes de Italia, museo del deporte que nos transporta a través del recuerdo a momentos grabados en la memoria histórica de aficiones rossoneras y neroazurras.
Un apasionante viaje por un camino histórico en el que nos iremos encontrando con recuerdos gráficos, camisetas legendarias, trofeos e instantes eternos vividos por grandes equipos y personajes que marcaron época en Milán. Un recorrido especial en el que entrando por la puerta 21 nos toparemos con  24 estatuas de tamaño real, que representan los mayores jugadores del Football Club Internazionale Milano y el Associazione Calcio Milan de todos los tiempos.
Sin duda un área especial, donde nos sobrecogerán eternos recuerdos y emociones, donde la triestina mirada de Nereo Rocco, nos dará lecciones de catenaccio y a su vez nos expresará su admiración por ese personaje que se sitúa cerca de él, Gianni Rivera, íntimamente ligado a sus éxitos pero esencia de la magia, de otro fútbol.

Allá donde a pocos metros Gullit, Franco Baresi, Van Basten y Rijkaard nos recordaran al Milan y la zona de Sacchi. Ese mismo lugar en el que padre e hijo unen generaciones legendarias a través del apellido Maldini, donde también otro viejo sabio llamado Nils Liedholm nos enseñará como ser líder del Gre-No-Li, como se juega al fútbol con elegancia y como se trasmiten esas enseñanzas siendo entrenador.
Una especie de bucle temporal en el que los neroazurros nos reciben en su rincón de eternidad con un joven de menuda estatura pero vivos ojos que nos demostrará porqué fue uno de los ‘calciatoris’ más queridos de antes de la Segunda Guerra Mundial, sin parangón en el fútbol de la época. Un futbolista díscolo, que fumaba y bebía pero que un 27 de abril de 1930, en un encuentro ante la Roma marcó tres goles en los tres primeros minutos de juego. Una de las muchas hazañas del genial Giuseppe Meazza.
El mismo sendero de gloria en el que un Mago llamado Herrera nos hará de guía y nos mostrará su Inter, su inigualable estilo de “psico-entrenador”, su inteligencia táctica y su tremendo poder de motivación. La metáfora balompédica, que escuchan a pocos metros cuatro grandes como Picchi, Mazzola, Luis Suárez y Faccheti, el calcio en sí mismo de aquellos años 60.

Frases que vuelan a través del tiempo y se convierten en sabias sentencias atemporales: “este partido lo ganamos sin bajarnos del autobús”, “con diez se juega mejor que con once”…
El pequeño vuelo mental al pasado que nos muestra la sobriedad y la eficacia de Walter Zenga, figura esbelta que acompaña a un jugador bandera como Bergomi y a leyendas como Lothar Mattahus y Rummenigge.

Aquella puerta 21 en la que en recuerdos más recientes encontraremos a Christian Vieri, irrepetible goleador y a Javier Zanetti. ‘il Capitano’ hombre de tres pulmones que dejará huella en el club.
En definitiva una bonita iniciativa de la que muchos clubes del mundo deberían aprender, pues una visita al estadio Giuseppe Meazza (estadio San Siro) además de suponer una oportunidad de admirar la singularidad de uno de los más bellos edificios de deporte en el mundo, representa un justo y bello viaje por los sentimientos y la historia de dos grandes equipos de la historia del Calcio.

La historia del eterno Derby della Madonnina…
Fuentes:

http://www.sansirotour.com/

http://www.inter.it/it/speciali/museo/index.html

Mariano Jesús Camacho.