Huguiña

Como muy bien ha demostrado Eduardo Bustos hablar de la chilena en términos históricos representa hacer un viaje atrás en el tiempo hasta enero de 1914, cuando en el viejo estadio “El Morro de Talcahuano” Ramón Unzaga ejecutó por primera vez su espectacular acción.

Una acción en la que Unzaga efectuaba un golpeo al balón en el aire por encima de su cabeza y a espaldas al defensor contrario, formando un ángulo de 90 grados con la vertical, una maniobra espectacular y deslumbrante que arrancó numerosas exclamaciones de admiración entre el público asistente.

La capacidad creativa de un futbolista de complexión atlética que inventó una jugada que ha sido perfeccionada por extraordinarios ejecutores con el paso de los años. Uno de ellos un mexicano llamado Hugo Sánchez Márquez, futbolista y delantero que vuela hacia el gol con los conceptos atléticos que ha podido aprender de su hermana, gimnasta para la que las acrobacias son un vehículo para llegar a la perfección estética.

También un futbolista grandioso, que lleva en su genética un cromosoma llamado gol y la dosis de ‘mala leche’ necesaria como para salir airoso de la sucesión de agarrones y empujones con los que tiene que pelear un delantero en la guerra por la posición.

Inteligente, atlético, con ‘mala leche’, buenos conceptos técnicos, y una capacidad única para hacer siempre el desmarque con la intención de llegar de cara al remate.

De los mejores rematadores que se han visto en muchos años, santo y seña del fútbol mexicano, recordado en España e idolatrado en Madrid, donde con tres camisetas dejó su sello goleador. Especialmente añorado por los aficionados del Real Madrid, que no olvidan sus goles al compás de una “Quinta de canteranos” que le brindó su talento y le puso el camino más fácil.

Goles de todo tipo, desde todas las posiciones, casi siempre rematando de cara y a la primera, de cabeza, con la derecha, con la izquierda, a pelota parada…. Un inolvidable abanico de recursos que concluían indefectiblemente con aquella acrobacia que convirtió en firma personal: la voltereta.

Y una firma que en ocasiones vino precedida por una especatular acción que en México recibió el nombre de “Huguiña” por la perfección con la que era ejecutada por el “pentapichichi”. Sueños blancos de un puma volador que cazó balones en el aire y atacó arqueros vorazmente en el fútbol mexicano y español, donde mostró sus mejores años como depredador del área.

Recuerdos de una fiera indomable que fueron inmortalizados en bronce en 2006, cuando en la unidad deportiva que lleva su nombre situada en Boca del Río, Veracruz, se erigió una estatua en su honor. Obra para la que se eligió al controvertido escultor Bernardo Luis López Artasanchez, que perfiló su espectacular rovesciatta con una artística figura de 250 kilos de bronce y 1.70 metros.

Escultura en bronce vaciado a la cera perdida, de patina café, que ha ido tornándose a verde con el paso de los años y representa a “Hugol” en pose acrobática portando el uniforme de la Selección Nacional mexicana a solicitud expresa del alcalde Francisco Gutiérrez de Velasco.

El vuelo mortal y acrobático congelado en bronce para la posterirdad, sin duda una merecida escultura para un futbolista legendario. Como todo genio dotado de una personalidad muy particular, odiado y amado a partes iguales por su fuerte carácter e insaciable apetito, pero básicamente admirado por todos.

La primera escultura erigida en su país a su figura, donde en cambio el exdelantero mexicano contaba ya con dos estatuas de su propiedad en la terraza de la vivienda particular que posee en una lujosa zona residencial de Cancun.

Mariano Jesús Camacho.