Aunque no quiero cansaros demasiado con términos científicos el siguiente articulo debo arrancarlo con la exposición de dos conceptos esenciales del desarrollo vital, la ontogenia, que marca el desarrollo de un organismo, desde el óvulo fertilizado hasta su forma adulta y la filogenia, aquella que determina la historia evolutiva de los organismos. El esencial y maravilloso estudio evolutivo culminado con la publicación de El origen de las especies de Darwin.
Dos conceptos básicos que marcan la historia evolutiva, una historia que entre otras cosas viene marcada por el despliegue de las capacidades internas adquiridas y almacenadas a través de generaciones previas.
Así se establece el comportamiento humano, a través del estudio histórico del desarrollo de las actividades intelectuales, físicas, sociales etc. Una base de datos histórica del desarrollo humano, de sus capacidades creativas, motoras, cognitivas…
Por ello habitualmente y casi de forma inalterable la mayoría de nosotros mostramos un desarrollo similar, excepción hecha de un grupo reducido de niños que muestran el desarrollo de alguna de las funciones citadas en un período más temprano que el que se ha observado en las generaciones pasadas y presentes.
Es en este punto donde nos encontramos con la superdotación y la precocidad, conceptos que hoy en día están considerados dentro de la anormalidad pero que con la educación y estimulación de las capacidades del individuo, cada vez a edades más tempranas, en un futuro podrían dejar de serlo.
Y en la traspolación al fútbol de este tema nos topamos con increíbles casos de precocidad a edad infantil y alevín, trece y aunque no os lo creáis doce años.
Como mucho, a esas edades podemos encontrar a chicos -generalmente de procedencia africana- con una altura y una capacidad física superior a la media, también a chicos que aún levantando poco más de unos palmos del suelo, poseen un talento inagotable y superior, en otro caso a chicos que poseen una serie de fundamentos técnicos y automatismos futbolísticos dignos de jugadores de nivel profesional, pero todos con un punto en común: nada de lo citado les garantiza un futuro profesional y muchos de ellos se quedarán en el camino.
La mejor prueba la tenemos en el ya tradicional y precioso torneo internacional de fútbol 7 de Navidad, donde cada año observamos las acertadas evoluciones de muchos chicos, entre los que solo unos pocos elegidos podrán llegar.
Quizás por ello el fútbol resulta tan complejo y por ello tan interesante y curiosa la noticia que nos llegó hace un tiempo desde Bolivia, tierra de caminos y antiguas culturas del continente americano.
Allí un niño boliviano de apenas doce años de edad llamado Mauricio Baldivieso, se convertía en el futbolista más joven debutar en primera división en la historia del fútbol mundial, al jugar un partido que su equipo (el Aurora) perdió 1-0 ante La Paz FC -en la como dicen en Sudamérica- la primera fecha del Torneo Clausura 2009 de la liga de su país.
Mauricio hijo de Julio César Baldivieso, -leyenda del fútbol boliviano y por entonces técnico del Aurora-, recibió la orden de ingresar al terreno de juego por parte de su progenitor. Saltó al césped a los 39 minutos de juego y tan solo cinco después fue víctima de una fuerte infracción cometida por el jugador rival Henry Alaca, que le dejó un primer recado en su tobillo derecho.
Un debut para la historia y para el debate, que en mi caso se posiciona a favor de la corriente que trabaja y expresa su alineación ideológica  y educacional con la correcta y progresiva formación tanto futbolística como personal de los chicos.
Historia esta verídica y ampliable a otra serie de casos para la reflexión y los citados registros de precocidad. Como los casos del uruguayo Hugo Villamide, que en 1943 integró a esa edad el equipo de Miramar en el torneo charrúa, y el peruano Fernando García López, que en 2001 debuto en edad infantil con el Juan Aurich de su país.

Aunque también para el recuerdo el debut de un tal Sergio Kun Agüero, que un 5 de julio de 2003 se convirtió en el jugador más joven en debutar en la primera categoría del fútbol argentino con la casaca de Independiente, en un partido ante San Lorenzo con sólo 15 años, un mes y tres días.
Casos similares a los de Wayne Rooney, James Milner o James Vaughan en el fútbol inglés. Como el de Branko Kubala, hijo del famoso delantero del Barça, que un 3 de abril de 1965 y en San Mamés, debutó en Primera vistiendo la camiseta del Español, equipo que entrenaba su padre. Laszy Kubala, uno de esos precoces genios que con solo 15 años jugaban en el fútbol profesional y con solo diecisiete gozaban de condición internacional.
Este último caso que me transporta a través de la historia y el recuerdo para encontrar el debut de Diego Maradona con el primer equipo de Argentinos Jrs. pocos días antes de cumplir dieciséis años o su debut en Primera con la misma casaca, un 20 de octubre de 1976 en un partido ante Talleres.
Y como no, el debut de un chico llamado Pelé en la Primera división brasileña, un 7 de septiembre de 1956. Aquel niño que aún no había cumplido los dieciséis años y saltó al césped en sustitución del delantero centro Vecchio, para anotar el sexto gol para el Santos en su victoria por 7-1 ante Corinthians de Santo André.
Cuentan las crónicas que se jugaba el minuto 36 y tras una jugada entre Raimundinho y Tite, le llegó la pelota a Pelé que situado en el área grande y rodeado de defensores, disparó a portería pasando el esférico por debajo del cuerpo del portero Zaluar, el primer privilegiado que vio cara a cara a O’Rei.
Ese genio que dos años después y aún en edad adolescente tocaba la cima del mundo con su actuación en el Mundial de Suecia de 1958.
Más madera para el debate y para esta carrera de precocidad, ¿donde ponemos los límites, quién los marca?.
¿El físico, el talento, el negocio, el desarrollo, la evolución?….

Mariano Jesús Camacho.
Fuentes:
http://www.perfil.com/contenidos/2009/07/20/noticia_0003.html