Juan Carlos Ceriani

El año de 1930 se vive en Montevideo de forma intensa pues la celeste rubrica en su país los éxitos cosechados en Colombes y logra ganar el pulso a Argentina en la supremacía del fútbol mundial. Uruguay es campeón y el fútbol aglutina los sueños de los más jóvenes y el fervor del pueblo uruguayo.
El citado deporte representa una forma de evadirse de la Gran depresión que afecta a la economía mundial, todos los chicos quieren practicar fútbol y aunque son pocos los que se preocupan en las condiciones en las que lo practican, siempre hay una excepción que contribuye con su inventiva al progreso y bienestar de los más jóvenes y desfavorecidos.
Es en este punto histórico donde la figura del profesor Juan Carlos Ceriani, miembro de la Asociación Cristiana de Jóvenes, interviene de forma muy positiva en busca de alternativas creativas que palien las citadas precariedades en la medida de lo posible.
El profesor Ceriani se percata de que la mayoría de los chicos tienen que practicar fútbol en la calle, en terrenos empedrados y baldíos –potreros- y los más privilegiados lo hacen en las escasísimas canchas de baloncesto que existen en Montevideo.
Por ello idea una fórmula con la que el pueblo puede tener acceso a la práctica deportiva del fútbol reglado en espacios más reducidos. Para ello utiliza tres deportes –además del fútbol- en los que basará la invención y reglamentación de esta nueva disciplina deportiva: baloncesto, balonmano y waterpolo.
Con dimensiones idénticas a las de una cancha de balonmano adopta reglas de cada uno de ellos, del baloncesto recoge los cinco jugadores en cancha, el tiempo de juego  (40 minutos)  y el posicionamiento de algunos jugadores, del balonmano la prohibición de disparar a gol desde cualquier posición y del waterpolo la reglamentación que afecta a los guardametas.
Además con la intención de adecuar el esférico a las medidas y al estilo de juego, con la colaboración del Sr.Esperón -padre del Prof. José E.- Esperón- dota a este deporte de un balón de dimensiones más reducidas y un bote inferior.
Todo ello da como resultado la creación de un deporte al que bautiza como Indoor Soccer y que popularmente pasa a ser conocido como fútbol de salón –lo que hoy llamamos futsal o fútbol sala-.

Un deporte que causó auténtico furor en Montevideo, en todo Uruguay, que se fue extendiendo por los países vecinos, y tuvo una acogida especial en  Sao Paulo en Brasil y la frontera del Paraguay, lugares donde fue evolucionando y perfeccionando en todos los aspectos hasta convertirse en ese deporte con el que podemos disfrutar hoy en día. Una disciplina deportiva muy atractiva, al alcance de todos, eléctrico, veloz, con unos fundamentos técnicos elevados y basados en la habilidad y con unos fundamentos tácticos recogidos también de diversas disciplinas deportivas, como las constantes rotaciones que se pueden ver en jockey o los bloqueos que vemos en las canchas de basket.
Una meritoria y valiosa creación que debemos al profesor Ceriani y en la que muchos chicos que con posterioridad acabaron convirtiéndose figuras legendarias de fútbol, aprendieron a perfeccionar su técnica. El fútbol sala que en los años 60, se difundió por el cono sur, por Misiones, Corrientes y Formosa, popularizándose en Argentina y por todo el continente americano para acabar dando el salto a Portugal y de ahí al resto del viejo mundo.
Ese viejo mundo en el que por ejemplo en España, pasa por ser el deporte con más practicantes en el territorio español y uno de los que más satisfacciones reporta en la actualidad.
Como ya dije una acertadísima iniciativa la de Juan Carlos Ceriani, al auténtico precursor y creador de este deporte con documentación histórica que lo acredita, pese a las versiones que circulan defendiendo lo contrario.
Profesor en Educación Física en el Springfield College,  Massachussets, USA, un hombre que desde su puesto directivo en la Asociación Cristiana de Jóvenes trabajó sumando siempre al deporte y a los jóvenes, destacando también en la natación, disciplina en la que fue uno de los fundadores del Club Biguá.

En definitiva una figura insigne del pequeño fútbol, deporte en el que a tantos cracks hemos visto dar sus primeros pasos.

Fuente:
http://www.fudefs.com/