En el diálogo “Menón” y con ocasión del estudio de la virtud, Platón presentó la teoría de la reminiscencia o anamnesia, una verdad, un recuerdo y un conocimiento que no aflora a partir de la experiencia meramente empírica o perceptiva, pues cuando tenemos acceso a él, no procesamos una información nueva sino que nuestra alma recuerda una verdad a la que tuvo acceso antes de encarnarse y vivir en este mundo material.


Por tanto nuestra alma recuerda algo que conoció cuando vivía en el mundo de las Ideas, lugar en el que para el genial filósofo griego el alma vive sin el cuerpo, donde descansa la fuente del conocimiento. Aquella que olvidamos con la encarnación y las relaciones, necesitando de la intervención de un maestro que nos incite al recuerdo de nuestra verdad interior.  Extraña pero genial y mágica  tesis que completó la teoría socrática del conocimiento y la enseñanza.
Y el pasado sábado en el campo de Riazor José María Gutiérrez “Guti” -que como Curro Romero aparece y desaparece como el Guadiana-, encontró aquel Guadiana particular que dicen existe entre el embroque y la cadera, allá donde nace el compás y la cadencia de la que bebieron genios como Belmonte para hacer arte.
Guti hizo suya la teoría de Platón con ese taconazo al tendido y nos mostró aquel misterioso pero mágico mundo de las Ideas, en el que el alma vive sin el cuerpo. Pura reminiscencia, recuerdo, conocimiento y verdad interior a la que aún existiendo solo tienen acceso pocos elegidos. Reminiscencias de Don Alfredo, de Cruyff, de fútbol samba, de generaciones pasadas que generaban magia con el arte de la espuela, como la “Generación Tele Santana” que en los ochenta nos llegó del Mundo de las Ideas para enamorarnos con su fútbol. La espuela de Roberto Falcao, los taconazos de Zico y la inventiva de un tal Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira.
Un chico al que su progenitor bautizó con el nombre de Sócrates porque era fanático de los filósofos griegos -a dos de sus hermanos los llamó Sófocles y Sóstenes- y poseía en su espuela la llave del conocimiento, aunque el fútbol siempre le surgiera de su cabeza y le saliera por los pies.
El Dóctor Elegancia, aquel al que el destino le tenía reservada la facultad de hacer filosofía con un balón y regresar del Mundo de las Ideas para hacer soñar a la torcida de Corinthians con sus inigualables habilitaciones con la espuela.
Pues en definitiva lo que hizo, el para mí genial Guti, no fue otra cosa que demostrarnos la existencia de ese mágico Mundo y poner en práctica aquella teoría de la reminiscencia que nos enseñó Platón.

Mariano Jesús Camacho.

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