Delesio Antonio Berni fue uno de los maestros de la pintura argentina, un niño prodigio que con apenas diez años ya trabajaba en un taller de vidrieras y con quince años logró una beca para seguir formando su inagotable talento artístico fuera de su país.
Este rosarino hijo de piamonteses recoge y plasma sus vivencias y las del mundo de su época a través de sus manos, sus obras y sus personajes. Su obra engloba elementos fundamentales de la pintura europea de finales del siglo diecinueve y principios del veinte y los incorpora a su visión argentina. A aquella realidad social que se vive en su país y que de tan ejemplar forma plasma en sus cuadros a través de sus personajes y en concreto de dos de ellos: Juanito Laguna y Ramona Montiel.
Niños héroes de la calle que protagonizan la asombrosa historia diaria de la supervivencia humana en las grandes ciudades del mundo. En el caso de Juanito Laguna la representación perfecta de un chico de “las afueras”, surgido de la observación de la realidad del Gran Buenos Aires y sus villas miseria, y en el de Ramona el de una chica convertida en prostituta que escenifica a diario la doble moral social y religiosa del marco social en el que habita.
Un artista genial que nos mostró a través de sus monstruos sus concepciones pictóricas del surrealismo y el neorrealismo, su nueva visión del arte y el mundo, sus angustias, su proceso creador.
Hov día, varias décadas y muchos años después desde que Berni nos ofreciera su particular visión del mundo a través de su pintura, podemos comprobar que este planeta ha cambiado en algunos aspectos -especialmente en avances tecnológicos-  pero en esencia muy poco. En cada ciudad, cada pueblo o cada barrio, podemos encontrar a uno o varios Juanitos Laguna o alguna que otra Ramona Montiel. Las villas miseria siguen existiendo en cada país y la doble moral es la falsa moneda común con la que se paga a diario.
Quizás en días como hoy en los que recordamos que se cumplen 22 años que Diego Maradona pidió prestada la mano a Dios para hacer el primer gol a los ingleses y la pierna zurda para hacer el segundo, sea bueno recordar que este Mundial de la vuvuzelas se vive a pocos metros de la miseria, de la doble moral y en el continente más castigado por la desigualdad humana.
Y sería bueno recordar todo aquello porque hoy desde el banco de la albiceleste, ese mismo Diego, -otro Juanito Laguna más surgido de una de aquella villas miserias que tuvo la gran suerte de nacer con un don que le permitió ser libre sobre la hierba “su barrio” y esclavo en un mundo de ricos- puede contemplar una de las pocas cosas con las que quizás se identifique. Para mí de las contadas cosas que me permiten soñar en este torneo, en el que nada quedó para la improvisación: la línea ofensiva compuesta por Messi, Tévez, Agüero, Higuaín, Diego Milito, Di María… 
Posiblemente chicos muy diferentes a aquellos Juanitos Laguna que pintaba Berni, lejanos a los  “Carasucias de Lima”,  pero hoy día lo más parecido que podemos encontrar, pues pese a que sus historias personales no pasaron por las miserias y la realidad social que nos retrató el genial pintor rosarino, su fútbol ofensivo en esencia sigue teniendo alma de potrero, de puro barrio.
Y es que es precisamente eso lo que representa para mí la línea ofensiva de Argentina con Messi y Agüero a la cabeza: aquellos Campeones de Barrio que Delesio Antonio Berni pintó en el año 1954. Una obra también titulada Team de fútbol.
 
Fuentes:
http://www.latinartmuseum.com/berni.htm
http://www.mondolatino.eu/arte/pintores/antonioberni.php

Mariano Jesús Camacho.