El fútbol brasileño ha reportado a la historia de este deporte una interminable e inagotable saga de talentos únicos con los que han disfrutado numerosas generaciones de aficionados al balompie. Aún recuerdo vivamente tardes de agosto y fútbol en las gradas de Carranza, modesto estadio gaditano que acogía el Trofeo del mismo nombre conocido y valorado antaño como la Pequeña Copa del Mundo.

Una cita veraniega muy querida por equipos y futbolistas de todo el planeta y en especial por los de procedencia brasileña. Pasaron Flamengo, Palmeiras, Fluminense, Sao Paulo, Santos, Corinthians, todos ellos a ritmo de samba y poblados de rutilantes estrellas que te pagaban la entrada con un regate, un control, un golpe franco…

Todos y cada uno de ellos sin excepción te acercaban a la magia, a esa capoeira con un balón con la que nos obsequiaba constantemente el futbolista y el fútbol brasilero. Desde el punta pasando por el extremo, por el medio, el central y llegando al lateral, todos cercanos a la concepción del fútbol de Zezé Moreira y su discípulo Telé Santana. Nada que ver con la concepción del fútbol actual de la selección dirigida por Dunga, encorsetada tácticamente en las ideas de su técnico. Una concepción futbolística que respeto y valoro pero que me cuesta identificar con los colores de la verde-amarelha y de la que el aficionado al fútbol se siente cada vez más lejano.

Muchos hablan de una etapa final en la evolución experimentada por el fútbol brasileño en los últimos veinte años, en los que el futbolista de procedencia brasileña se ha ‘europeizado’ amalgamando las virtudes técnicas del brasileño con las excelencias físicas por ejemplo de un futbolista alemán y las tácticas de un italiano. Todo para construir a un superfutbolista, a una superselección, que para mí aún siendo temible en muchos aspectos no nos acaba de llegar. Una involución en toda regla, a mi juicio la más flagrante pérdida de identidad y abrazo a la globalización futbolística de un modelo que nos convierte en números, nunca en recuerdos.

Respeto y valoro mucho el trabajo de Dunga pero hace exactamente 28 años el que suscribe iba con Brasil en la Copa del Mundo de España de 1982, lo demás era épica, táctica… Lo de aquella Brasil de Telé era puro fútbol y por ello en esta ocasión además de ir con España siempre iré con alguna selección que apueste por la esfericidad del balón y la horizontalidad y frescura del pasto recién cortado. Con Holanda, Argentina e incluso Alemania, pues en la canarinha solo encuentro aliados en el perfil futbolístico de Robinho, Kaká, Alves o Maicón. Estos dos últimos dignos continuadores de la grandiosa saga de laterales que ha legado a la historia de este deporte el fútbol brasileño.

Aquellos que aún sigo recordando puesto que pese a que mi memoria desecha constantemente recuerdos para hacer nuevos huecos en mi archivo craneal en los que poder acoger vivencias futbolísticas del presente, siempre habrá un hueco especialmente reservado en ella para la perdedora selección brasileña de Zico y el Profesor Telé.

Para ese fútbol sin trampa a golpe de capoeira y malabarismo con el balón, en el que hasta los laterales te tiraban un sombrero. Para laterales como Nilton Santos, Djalma Santos, Carlos Alberto, Leandro, Junior, Roberto Carlos, Cafú… y Alves o Maicon – de lo poco puro que nos queda-.

Algo que mucho me temo no sucederá con la actual Brasil pese a su imparable e incontestable camino hacia el título.

Mariano Jesús Camacho.