En julio de 1960 Angelo Moratti por entonces presidente del Inter Milan cerraba la contratación de Helenio Herrera como entrenador, al conjunto neroazzuro llegaba un personaje que era mucho más que un técnico de fútbol. Experto en sacar el máximo rendimiento a sus jugadores y a todas las circunstancias que rodean al fútbol. Un motivador excelente que encajó a la perfección en el estilo táctico y la filosofía del fútbol italiano. El Mago fabricó un equipo que de la mano de los Mazzola, Luis Suárez, Corso, Picchi, Facchetti y compañía consiguió 3 títulos de Liga 2 Copas Intercontinentales y las dos Copas de Europa, que convirtieron a aquella generación en legendaria. Y han tenido que transcurrir 45 largos años de espera para que el Inter se encuentre nuevamente a las puertas de la gloria europea.
Mucho tiempo en el que Massimo Moratti ha dilapidado buena parte de su fortuna,  y es que si alguien sabe de proyectos fracasados a golpe de talonario es él. Hijo del mítico Angelo Moratti que ahora y tras la eliminación del Barcelona –sobre el que sigo pensando lo mismo pese a la derrota– en semifinales, tendrá la sensación de que la contratación de José Mourinho en el verano de 2008 le permitió encontrar por fin su piedra filosofal, aquel Mago que hizo entrar en la leyenda al Inter de su padre.
Pero aún reconociendo que ambos técnicos comparten rasgos de personalidad y profesionalidad que les iguala estoy absolutamente de acuerdo con la opinión de Fiora, viuda de Don Helenio:
“Los dos son concretos, inteligentes y honrados y muy psicólogos”, “Ambos saben comunicar, son de pocas palabras pero contundentes”–, pero existen diferencias en su fútbol: “HH solía utilizar muy a menudo el contraataque  fulminante, con alas sorprendentes y muy rápidas (Jair). Mourinho prefiere un juego compacto. La fuerza de su equipo, su columna vertebral, se articula en la inteligencia de los cuatros argentinos: duros, fuertes y que no pierden tiempo en malabarismos, que además se entienden a ojos cerrados entre ellos… sin hablar”.
En todo caso lo escenificado fuera del terreno de juego por el de Setubal entra dentro de su habitual trampa psicológica, con la que desquicia al rival y a su entorno, desviando la atención sobre su persona y descargando de presión a sus futbolistas.
Mou nunca ha guardado las formas, es así no hay más, sabe que en el fútbol se juegan muchos partidos paralelos y suele tener todo muy atado en lo referente al ambiente que desea generar. Además como técnico nunca ha engañado a nadie, tiene muy claro cómo, cuando y dónde debe jugar con un estilo determinado.
Aquel que en la forma le separa del aficionado al fútbol pero que en el fondo le acerca al éxito y al tifoso del Inter, que no quiere otra cosa que ver a su equipo en la final.
La eliminatoria ante el Barça escenificó el enfrentamiento de dos estilos diametralmente opuestos, dos filosofías antagonistas de las que salió ganador el conservadurismo, el fútbol resultadista y defensivo del Inter, al que pese a sus formas de llegar al éxito hay que felicitar.
Pues el fútbol desde tiempos inmemoriales siempre tuvo dos caras, desde que el Wunderteam perdió ante la Italia de Pozzo, los Magyares perdieron ante la Alemania de Fritz Walter, la Naranja Mecánica cayó ante la Alemania de Beckenbauer o desde que la Italia de Rossi noqueó a la Brasil de Telé…
Y es que la historia en fútbol en lugar de cíclica debería catalogarse como espiral, los hechos se repiten a grandes rasgos, pero siempre en una escala mayor cada vez.
Pero ojo pues queda por vivir el último asalto, aquel que se escenificará en Madrid y en el Bernabéu el próximo día 22. Allí otro viejo conocido de los banquillos de la Champions como Louis Van Gaal -estará en su tercera final- pondrá a prueba las teorías táctico-psicológicas de Mou, puesto que el Bayern será también protagonista de la final inédita y amenaza con volver tras ocho años de ausencia.

Fuentes:

http://www.canchallena.com/1256044-el-legado-de-helenio-herrera

http://es.eurosport.yahoo.com/28042010/47/historias-futbol-helenio-herrera-mourinho-conquista-europa.html

Mariano Jesús Camacho.