“El loco”, “El Garrincha argentino”, “El dueño de la raya”, “Arlequín” o “Jugador de dibujos animados”, todos ellos apelativos destinados a la memoria de un irrepetible puntero derecho (wing derecho o ala diestra) que dejó su firma estética por las canchas argentinas. Su nombre Orestes Omar Corbatta Fernández.
Sin duda un tipo único, el rey del engaño, prestidigitador del balón y mago de la gambeta. Lo de “loco” le venía por la majestuosidad estética de su fútbol y por lo imprevisible y genial. Sus anécdotas perfilan la leyenda y peculiaridad de su fútbol, otro fútbol, otra época, partidos memorables entre Racing y Ferro, y acciones impensables en el fútbol de hoy día. La endiablada incursión hasta el campo de Ferro para volver hacia su portería, librarse de dos defensores y mandar un genial pase en la particular interpretación de su juego. Ahí su bendita locura, su genialidad pegada a la cal, conocido como “dueño de la raya” porque ese era su espacio natural, su radio de acción, el filo del alambre en el que este funambulista empujaba rivales hacia el abismo.

Fuente de inspiración del periodista deportivo de la época, el cronista que encontraba en su fútbol y su personalidad las excusas perfectas para crear. Apodos que redactaban las viejas crónicas de su fútbol, “jugador de dibujos animados” utilizado por un periodista chileno para definirle, la visión de Juan José Pizzuti cuando le bautizó como “Arlequín”. Un tipo genial al que la historia también bautizó como “Garrincha argentino”, pues ambos pertenecían a aquella estirpe de wingers predestinados a hacer disfrutar a los aficionados y sufrir a sus rivales. Futbolistas legendarios que poseen una relación tan especial con el balón, que este se resiste a despegarse de su bota derecha, un linaje místico entre el que podemos encontrar a Stanley Matthews, George Best, Corbatta, Garrincha, Julinho Botelho…
En el caso de Oreste Omar Corbatta, uno de los mejores futbolistas argentinos de la historia, máximo ídolo de Racing Club Avellaneda. Uno de esos locos geniales que de cuando en cuando el fútbol nos da,  integrante de “Los Carasucias de Lima”. Delantera legendaria que integró junto a Humberto Maschio, Antonio Angelillo, Enrique Omar Sívori y Osvaldo Cruz durante el Sudamericano (actual Copa América) de Perú 1957.
El mejor gol de su carrera anotado, un 20 de octubre del 57, en la cancha de Boca, jugando con la selección frente a Chile, por las eliminatorias al Mundial de Suecia. Acción en la que Corbatta se sacudió de encima a dos rivales con su gambeta eterna, encaró al guardameta, lo burló, se frenó en seco y tras observar con el rabillo del ojo la llegada de otro defensor chileno, lo esperó para con un amague tirarlo al suelo dejándolo pasar. Luego otro amago más y un toque sutil para mandar la bola a dormir junto a un palo, tras dejar sentados a otros dos chilenos. Un golazo que hizo que la revista estadounidense Life, por entonces tal vez la más prestigiosa del mundo, publicara en su portada por primera y única vez una secuencia de fútbol con la foto de Corbatta.
El barroco hecho fútbol, puro Góngora, culteranismo, metáfora, hipérbaton…

Su vida, una anécdota continua, una de ellas la contada por el zaguero de River, Federico Vairo:
“En una ocasión, ni bien empezó el partido se me había parado al lado mío y se me quedó ahí, lo que ya me ponía nervioso. De pronto me miró y me dijo ¿Cómo anda tu madre?… ¿y de la vida de tu hermana qué es? A lo que le respondí ¡Callate y jugá!… Cuando termine el partido “nos vemos afuera” si tenés algo que decirme… Con eso se calló la boca y me dejó de embromar”. “Tras finalizar el encuentro, mientras nos estábamos duchando golpearon la puerta del vestuario. ¡Era él que me venía a buscar! Salí con toda precaución… y ví que quería charlar conmigo en serio, venía a invitarme al vestuario para tomar algo porque cuando intentó hacerlo inicialmente en el campo me había enojado”.

Su fútbol generaba tanta admiración en los aficionados como irascibilidad en sus rivales, cuentan que en 1956, en un partido amistoso entre Argentina y Uruguay, en Montevideo, comenzó a hacer malabares y rompió en diversas ocasiones al duro Pepe Sasía. En una de esas acciones otro uruguayo, quiso frenar su superioridad y le hizo una dura entrada que lo dejó retorciéndose en la hierba. Entonces, con la apariencia de darle consuelo, se acercó Sasía y sorpresivamente le pegó un puñetazo en la boca. Desde aquel día, a la sonrisa de Oreste Omar Corbatta le faltaron dos dientes.

Corbatta tenía la gambeta y el gol en su cabeza, para él eran acciones indivisibles, el “Loco” veía el fútbol así: “Nunca me ponía de frente a la pelota, siempre de costado. Le pegaba con la cara interna del pie derecho y en el medio, con un golpe seco. Además, agachaba la cabeza para que el arquero no adivinara dónde iba a tirar y en cambio yo veía todo lo que él hacía. En cuanto se movía era hombre muerto…”.

Ese era Corbatta, un hombre de personalidad bohemia, anárquico, amigo de la noche, que se avergonzaba de su analfabetismo y que hacía como el que leía cuando llegaba un periodista. Un hombre al que la pobreza no le permitió recibir la educación básica que merece cualquier ser humano, pero a su vez un ser humano que buscó otra alternativa para hacer fluir su genialidad. Otro de esos locos bajitos que se incorporan, de aquellos de los que hablaba Serrat en su canción y que con sus 1,65 m, 62 kg de peso y alma de niño no paró de joder con la pelota.

Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Corbatta
http://www.clubdelprogreso.com/index.php?sec=04_05&sid=43&id=3951
Mariano Jesús Camacho.