Indefectiblemente todos y cada uno de nosotros afrontamos cada día de nuestra vida teniendo que tomar innumerables decisiones. Algunas de ellas tienen importancia relativa en nuestro desarrollo vital mientras que otras son gravitantes en ella. De la misma forma nuestras decisiones afectan al desarrollo vital de otras personas que se cruzan en nuestro camino, por lo que podemos llegar a la conclusión de que nuestra vida es un complejo puzzle en el que muchas de aquellas decisiones nos muestran el hueco en el que debemos colocar la siguiente pieza de nuestro puzzle vital.
En la mayoría de las ocasiones nuestras decisiones son tomadas – o deberían serlo – desde la reflexión y el estudio de la situación, pero hay ocasiones en los que por las circunstancias o la profesión que ejercemos no hay tiempo para ello, y es entonces cuando entra en juego nuestra base y preparación.


En concreto son numerosas profesiones y situaciones vitales en las que el ser humano debe tomar una decisión en segundos y sobre la marcha que afectará en el desarrollo vital de sus iguales. Por orden de importancia – como es lógico – la de árbitro de fútbol es de las que ocupa los últimos lugares ya que habría que restarle trascendencia, pues en el fondo solo tiene importancia relativa en el puzle vital de todos nosotros.
En todo caso y como en este concreto es la actividad que nos ocupa me gustaría comenzar recalcando que dejando a un lado el grado de preparación de cada colegiado, su personalidad, y las eternas polémicas que rodean a su figura me parece una profesión tremendamente complicada y sujeta siempre al error humano.
Partiendo de esta base en la que todos los que se dedican a ejercer su profesión en el campo futbolístico de una forma u otra también están sujetos al citado error humano, me complace contaros brevemente la intensa historia de un colegiado de fútbol que tiene erigida una escultura en su honor.
Su nombre Tofik Bakhramov, más conocido como “The Russian Linesman”, uno de los grandes protagonistas de la histórica final del Mundial de Inglaterra de 1966. El juez de línea –hoy asistente- que dio por válido el “Gol de Wembley”.
Nacido un 29 de noviembre 1926 en Baku, Azerbaijan, un futbolista que tuvo que dejar el juego por una grave lesión y emprendió la carrera de colegiado en la extinta URSS.  Un colegiado más de no haberse convertido árbitro FIFA en 1964, la categoría internacional que acabó convirtiéndole en personaje histórico del fútbol. Para algunos, villano de infausto recuerdo y para otros todo un héroe del silbato –aunque en este caso sería del banderín-.
Un segundo decisorio, el tiempo justo como para elegir una de las dos alternativas que le quedaban, gol o limbo. Y digo limbo porque independientemente de que fuera acertada o no aquella decisión, la polémica siempre rodeará a aquel torneo por la alargada sombra de Stanley Rous, las designaciones arbitrales y los arbitrajes que se dieron para Inglaterra en aquel mundial. En todo caso como siempre digo, hablamos de una gran selección inglesa, un gran equipo, de lo que quedó para la historia: que en aquel año de 1966 los inventores del fútbol pudieron por fin levantar el título de campeón del mundo en su territorio.
Y es que desempolvamos una vez más las viejas crónicas del mítico Wembley, la que nos muestra el duelo fraticida de la Inglaterra de Charlton y la Alemania de Beckenbauer, la pequeña gran historia de decisiones que decantaron un partido, como la de utilizar la figura de Bekenbauer con el único objetivo de anular a Charlton –misión que cumplió a la perfección pero en la que se perdió la creatividad de un genio como el alemán-. Una de las muchas decisiones que los protagonistas tomaron hasta ese fatídico minuto once de la prórroga.

Ocasiones erradas, ocasiones finalizadas, grandes paradas… acciones y decisiones que llevaron a ambos conjuntos a ese minuto once en el que Geoff Hurst –gran protagonista de la final- en un reverso centelleante soltó un zapatazo descomunal que superó a Tilkoswki, se estrelló con violencia contra la madera y rebotó al borde de la gloria y el abismo de la línea de gol.


El “gol fantasma” que pasó a la historia como el “gol de Wembley”, una acción trepidante y tan veloz que no cazó el ojo del suizo Gottfried Dienst, colegiado principal del partido que se vio presa de la indecisión durante unos segundos y se percató de la insistente pero firme llamada de su juez de línea, Tofik Bakhramov, que fue el único que creyó verlo y tomó la decisión de dar validez al mismo.

Una acción tan rápida que únicamente y tras posteriores avanzadas técnicas de moviola pudo certificarse que no traspasó la línea de gol.  En todo caso una de aquellas decisiones de las que os he hablado, que posiblemente se tomó a favor de corriente puesto que habría que preguntarse si se hubiera tomado la misma determinación en el caso de haber sucedido en la meta contraria. Pero como dije una decisión de una importancia relativa puesto que aún siendo bastante trascendente, para ser justos habría que valorar las múltiples variables que se dieron durante el cómputo general del tiempo de juego, en el que intervinieron numerosos factores y protagonistas sujetos de la misma forma a sus propias decisiones y errores humanos.
La polémica para la historia que dio paso a una segunda mitad de la prórroga en la que Alemania se lanzó a tumba abierta a por el empate sufriendo continuos contragolpes del seleccionado inglés. Y fruto de uno de ellos, en el 120 de partido con el campo parcialmente invadido, Hurst logró el definitivo 4 a 2 con el que cerró la final y una actuación memorable.
El 4 a 2 definitivo que hizo posible que Bobby Moore “el Gran Capitán” alzara al cielo londinense la Copa del Mundo, solo  a unos pocos metros de un abatido Franz Beckenbauer que declaró: -“Inglaterra ha ganado hoy porque Charlton fue un poco mejor que yo”.
Una de las claves de aquel partido, paralela al debate eterno, alemanes que ven la pelota manchada de cal, ingleses que aseguran haberla visto entrar por completo con toda su esfericidad y diámetro. Casi treinta años de debate resuelto en 1995, cuando la Universidad de Oxford, con la ayuda de computadoras para mejorar las imágenes disponibles sobre el incidente llegó a la conclusión de que la bola no llegó a atravesar completamente la línea de gol y que, por lo tanto, el gol no debería haber sido concedido. Demasiado para el ojo humano que en esta caso puede que se guiara por la intuición, el ambiente y la situación.
De fondo la figura de Tofik Bakhramov, héroe o villano un colegiado que desde aquel día se convirtió para bien o para mal en legendario. Aquel que en sus memorias definió al fútbol como:

-“Duelos … llenos de giros imprevistos e incluso verdaderos milagros. ¿Y quién no quiere ser mago aunque sea por tan solo 90 minutos?”
El mismo colegiado que cuenta con una escultura erigida en su honor frente al estadio nacional de Azerbaiyán que también lleva su nombre. Erigida en la previa de un partido de clasificación para el Mundial de 2006, cuando se convirtió en protagonista de una ceremonia en la que se honró a su memoria, con asistentes tan ilustres como Geoff Hurst, Michel Platini y el presidente de la FIFA, Joseph Blatter. Ceremonia en la que su hijo Bahram Bakhramov le dedicó las siguientes palabras:
-“Ahora que Azerbaiyán es independiente,  es adecuado recordarle como miembro de la nación Azerí. Gente como Tofik Bahramov sólo nace una vez en cien años”
El primer árbitro que tiene una estatua y un estadio a su nombre.

Foto: http://es.fifa.com/search/index.htmx?q=referee&p=associations

Mariano Jesús Camacho.