Aunque sea duro para la profesión de guardameta se suele decir que cuanto menos se hable de tu portero mejor será para tu equipo, puesto que ello significará que o bien te han generado escasas ocasiones o el guardameta ha resuelto con eficiencia y sin errores las escasas incursiones del rival en el área.
Por ello mala señal será sin duda el protagonismo cobrado por los guardametas en este inicio de Mundial y no precisamente por la brillantez de sus acciones sino por todo lo contrario.

Y es que demasiado están dando que hablar los guardametas en el Mundial de sudáfricano, más aún teniendo en cuenta que hasta el momento el controvertido Jabulani poco ha tenido que ver en todo ello. Cierto es que el citado esférico es más enemigo que amigo, pero lo visto hasta la fecha solo responde a las numerosas indecisiones y errores que han cometido los arqueros en los estadios sudafricanos.
Hasta ahora hay dos grandes damnificados de todo ello: el guardameta inglés Robert Green y el argelino Chaouchi, ambos enviados a la nevera por Fabio Capello y Rabah Saadane, sus respectivos entrenadores. Dos decisiones controvertidas puesto que la mejor forma de hacer fuerte y madurar a un guardameta es reafirmar toda la confianza en sus posibilidades en los momentos complicados, más aún si los sustitutos ofrecen menos garantías que los supuestos titulares, como son los casos de David Calamity James y R.Mbholi.
Y para el caso tras lo acontecido entorno a la figura del guardameta en este Mundial, en el que las malditas vuvuzelas parecen haber desconcentrado a los para mí superhéroes de los tres palos, viene que ni pintada la anécdota protagonizada por el histórico guardameta argentino Carlos “el Loco” Fenoy.  Peculiar y buen guardameta que militando en las filas de Newell’s Old Boys, recurría a una curiosa estrategia para trabajar poco cuando la pereza le invadía en alguno de sus entrenamientos. Y es que cuentan que el bueno de Fenoy se dedicaba a clasificar los balones que le lanzaban sus compañeros en dos grandes grupos: parables e imparables.
Fenoy hacía huelga de manos caídas, no se movía un ápice en busca de la trayectoria dibujada por el esférico en los golpeos de sus compañeros y enjuiciaba  el resultado si hubiera tenido ganas de entrenar: “parable”, “a fuera”, “palo”, “imparable”…
Pero como dije no movía un solo dedo y si en algún caso era reprochado por ello, perfilaba su rostro con un halo de intelectualidad y respondía con la siguiente sentencia: “Hoy, teoría”.

Mariano Jesús Camacho.