Realizada entre los años 1780 y 1784 a partir de un diseño de Ventura Rodríguez por el escultor Juan Pascual de Mena en mármol blanco del pueblo de Montesclaros hay una estatua en Madrid que durante el día te cautivará por su belleza y majestuosidad, y al caer la noche te deslumbrará con todo un espectáculo de luz y agua, pues de esta fuente brota el poder y la fuerza del hijo de Saturno y Ops, hermano de Júpiter y gran señor de los mares.

Allá donde encontró su morada y donde a golpe de tridente se muestra como un ser poderoso, superior, pero inestable como el mar o la mar -como versaría Rafael Alberti-. Simbolizado también bajo la forma de un caballo es sustentador de nuestro planeta, pues sus bellos océanos moldean la vida de la azul esfera en la que vivimos. Dios romano llamado Neptuno y como dije tan inestable como aquel conjunto madrileño que festeja sus triunfos a los pies de sus caballos de mar,  y junto a los delfines que juegan entre las hidroturbinas de su carruaje de concha. Un ser mitológico y un equipo mítico que tras varios años dormidos acaban de despertar para hacer soñar a los aficionados colchoneros.
Ser admirado y temido con poder sobre las tempestades y que lucha con su sobrino Eolo para despejar de cenizas volcánicas el vuelo de la marea rojiblanca hacia la ciudad libre y hanseática de Hamburgo.
Una fuente y una escultura rodeada por bellos edificios del siglo XVIII y XIX como el Palacio de Villahermosa, conjunto artístico e histórico que me sirve como mural recordatorio de grandes gestas, lejanas en el tiempo pero a fin de cuentas gestas que moldearon la historia y el sentir de una afición especial, singular.
Aquella que hace aproximadamente década y media conquistó un doblete histórico bajo el preciso golpeo de un futbolista llegado de tierras griegas, allá donde la mitología se confunde con la piedra y el deporte con la llama. Su nombre Milinko Pantic, letal a balón parado y una de las cabezas visibles de aquel histórico conjunto de la clase de Caminero, del arte de Kiko Neptuno, de Simeone el guerrero, Vizcaíno, el incansable, Molina –con perdón- “El Huevos Grandes” y Solozabal, el capitán.
Y digo cabeza visible porque de un cabezazo suyo -su primer gol en esta modalidad en toda su carrera- nació el histórico doblete y el gol decisivo que en la prórroga le dio la Copa del Rey a su equipo contra el FC Barcelona en Zaragoza. Circunstancia por la cual fue elegido por Jesús Gil para pasar a la posteridad en forma de busto gracias a las hábiles manos del escultor Santiago de Santiago Hernández. Un busto que se puede contemplar en la zona noble del Estadio Vicente Calderón. 
Dos perfiles de piedra que en Madrid sirven para simbolizar colores rojiblancos, el primero el de un dios romano, allá en la Plaza de Cánovas, donde la piedra se convierte en agua al brotar de su tridente –Reyes, Forlán y Agüero- y el segundo el de “Sole” Pantic, ser mitificado por una afición que aún mantiene vivo el recuerdo de aquel legendario cabezazo y sobre todo de su milimétrico golpeo. Acción que escenifica cada domingo, Margarita, la mujer que deposita un ramo de flores en los córners en honor a sus saques de esquina. 
Crónicas e historias en piedra de años legendarios que vuelven a cobrar vida con otra oportunidad histórica para seguir engrandeciendo su propia leyenda.
 
Fotos:

http://www.flickr.com/photos/noabso/2558411289/

http://www.colchonero.com/busto_de_pantic-fotos_del_atletico_de_madrid-igfpo-80173.htm

Mariano Jesús Camacho.