El rap es un estilo musical surgido de los barrios negros e hispanos neoyorquinos, vinculado desde inicios de los ochenta a la cultura musical del hip hop constituye uno de sus cuatro pilares fundamentales. El intérprete del citado estilo es conocido como MC -maestro de ceremonias- que realiza una recitación rítmica de rimas, juegos de palabras y poesía a capella o con una base musical denominada como beat.
Un estilo que posee un componente racial muy alto, sus letras con la firma del MC constituyen  la voz de la calle, del barrio, y por tanto gozan de un punto de rebeldía e irreverencia que le confieren un alto poder de atracción. Y hablando de irreverencia, rebeldía y diferencia me gustaría destacar la estelar aparición en el Mundial de Sudáfrica del joven enganche de la selección alemana.
Hijo alemán de inmigrantes turcos, nacido en el viejo pueblo minero de Ruhr en Gelsenkirchen y criado futbolísticamente en las inferiores del Schalke constituye a día de hoy el elemento diferenciador del orden, la fiabilidad y potencia, que siempre han caracterizado al fútbol alemán. Ese nº10 -aunque juega con el ocho- que tanto esperaban, el futbolista que piensa el juego de una manera diferente a la de sus compañeros, que genera el fútbol con su cabeza y le sale por los pies. El mejor intérprete de ese fútbol imaginativo y puro de la calle que otros futbolistas como Fritz Walter, Overath, Hansi Müller, Magath, llevaron a la Nationalmannschaft.
Además ejemplo de una selección alemana ya integrada en el mestizaje, afortunadamente muy lejana ya al caduco Lebensraum, una bocanada de aire fresco que bajo la dirección técnica de Joachim Löw ha sabido captar y amalgamar la diversidad cultural que se vive en el mundo actual. Un equipo ancho para jugar profundo, allá donde resurge la figura de Mesut Özil, futbolista con mucho encanto, con una gran cuota de fineza e improvisación y generador de situaciones de peligro constantes. De esos privilegiados que ven la jugada antes de producirse, pero del que habría también que comentar que disputa el Mundial como titular por la baja por lesión de Michael Ballack.
Paradójicamente y bajo mi punto de vista la mejor noticia para Alemania, la irrupción de este futbolista al que ya apuntamos como futura estrella cuando le vimos con la sub 21 de Alemania y le sufrimos con el Werder Bremen.
Hoy en día la música que da color a la ordenada orquesta alemana, aquella poesía y recitación rítmica que propone Özil con su fútbol rapeado. Ese tipo irreverente que amaga cuando debe hacerlo, hace un pase sin tocar el balón y aporta la personalidad peculiar de un chico que lidera la generación del talento y la diversión. Aquella a la que Low ha ido dando entrada de forma paulatina en la selección alemana, la de los Özil, Marin, Khedira, Kroos, Müller…
Una nueva Alemania surgida de la imaginación de un joven futbolista al que denominan como el “Messi de Alemania”, al que su alma de rapero le delata, pues le acerca a esa irreverencia, a esa rebeldía del fútbol de barrio, a la teoría del caos, ciclo de orden, desorden…
Quizás por ello tiene tan claro qué va a hacer después del fútbol: dedicarse a la música, y en concreto al rap, donde está haciendo sus primeros pinitos, al lado de su amigo, el rapper alemán Jan Delay, con quien ya ha grabado un disco.
Sin ningún género de duda el maestro de ceremonias de la selección, el MC de Alemania.
Mariano Jesús Camacho.