Julio Cardeñosa fue un futbolista extraordinario, del mismo linaje que ha llevado hoy en día a la selección española a la gloria. Vallisoletano de nacimiento y bético de adopción se convirtió en el “libre pensador” del conjunto verdiblanco gracias a sus medidos pases largos al hueco, sus quiebros artísticos y sus remates duros y bien colocados, los cuales se combinaban con una apariencia física un tanto frágil pero que encubría a un centrocampista de gran habilidad con el balón. Era en definitiva una de los jugadores con más talento del futbol español de su época. Su sobresaliente debut con la selección española un 30 de noviembre de 1977, en Belgrado en el encuentro clasificatorio para el Mundial de Argentina 78, en el que España alcanzó la victoria frente a Yugoslavia le confirmaba como uno de los firmes valores de aquella selección pero esa supuesta fuerza sobrenatural que guía las vidas de los hombres de forma necesaria y, a menudo, fatal le tenía guardada una de sus caprichosas jugadas.

Los griegos llamaban al destino «Anagké» y lo consideraban una fuerza superior no solo a los hombres sino incluso a los mismos dioses. El destino era Moira (rebautizada como Fatum para la mitología romana). En el caso de Julio Cardeñosa aunque el azar y el error jugaron un papel determinante en aquella acción, todo apunta a que la predestinación, una Doctrina religiosa, bajo la cual se discute la relación entre el principio de las cosas y el destino de las cosas le colocó en aquel lugar, a aquella hora y ante semejante ocasión.

Cita con el destino.

Fue un 7 de junio de 1978, en el Mundial de Argentina, España se enfrentaba a la selección brasileña de los Zico, Cerezo, Dirceu, Rivelino, Roberto Dinamita… El escenario del partido fue Parque Municipal en Mar del Plata (actualmente José Maria Minella) y la hora las 13:45. El encargado de dirigir el choque fue el italiano Sergio Gonella.

Tras la derrota ante Austria (curioso giro del destino) por 2-1, el equipo de Kubala tenía la imperiosa necesidad de conseguir una victoria ante Brasil. España había aguantado ante la canarinha y esperaba su oportunidad para lograr la hazaña. Entonces llegó aquel fatídico minuto 74. El balón llegó bombeado sobre el portal defendido por Leao que, con todo a su favor, saltó a por el balón fuera del área pequeña. Pero allí irrumpió Santillana, que le ganó la acción con un salto prodigioso.

El balón quedó muerto en el punto de penalti, donde el bueno de Julio Cardeñosa se citaba con la historia. La portería estaba desguarnecida y tras acomodarse el esférico para asegurarse el gol, estrelló la pelota contra las piernas de Amaral. Empate a cero y España, eliminada.

Una acción que aún siendo menos trascendente que aquella actuación de Barbosa en el Mundial de 1950 por la que uno de los mejores porteros de la historia vivió estigmatizado, acabó por adquirir una vieja pátina alimentada por sucesivas frustraciones del curso del tiempo.

Viejos fetiches.

La historia va más allá puesto que ese extraordinario balón Tango Adidas, creado para la ocasión e inspirado en la intensa pasión, emoción y elegancia de Argentina aguardó treinta años guardado en un armario para sacudirse su aura maldita.

Y es que al finalizar el partido, Rubén Cano, jugador hispano-argentino de la selección española tuvo la idea de guardar aquel “no balón”, aquel “no gol” firmado por todos sus compañeros. Dicho balón se encuentra en un armario de la casa del delantero, en un piso de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires. El esférico firmado por todos los componentes de aquella selección que dirigía Kubala mantiene aún viva la magia del fútbol añejo. Un esférico en el que aún se adivinaban las firmas de Juanito, Urruti o Santillana de unos autógrafos casi borrados.

Cuentan que aquellas borrosas firmas de aquel Tango Adidas maldito se borraron por completo un 29 de junio de 2008, cuando un joven de Móstoles llamado Iker alzó al cielo austriaco la Eurocopa y, aquel viejo fetiche dejó de representar a varias generaciones estigmatizadas. Seguro que aquel día Julio respiró hondo y se sacó de encima ese estigma que le acompañó pero que nunca pudo borrar la inconfundible firma de su privilegiada pierna izquierda. Los años y aquella fecha histórica de 2008 le han liberado de forma definitiva, al punto de que ahora podemos verle protagonizar un anuncio publicitario en el que Don Julio visita tierras brasileñas, para en tono de humor trasmitir aquel gafe a un más que posible rival directo de nuestra selección en el Mundial de Sudáfrica.

Lejos queda ya aquella acción que le estigmatizó en Parque Municipal de Mar del Plata. Cosas de la vida, de lo cotidiano, cosas del fútbol en el que viejos mitos caen cada día…

Fotos:

http://www.elpais.com/recorte/20071209elpepidep_4/LCO340/Ies/Julio_Cardenosa_durante_Yugoslavia-Espana_1977.jpg

http://matador.elconfidencial.com/2007/12/fetiches-futboleros.html

Mariano Jesús Camacho.