Le Petit Giresse

El fútbol sala, futsal o fútbol de salón es un juego cuya base deportiva radica en el fútbol once pero sus reglas, bases tácticas y dimensiones del terreno de juego se encuentran más cercanas a las de otras disciplinas deportivas. En todo caso el fútbol de salón –como a mí me gusta llamarlo- es un deporte atractivo y trepidante que para ser practicado en el ámbito profesional es necesario poseer una serie de virtudes técnicas individuales y colectivas esenciales. Cualidades como la habilidad, la precisión, la disciplina táctica, la rapidez de movimientos en la presión al balón, en las transiciones, y el dominio del espacio corto. 
Todas ellas dan como resultado un juego con una circulación rápida del esférico, ocasiones de gol constantes en cada área, jugadores con un dominio del esférico sobresaliente y precisión extrema, paredes eléctricas, pisadas de balón y entre otros gestos técnicos, dominio de la puntera en el golpeo.

 
Deporte de origen y sabor latinoamericano, practicado con destreza al otro lado del charco y con especial talento en tierras brasileñas, donde hasta la fuerte irrupción de España en esta modalidad deportiva, no tenía enemigo tan osado como para hacerle discutir su reinado.
Una modalidad deportiva muy atractiva a la que se ha hecho alusión en más de una ocasión en fútbol once, pues muchas de sus estrellas han brillado durante su infancia en las pequeñas canchas de futsal, antes de deslumbrar en el fútbol profesional.
Ese fútbol once en el que mucho de lo que se cuece lo hace en la zona medular, donde el estilo te define y te puede dotar de identidad. La identidad de un fútbol de precisión milimétrica, habilidad, técnica, posicionamiento y toque que provocan de inmediato la alusión a ese fútbol de salón del que hemos hablado.
El tan traído tiki taka de ahora y que en otros tiempos se llamó fútbol de salón, un estilo con el que se ha identificado a una serie de futbolistas, equipos y selecciones.
Jugadores como Michel Platini, leyenda del fútbol que en estos tiempos y sin falta de razón equipara el fútbol de los pequeños de nuestra selección –Xavi, Iniesta, Cesc, Silva y compañía– con aquella selección francesa de los ochenta, a la que Santi Segurola en un articulo bautizó con mucho acierto como “Los cartesianos del medio campo”.
Una media de ensueño que hacía fútbol de salón auténtico, con el genial Platini y dos escoltas de lujo:

Jean Tigana, el pivote central y a priori el más defensivo, pero en realidad un jugadorazo, elegante en todas su acciones, sutil en sus asociaciones con sus compañeros y seda pura en su asociación con el balón. 

Y Alain Giresse, un pequeño duende de 1,63 m de estatura al que era una delicia verle jugar y que recordaré con más detenimiento, porque mi selectiva memoria guarda en la vieja carpeta del talento a este menudo francés que puso patas arriba el Stade Lescure del Girondins.

Le Petit Giresse, que consiguió generar con su fútbol en la bella Burdeos, sensaciones parecidas a las de un paseo por los muelles del Garona. Privilegiados aquellos bordeleses que le vieron debutar con 18 años y vivieron aquella primera mitad de la década de los ochenta tan prolífica para los ‘Marine et Blanc’.
Un conjunto dirigido por Aimé Jacquet y que liderado en el terreno de juego por la capitanía y el talento de Giresse logró dos títulos de Liga, en 1984 y 1985 y una Copa de Francia en 1986. Un señor equipo con los Dropsy, Bracci, Domenech, Thouvenel, Specht, Tusseau, Trésor, Battiston, Girard, Tigana, Touré, Genghini, Soler, Zénier, Pantelic, Kourichi, Chalana, Dieter Müller, Lacombe, Reinders, Vujovic…

Futbolista liviano y pequeño físicamente pero dotado de gran personalidad, como lo demuestra aquella anécdota que protagonizó en 1982 con la zamarra del Girondins. Y es que cuentan las crónicas que como medida de protesta y con motivo de la suspensión por un año de la que fue objeto su portero Pantelic -que agredió a un juez de línea-, el Girondins decidió salir sin portero en la última jornada del campeonato disputada ante el Nantes.
Alain Giresse saltó al césped portando el nº1 en su espalda, un encuentro que lógicamente acabó 6-0 a favor del Nantes pero quedó para la historia de la Lige.
Duende del fútbol que quizás al estar más cerca del balón -por estatura- vio el fútbol mejor que nadie. En aquel Girondins de Burdeos en el que se fraguó la columna vertebral de la gran selección francesa que dejó su impronta en los Mundiales de España de 1982, México 1986 y la Eurocopa de 1984.
 En este sentido resulta curioso el hecho de que pese a que Giresse brilló con luz propia junto a otro crack como Tigana, tuvo que esperar doce años, -hasta 1982- para ganarse un puesto de titular en la selección. Y es que debutó con la selección francesa en 1974 ante Polonia, pero fue en el Mundial de España de 1982 donde se consagró, gracias a Michel Hidalgo, que supo darle su sitio.
 Alain ‘le pagó’ marcando dos golazos ante irlanda del Norte. En aquel Mundial Francia presentó sus credenciales y nos hizo vivir un mágico partido ante Alemania, duelo memorable que tuvo que decidirse en la prórroga y en el que Giresse anotó un gran gol. Épico encuentro en el que Francia ganaba 3-1, y en el que Alemania hizo de Alemania, forzando la prórroga y los penaltis, donde los alemanes noquearon al conjunto francés. Cuatro años más tarde, en México 1986, Francia volvió a brillar, recordando de forma especial otro gran partido ante Brasil que se dilucidó en la tanda de penaltis y que en esta ocasión favoreció los intereses galos. Unos intereses que sucumbieron nuevamente ante Alemania en semifinales.
Anotado en rojo en el calendario vital de Le Petit Giresse se encuentra la Eurocopa de Naciones de 1984, disputada en su país, un torneo en el que se coronó campeón al derrotar a España en la final.
Por todo ello resulta inevitable que la memoria histórica del aficionado le recuerde por su inagotable fuente de recursos técnicos, la intuición de un diminuto jugador que pese a ello poseía un motor con el que se dejaba ver siempre en la posición idónea, llegando con mucho peligro y disparando con una precisión única. Tremendo lo del duende de Lagoiran, al que siempre recordaremos conformando uno de los mejores centros del campo de la historia: Tigana, Platini y Giresse con Tresor actuando como libre, todo un lujo para la vista.
Alain Giresse futbolista francés del año en tres ocasiones, en 1982, 1983 y 1987, leyenda en Burdeos, máximo realizador de la historia del club galo con 158 y el futbolista que más partidos ha jugado con la camiseta de ‘Marine et Blanc’ 519.

Puro fútbol de salón…

Mariano Jesús Camacho