Hace ya más de un siglo el escritor escocés James Matthew Barrie creó un personaje para una obra de teatro representada en Londres que transportó al público a un mundo de fantasía y luego cautivó a numerosas generaciones.

El citado personaje sobre el que gira toda la novela, es un niño que se resiste a crecer y habita junto a un grupo de chicos con el mismo rango de edad que él en el “País de Nunca Jamás”, una isla donde conviven tanto piratas como hadas y sirenas. Un lugar en el que la fantasía y la aventura perfilan la realidad y hacen perdurable el vuelo de la magia y la imaginación, donde la felicidad y los sueños gozan de valor temporal eterno.

Conocido como “El niño Maravilloso” o “El hijo único de Nunca Jamás” cambió su existencia una noche en la que su fe y su imaginación le llevaron volando a los jardines de Kensington, en Londres, donde descubrió el “País de Nunca Jamás”. Su nombre Peter Pan y su modo de vida la fantasía.
Puro sueño, fantasía, magia, imaginación, niñez, algo que todos nosotros guardamos aún en un pequeño cajón olvidado del viejo aparador que conforma nuestra memoria. Ese cajón que al abrirlo liberamos nuestros duendes y hadas, personajes con estelas chispeantes de optimismo y ensoñación, características olvidadas y perdidas de nuestra personalidad.
Es entonces cuando se produce la transformación y surge el duende, la magia,  momentos que dejamos perdidos en nuestra niñez, y que en fútbol -donde hombres juegan a ser niños y viceversa- , surgen cuando uno de esos personajes que se niegan a crecer, hacen uso de la magia y la imaginación para hechizar y dominar el vuelo del esférico.
Momentos como el vivido en el Sánchez Pizjuán, -estadio con mucho duende- donde un chico de 19 años que nos recuerda a Julen Guerrero -en su día también apodado Peter Pan- por su físico y su precoz talento, nos transportó a “La ciudad de los niños perdidos” en la que habitan goles estilo Romario.


Goles de vuelo eterno que superan a guardametas de piedra, regates mágicos con la zurda en uno a uno ante el portero, laterales vencidos, rivales desparramados por frenazos inesperados, amagos y sutiles remates que hacen realidad sueños de nuestra niñez.
Por instantes como los vividos ayer en Sevilla y hoy en Tenerife con el tercer gol de Messi, me gusta tanto esta historia que me hace creer en la posibilidad de que exista el “País de Nunca Jamás”.  Donde además de Messi  y otros chicos que se niegan a crecer, habita un niño cántabro de Santander llamado Sergio Canales , ya conocido por todos como Peter Pan.

Mariano Jesús Camacho.

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