El Mundial de 1974 siempre será recordado por el vibrante y espectacular duelo que mantuvieron a lo largo del torneo Alemania y la ‘Naranja’ Mecánica holandesa con su ‘fútbol total’. Ciertamente lógico resulta el hecho de que ambas selecciones se repartan la gloria arrancada de la patina del recuerdo pero hubo otra selección que a mi modo de ver merece ser rescatada del olvido y las crónicas históricas: Polonia.

Hasta este mundial Polonia no había deslumbrado en sus citas internacionales, y su gran figura era Wodzimierz Lubanski, puntero izquierdo del Gornik, que no pudo jugar el mundial por lesión, pero en 1974 todo cambió. Los Tomaszewski, Zmuda, Kasperczak, Deyna, Lato, Szarmach y Gadocha, reclamaron un sitio en la historia. Tras una espera mundialista de 36 años, en Alemania 1974 quedó encuadrada en el grupo 4 junto con Argentina (triunfo 3-2 ), Haití (triunfo 7-0) e Italia (triunfo 2-1). Clasificó primero, invicta sembrando zozobra en sus rivales.

El fútbol que desplegaron ya desde la primera ronda fue sensacional, sorprendieron a aficionados y rivales. El sistema empleado por el conjunto polaco de Gorski, evolucionó de un 4-2-4, a un 4-3-3.

Era un auténtico equipazo, el guardameta Tomaszewski, apodado el ‘Payaso’, recibió los elogios de todos por su agilidad y reflejos, además poseía unos grandes y larguísimos brazos que le permitían neutralizar todo tipo de situaciones peligrosas. El grandote central Jerzy Gorgon acompañaba a Wladyslaw Zmuda, defensor de 1,86 m. de estatura y 78 k. de peso, un defensa central de altura, potente, eficaz, seguro y resistente. Toda una roca.

Arriba la calidad y la velocidad constituía el elemento de desequilibrio diferenciador, con dos extremos geniales, en la izquierda Gadocha, un excelente extremo zurdo, dotado de una gran potencia y velocidad en carrera. En la derecha Grzegorz Lato, todo un líder, un velocista actuando como extremo, futbolista que al que también adornaba otras serie de virtudes, pues además de buen goleador era un todoterreno que sumaba a su gran pundonor unas exquisitas cualidades técnicas. En punta estaba Szarmach, un delantero de 1,78 m. de estatura y 73 k. de peso, con mucha calidad y una excepcional capacidad para el remate. Y un poco más retrasado haciendo de enganche al inteligente y extraordinario Kazimierz Deyna, el cerebro de aquel equipo, fino y potente a la vez, dotado también de un excepcional disparo.

Lato, Szarmach, Gadocha y Deyna, cuatro espadas que dejaron constancia de su clase, cuatro futbolistas de época, representantes de una talentosa generación, que desplegó fútbol de ataque, veloz y técnico. Fútbol rápido y contundente, letales en el golpeo al esférico desde media distancia. Una línea que con los números en la mano se convirtió en el mejor ataque del torneo con 15 goles. De entre ellos Lato demostró su condición de crack, erigiéndose como máximo goleador con 7 goles, marcados a Yugoslavia, Suecia, Italia o Argentina….

Desafortunadamente en aquel mundial el sistema de competición era distinto, el cuadro constaba de dos rondas eliminatorias, directamente clasificatorias para la consolación y la gran final, por lo que los aficionados no pudieron ver un enfrentamiento que habría sido puro fútbol: Polonia-Holanda. Finalmente nos tuvimos que conformar con un Alemania-Polonia en el que los anfitriones sudaron sangre para eliminar a Polonia y un Brasil-Polonia en el que se pudo comprobar la superioridad polaca. Polonia derrotó a Suecia 1-0, a Yugoslavia 2-1 y cayó con Alemania 0-1 con gol de Müller en el minuto 76, pero absolutamente a nadie le hubiera sorprendido que Polonia se hubiera plantado en la final, puesto que el conjunto del modesto Kazimierz Gorski puso mucho fútbol en aquellos campos alemanes.

Polonia no llegó a ser Holanda, tampoco pudo tumbar a Alemania -aunque casi lo consigue- pero desplegó fútbol espectáculo a lo largo de toda competición, haciéndose acreedor a un más que merecido tercer puesto. Una tercera posición conseguida tras eliminar a Argentina y vencer en el partido por el tercer y cuarto puesto a Brasil, que tenía en sus filas a Rivelino, Dirceu y Jairzinho entre otros.

Cuatro años más tarde volvería a brillar con un joven Zbignew Boniek, pero nada comparado a lo que se pudo ver en aquel Mundial de 1974 en el que Polonia quizás quedó en un segundo plano ante Holanda y Alemania, que coparon todas las páginas históricas.

Y por ello este pequeño recuerdo…

 

Fuentes:

 

cyber-futbol.com.
 

 

 

www.contrapie.com

Mariano Jesús Camacho.

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