La Argentina de Diego y Messi no hizo historia pero ya es historia en este mundial tras ser barridos por una máquina germana que además de ser un gran equipo y gozar de todas las virtudes del fútbol alemán, juega muy bien al fútbol. Quizás la selección que más nivel está demostrando hasta el momento y la que en el partido de cuartos ha establecido de forma diáfana la gran diferencia entre una selección y otra, pues se enfrentaron un conjunto de grandes individualidades ante un equipo con letras mayúsculas. Un equipo formado en gran parte sobre la base del Bayern Munich y reforzado con elementos de gran calidad de otros conjuntos, frente a la falta de organización y diversidad de procedencia de los futbolistas argentinos, en su mayoría de gran talento pero sin una idea táctica clara de juego y sobretodo sin un plan B de su técnico para improvisar tácticamente sobre la marcha. Lo que para mí resulta evidente: la abismal diferencia entre los DT.
En cuanto a Messi cierto es que no ha estado al nivel que se esperaba pero no es fácil agarrar el balón a sesenta metros y hacer el gol de Maradona a los ingleses en cada jugada.

Dos horas después España y Paraguay se citaban con la historia y la selección española no jugó para nada su mejor partido. Paraguay manejó mejor el partido -especialmente en la primera mitad- y además de incomodar a España en su juego, supo trabajar con sus armas para inquietar a la selección dirigida por Del Bosque.

En la segunda mitad el partido arrancó con el mismo guión, Paraguay controlando a España y esperando su oportunidad, que llegó en el crucial minuto 58, cuando llegó la locura y el carrusel de penas máximas. La primera de libro de Piqué, y a partir de ahí la frenética exhibición de fallos de los lanzadores y aciertos de los atajadores. En el caso de Paraguay con Cardozo como lanzador protagonista y en el de España con Iker Casillas como excepcional guardameta. Una pena máxima atajada de forma magistral y como dijo el propio Iker, gracias en parte a los consejos de Reina, que le había comentado cómo los tiraba el delantero guaraní.
Prácticamente sin tiempo para el respiro -en el minuto 60- llega otra jugada crucial en el partido, penalti a Villa que erige a Xabi Alonso en elemento ejecutor, Un Xabi que transforma de forma magistral la pena máxima pero que se ve obligado a repetir el lanzamiento por invasión de área de un futbolista español: Cesc.
Y sería precisamente en la repetición de la misma en la que la figura de Justo Villar -el atajador- se engrandecería, pues además de adivinar la trayectoria del balón y despejar el Jabulani, se las arregló en el rechazo para hacer otro penalti de libro a Cesc sin que el colegiado guatemalteco se percatara de ello.

Dos minutos frenéticos en los que pasó de todo y en los que posiblemente Paraguay perdió el partido pese a la atajada de Villar, pues dejar a España viva con cero a cero y Villa e Iniesta en el terreno de juego sigue siendo un pecado capital. Y de ellos dos, más la aportación de un buen Pedro surgió el gol de la victoria de España. Un gol para la leyenda, con mucho suspense y tres palos, una acción de killer que se recordará y en la que el “Guaje” ha hecho historia llevando a España por primera vez a una semifinal de un Mundial -pues en el 50 había otro sistema de competición-.
Y es que aunque en el camino encontremos a un duro hueso como Alemania, lo hecho por España ya es leyenda e historia. Podremos jugar mejor o peor, estar más o menos finos pero hasta la fecha todos los rivales de España han jugado en función de nuestro juego, por ello va siendo hora de que podamos disfrutar de un partido grande, como el que espero veamos ante el sensacional conjunto de Low, del que espero siga jugando en busca de la victoria.
En cualquier caso y pase lo que pase lo que acabamos de presenciar los españoles es pura historia, la de esta generación que como muy bien dice Camacho ya les ha superado a todos.

Mariano Jesús Camacho.