La cantera del fútbol español siempre ha constituido un auténtico filón de lujo y por explotar en la posición más volátil de un equipo de fútbol. Y hablo de volatilidad no porque sea una posición sujeta a muchos cambios sino por la facilidad con la que se emiten juicios de valor sobre la que constituye para mí la demarcación más complicada de este deporte.
Pues son los guardametas los últimos defensores de nuestro equipo, a los que a diferencia de volantes y delanteros no se les perdona un solo error y jamás se emite sobre ellos una crítica constructiva global que enjuicie su labor en el cómputo general de una temporada –excepción hecha del Trofeo Zamora-.
Por todo ello sigo echando en falta perfiles de bronce que dibujen el vuelo mortal de nuestros porteros y por ello recuerdo y guardo líneas especiales de mi cuaderno de navegación diario para viejas manoplas de cuero.
Perfiles hercúleos de reflejos felinos que concentran todas sus sensaciones en sus palmas, aún desnudas en los inicios de este deporte, y luego protegidas con manoplas o guantes sujetos a continua evolución. El primer contacto con el esférico, la palma plana –flat palm-, el Roll Finger, un tipo de diseño extensamente utilizado por porteros británicos y el corte negativo.
Herramientas de trabajo del jugador del que cuelga gran parte de la personalidad de un equipo de fútbol, el que ordena y manda en la defensa. Perfiles que merecen sin ningún tipo de duda más recuerdos esculpidos y que en el caso del fútbol español cuenta con uno de ellos en A Coruña.
Su nombre Juan Acuña y su apodo Xanetas, quizás no el más legendario de la historia del fútbol español pero seguro entre los más grandes de la historia de la Liga española. El puñetazo de piedra de un chico nacido en 1923 que comenzó su carrera deportiva en las filas del Sporting Coruñés cuando era niño y donde fue formándose como portero.
Su vuelo por el Eureka, por las secciones inferiores del Depor, y su palomita hacia el primer equipo del Depor. Conjunto con el que debutó ante el Racing de Ferrol en 1938 con tan sólo 15 años. Una carrera fiel a unos colores que jamás traicionó pese a tener ofertas de los principales clubes españoles. Fidelidad que quizás perjudicó su fama a nivel internacional, ya que por entonces el Coruña era uno de los modestos del fútbol español.
Internacional tan solo en una ocasión con la selección española, concretamente un 28-12-1941 en Valencia en un España 3 – 2 Suiza. Algo sin duda injusto ya que aunque fue convocado para el Mundial de Brasil de 1950, el seleccionador antepuso a su sobrino Eizaguirre y cuando éste se lesionó, le dio la oportunidad a Ramallets que realizó un gran papel. Aunque lo verdaderamente penoso fue el veto que le hizo el por entonces Presidente de la Federación Española de Fútbol (Muñoz Calero que cerró su paso a la selección por cuestiones un tanto dudosas).
En todo caso un sensacional portero, el menos batido de la Liga en las temporadas 1941, 42, 43, 49, 50 y 51.
Dieciséis históricas temporadas defendiendo la meta del Deportivo, hasta 1955, año en el que decide colgar los guantes a la edad de 33 años. Producto genuino de la escuela gallega de porteros, aquel al que Ricardo Zamora personalmente llegó a proclamar de forma pública como su heredero.
Famoso por sus despejes y sus salidas de puños, ágil y de enormes reflejos pese a su gran talla, un excelente guardameta al que se le puede considerar como el mejor portero español de la década de los 40. El que era para los delanteros de la época como Basilio, Zarra, Araújo, Martín, Campanal…, el portero más difícil de batir de la Liga española.
Como dije el perfil volador esculpido en piedra que a la espera de otra escultura en recuerdo de otro compañero goza del honor de representar a toda una estirpe de grandes porteros españoles. Una estirpe que comenzó con Zamora y Eizaguirre y continuó con Carmelo Cedrún, Ramallets, Iribar, Sadurní, Miguel Reina, Miguel Ángel, García Remón, Esnaola, Urruti, Paco Buyo, Luis Arconada, Andoni Zubizarreta, Santi Cañizares, Pepe Reina, Víctor Valdés e Iker Casillas.

Al que se le recuerda cada año desde que la Diputación Provincial de A Coruña tuvo la feliz iniciativa de instituir el trofeo “Juan Acuña”, y por el que preguntan los jóvenes aficionados cuando pasan por las inmediaciones del Estadio Riazor,  junto a la escultura erigida en su honor. Al que se recordará siempre por sus valientes salidas tanto con sus pies como con sus puños.

Fuentes:

http://www.canaldeportivo.com/club/historia/ja.html

Foto: http://www.flickr.com/photos/jlcernadas/3581926391/