Corría el año 1946 cuando un futbolista canario de ascendencia irlandesa despuntaba con la camisa del Marino de Las Palmas, club con el que acababa de proclamarse campeón de Canarias. Aquel joven era un interior dotado de enorme habilidad y una técnica envidiable, con un estilo personal y peculiar de interpretar el fútbol. Con los puños cerrados, siempre asiendo con fuerza los extremos de las mangas de su camisa, porque según él estilizaban su figura y le aportaban equilibrio. Un futbolista bautizado por ello con el sobrenombre de “El Mangas”, y al que todos los aficionados al fútbol recordamos como Luis Molowny.

Un interior diestro de enorme talento por el que se interesó el Atlético pero por el que el Barcelona puso su maquinaria en funcionamiento para contratarle. Y con la intención de cerrar el pase envío a Cabot -directivo azulgrana- por barco desde la ciudad Condal a las Islas, un pase que no se cerró por la irrupción en la operación de Don Santiago Bernabéu, que en la estación de Reus compró La Vanguardia y al leer la noticia quiso dar un golpe de mano con la contratación del fino jugador canario.

Bernabéu llamó de inmediato a Jacinto Quincoces y le envío en avión con cien mil pesetas para cerrar el pase antes de la llegada del emisario blaugrana. Quincoces llegó sobrado, le vió jugar y no quedó convencido de la operación, por lo que llamó denuevo a Bernabéu, que tiró hacia delante convencido de la misma pese a la difícil situación económica por la que atravesaba la entidad madridista -enfrascada en la construcción del nuevo estadio-.

Así llegó Molowny al Madrid, que pronto se convirtió en ídolo de la afición antes de la llegada de Don Alfredo. La apuesta personal del presidente que con la camiseta blanca vivió dos etapas bien diferenciadas, una inicial de agobios económicos e irregulares resultados deportivos y una segunda de vino y rosas en la gestación de un equipo que marcó época.

Fueron once temporadas de mangas largas estiradas y finos regates por la zona interior del pasto verde del nuevo estadio Chamartín, que fue testigo de su clase y polivalencia. Desde 1946 hasta 1957 con una Copa de Europa, tres Ligas y una Copa de España como logros más relevantes. Luego se marchó a la U.D.Las Palmas para colgar las botas e iniciar una brillante carrera técnica, llevando al equipo amarillo a Primera División y haciendo historia al lograr el subcampeonato.

Llegó también a ostentar el cargo de seleccionador nacional junto a Muñoz y Artigas pero acabó convirtiéndose en ‘apagafuegos’ del Madrid. Molowny fue el hombre de la casa al que siempre recurrir en situaciones complicadas, siendo entrenador del equipo blanco durante varias etapas (1974, 1977-79, 1982 y 1985-86) en las que conquistó tres Ligas, dos Copas de la UEFA y dos Copas del Rey.

A sus aportaciones en los aspectos táctico-técnicos, trasciende sin duda la transmisión de una serie de valores que fueron santo y seña de un club grande y respetado, pues con su ingreso en la dirección deportiva logró dotar al equipo blanco de una identidad propia. Trabajando siempre de forma silenciosa y en la sombra, sumando en todos los aspectos y logrando que la cantera blanca y el organigrama de las categorías inferiores se convirtiera en bandera del club y la envidia del fútbol español. Podemos hablar sin miedo equivocarnos de una escuela, un estilo que tuvo en Del Bosque a su continuador y reportó al equipo blanco grandes éxitos.

En aquellos años ochenta era para todos Luis Molowny, “El Mangas” quedaba en el recuerdo, aunque seguía manteniendo esa elegancia y ese perfil con el que se había ganado el respeto del fútbol. No en vano aquel hombre aunaba en su memoria el conocimiento acumulado tras once años jugando con futbolistas de la talla de Alfredo Di Stéfano, Francisco Gento, Raymond Kopa, Ferenc Puskas y aprendiendo de D.Santiago Bernabéu.

A su figura también le debe el Real Madrid entre otras cosas la continuidad de Emilio Butragueño y su posterior explosión. En definitiva un hombre íntegro, que en su profesión tenía muy buen ojo para los futbolistas -fue director deportivo entre 1986 y 1990, época en la que el club blanco se hizo con cinco títulos de Liga consecutivos- y que tanto en el aspecto humano como deportivo, llevó por bandera la sencillez.

Por ello la noticia de su fallecimiento un 13 de febrero de 2010 a la edad de 84 años, debe suponer y supone para los aficionados el recuerdo de mangas blancas, finos regates, precisos golpeos al balón, estilo y sobretodo valores de identidad, un camino pendiente por retomar que adaptándose a los tiempos actuales debe recuperarse en beneficio de un club que Molowny conocía como nadie.

D.EP: Luis

Mariano Jesús Camacho.