Si tuviera que hacer una tesis sobre el arte pictórico del siglo XX y en concreto sobre uno los genios que nos brindaron su talento y eterna rebeldía durante ese periodo de tiempo no tardaría en percatarme que la figura idónea para comenzar a trabajar en dicha tesis sería la de Joan Miro.

Genial artista barcelonés que convirtió pintura en antipintura y materializó en sus obras sus ideas, tratando de alejar su obra el concepto de objeto comercial, rebelándose y trabajando con materiales imposibles. Llegando a acuñar su famosa frase: ‘Hay que asesinar la pintura’, encuadrada en una época oscura a escala mundial, que le llevó a un estilo propio y único. Quizás como dijo Umland, “Miró respeta toda la tradición pictórica”. “Pero cree que para encontrar un nuevo lenguaje hay que declarar la muerte de la pintura. No se trata de abandonar los pinceles, sino de experimentar con ellos”.
Llamado también asesino del arte, -como otros grandes de la pintura- pagó caro el hecho de crear a partir de algo nuevo pese a que la crítica de la época le aplaudió. Sus obras dejaron de venderse y llegó a pasar hambre. Es más cuentan que una vez le ofreció a su portera unos dibujos a cambio de un plato de estofado de ciervo. Ella le dio el estofado gratis, y cuando se dio la vuelta, rompió los dibujos.
Alérgico al “cretinismo” de los intelectuales, Joan Miró esbozó su genialidad sobre superficies imposibles, desde un mejillón hasta un hueso, todo valía para su pintura y antipintura, su cultura y anticultura. Quizás por ello se atrevió a adentrarse en el mundo del fútbol en alguna de sus obras, un mundo habitualmente despreciado por la intelectualidad, no así por los artistas, capaces de apreciar y plasmar en sus obras la expresión estética, corporal y social del fútbol, y en definitiva del deporte.
Al hilo de ello y aprovechando la inminente celebración de un Mundial, me gustaría recordar la obra de arte con la que expresó su visión del Campeonato del Mundo de fútbol, el de España de 1982.

Un cartel, una obra, a la que dio por título “La fiesta”, impregnado de estilo propio, colores primarios, visión personal del mundo y  movimiento. El vuelo de un futbolista hacia el cielo para conectar un cabezazo con el balón o lo que es lo mismo la continua relación ideológica de su obra. La conexión entre la tierra y el cielo, que en este caso es representada por un balón y un futbolista, habitualmente era representada por el genial artista a través de un pájaro y una mujer.

"La fiesta"

Fuentes:

http://www.fundaciomiro-bcn.org

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Miro/asesino/pintura/elpepicul/20081029elpepicul_6/Tes

Mariano Jesús Camacho.