El mundial sueco del 58 pasó a la historia por la irrupción futbolística de un joven genio llamado Edson y apodado Pelé y la magia de otro ángel negro de piernas torcidas llamado Garrincha y apodado Mané. Para mí una sentencia histórica irrefutable pero quizás un tanto injusta con algunos de los miembros de aquella gran selección, uno de ellos el elegido como mejor jugador del torneo, un finísimo futbolista carioca que dignificó un estilo propio e inconfundible que definió al jugador brasileño.
Su nombre Waldir Pereira, su apodo Didí, la creatividad personificada de un futbolista que este deporte estuvo a punto de no ver a causa de una grave infección en su pierna derecha, causada por una contusión cuando solo tenía catorce años y puso en grave riesgo la integridad física de la citada extremidad.
Afortunadamente esto no sucedió y Río disfrutó del talento de “O Príncipe de Rancho de Carnaval”, “O Príncipe Etiope” o “Mr Football“, que merecidamente heredó el dorsal y la elástica nº8 de “Mestre Ziza” Zizinho.
Su carrera dibujada sobre la vieja estela de un pasado futbolístico tamizado en tonos tricolores difuminados entre la paleta cromática del blanco y el negro. La camiseta tricolor de Fluminense, la blanca del Real Madrid y la blanquinegra de Botafogo. Siete magníficas campañas con el Flu, en las que fue tachado de irregular, algo que teniendo presente la calidad del armador brasileño quedó en un término secundario.
También temporadas de ensueño con la camiseta de Botafogo, donde firmó un dúo inolvidable con Garrincha y luego la experiencia de Madrid, donde quizás fue eclipsado por las grandes figuras del equipo blanco pero donde aunque a cuentagotas, también dejó muestras de su clase.

Autor un 17 de junio de 1950 del primer gol de la historia de Maracaná, tarde histórica en la que 200 mil “torcedores” fueron testigos de un zapatazo a medio altura del armador de la selección de Río que enfrentaba a la de Sao Paulo. Un lanzamiento seco que doblegó al meta Oswaldo para entrar en la leyenda esférica de un mítico escenario.
Y es que Maracaná y Didí estaban ligados por el fútbol y el destino, pues  hablar de Didí es hacerlo de pases de cuarenta metros al pie, de la ‘folha seca’, lanzamientos envenenados efectuados con un golpeo seco al centro del esférico que cobran altura y caen diabólicamente para vencer al meta rival.
Una técnica de lanzamiento surgida en otra tarde de fútbol en Maracaná. En esta ocasión portando la casaca de Botafogo, en un partido ante Americano en el que tras recibir una fuerte entrada de un rival decidió cambiar su técnica de golpeo por el dolor que sentía en su pie. Disparo que acabó convirtiéndose en seña de identidad y perfección de un genio de este deporte.
La elegancia y creatividad de un futbolista al que debemos el origen de otra genial acción atribuida de forma errónea a Pelé por la sencilla razón de que O’rei la puso en práctica en pleno mundial de 1970.
Y es que en aquel mágico momento Pelé no estaba haciendo otra cosa que reproducir una acción que había visto ejecutar con anterioridad a Didí, “O Príncipe de Rancho Carnaval” como magníficamente le definió el maestro Nelson Rodrigues, insigne escritor, periodista y dramaturgo brasileño. En certera y vieja semblanza de ritmos previos a la invención de la samba, más lentos y acompañados por instrumentos de percusión, cuerda y viento. Ritmos, cantos y vestuarios alegres pero sobre todo elegantes, como era Didí, “El Príncipe de Rancho Carnaval”.
Dicen que una acción surgida de la cabeza de Didí en los entrenamientos que la Seleção, protagonizaba en los balnearios de Araxa, en las vísperas de la Copa del Mundo de 1958. Unos entrenamientos transmitidos por TV Record, en los cuales en una de las penas máximas ejecutadas, Didi corrió hacia la bola y con una pequeña frenada amagó el disparo unos segundos antes de golpear para vencer al portero mandándola a dormir al lado contrario. La “paradinha”, genial acción creativa de la que tomaron buena nota Pelé y sus compañeros como gran recurso para asegurar el gol en los lanzamientos desde el punto fatídico.
Y como apuntamos una acción que Pelé puso en práctica en el Mundial de México de 1970, pero que ya con anterioridad había ejecutado en el campeonato brasileño en otro momento histórico. Un 19 de noviembre de 1969, con la camiseta de Santos y con Maracaná como testigo de su gol nº1.000, aquel legendario escenario en el que Didí hizo el primer gol y el mágico instante que eligió Pelé para ejecutar por primera vez en partido oficial aquella acción que le había enseñado su compañero. Once metros hacia el gol nº 1.000 y una paradinha de un segundo eterno para observar como el guardameta argentino Edgardo Norberto Andrada se lanzaba hacia la derecha para mandar la bola a la izquierda.
Otro momento histórico en el que intervino la creatividad de Didí, de una acción, atribuida erróneamente a Pelé –que tocado por los dioses tuvo a bien ejecutarla con maestría- y desmentida por el propio O’rei con estas palabras:
“Quien inventó la paradinha fue Didi. Yo apenas copié”.
Por cierto una innovación o invención técnica que ha generado gran controversia y sobre la que desde entonces sobrevuela la amenazadora valoración de la FIFA con respecto a su legalidad.
En todo caso el aporte genial de otro futbolista de dibujos animados, exquisito y para recordar, el jugador de las ‘hojas secas’ y las ‘paradinhas’ eternas hacia el gol.

Caricatura:

http://es.toonpool.com/cartoons/Waldir%20Pereira_58636

Mariano Jesús Camacho.