Al adentrarnos en el campo de la inventiva y la creatividad humana no tardaremos en percatarnos de una serie de axiomas que marcan el desarrollo creativo del individuo. Partiendo de la base de que todo ser humano tiene la capacidad de crear, expresar e innovar -primer gran axioma- desde su infancia, podemos llegar a la conclusión de que todos somos potenciales inventores pero un tanto por ciento muy alto de nosotros no consigue trascender a través de esta cualidad. ¿Y cuál es la razón? :
Hay muchos factores externos que bloquean esta capacidad, y en primer lugar encontramos los sistemas sociales, educativos y organizacionales. Por ello es tan importante el fomento y la creación de desbloqueadores que estimulen la citada creatividad desde la infancia.

Geoff Hurst

Es en este punto donde juegan un importante papel la figura de educadores, padres y profesores, que deben potenciar y estimular la inventiva, la creatividad e imaginación de los más pequeños.
Resulta por ello muy importante todo lo expuesto con anterioridad pues gracias a la inventiva y creatividad de unos pocos podemos disfrutar de incontables e incalculables avances en todos los campos de la actividad humana. Y en el campo deportivo y en concreto en lo  futbolístico, todo se lo debemos a los ingleses, maestros creadores e inventores de un juego que ellos mismos se encargaron de exportar al mundo por mar.

Como se solía decir en aquellos comienzos del football, los más diestros practicantes del kick and rush junto a aquellos escoceses del passing game. Y posiblemente por la citada circunstancia que les convertía en maestros creadores resulta aún más curioso el hecho de que tuvieran que aguardar hasta el año 1966 para levantar en el mítico Wembley su primera y hasta el momento única Copa Mundial de su historia.
Aunque es cierto que en los primeros campeonatos del mundo Inglaterra rehusó participar y no lo hizo hasta el año 1950 en Brasil, el hecho es que aquella final disputada en Wembley en 1966, escenifica a la perfección la realización de un triunfo histórico que, polémicas aparte, hizo justicia a la ‘cultura madre’ con la que todo comenzó
Y quizás por ello aquel espigado chico nacido en diciembre de 1941 en Ashter Under Line, vino al mundo sin estar tocado con la varita mágica con la que nacen los cracks pero con la predestinación de ser el elegido para llevar a Inglaterra a la conquista del cetro mundial por el que tanto tiempo había luchado y aguardado.
Un chico que inició su carrera deportiva en el West Ham, donde debutó en primera a los 18 años y donde brilló por su olfato goleador entre 1959 y 1972. Trece años de carrera en el club londinense en los que logró dos títulos, la FA Cup  y la Cup Winners Cup.
En principio una carrera más en el vertiginoso y apasionante fútbol inglés de no haber sido por aquel hat trick a Hans Tilkowski que le elevó a categoría legendaria e histórica.
Fama internacional y categoría adquiridas con la camiseta de los pross en el Mundial disputado en su país en el año 1966.
En aquella cita mundial su nombre pasó a la historia al convertirse en el único jugador en conseguir tres goles en una final del Campeonato del Mundo y lo curioso es que uno de esos goles creó una enorme controversia, ya que el balón tras superar al portero alemán Hans Tilkowski y pegar en el travesaño, cayó por fuera de la línea de gol. Sin duda la jugada más polémica de aquel torneo, puesto que el resultado en ese momento era de 2-2, aunque finalmente el encuentro finalizara con victoria inglesa por 4-2.
En todo caso su entrada al campo en sustitución de Jimmy Greaves en aquella final resultó providencial para la historia de los pross. Sir Geoff Hurst, delantero espigado, grande, fuerte, dotado de un gran olfato goleador y un gran remate de cabeza, hacía un inolvidable hat trick y le daba la primera Copa del Mundo a Inglaterra, que levantaba la Copa Jules Rimet de manos del no menos legendario Sir Bobby Moore y ante la vidriosa y emocionada mirada de otro Sir: Bobby Charlton.

De esta forma nacía el héroe y nacía la leyenda de Geoffrey Geoff Hurst, alrededor de su figura comenzaban a generarse poderosas sensaciones. Sensaciones como la generada entorno a la camiseta nº 10 que portó en aquel histórico encuentro, una casaca que batió todos los registros históricos por un articulo de fútbol en una subasta organizada por la prestigiosa Casa Christie’s.
Cuentan que Hurst declaró que tenía pensado regalarle la casaca a alguna de sus tres hijas, pero al no saber a cual darle la prenda, optó por subastarla y repartir el dinero en partes iguales.
La pieza que Hurst puso a subasta treinta años después de aquella histórica final, salió con un precio inicial de 30.000 dólares y fue finalmente vendida en 91.750 libras (130.600 dólares).
En aquel instante se convirtió en la camiseta más preciada, la prenda deportiva que salió más cara a subasta, un récord histórico que solo pudo ser superado recientemente por la 10 que Pelé portó en México 1970.
La verdeamarelha de Orei fue vendida por 157.750 libras esterlinas (224.600 dólares), triplicando así lo que se esperaba y batiendo el récord mundial por más de un 50 por ciento.
Y que desde entonces es la camiseta más preciada…

Mariano Jesús Camacho.