El genial poeta chileno Pablo Neruda dejó para el recuerdo infinitas formas de jugar con la palabra, con su estética, su belleza, en concreto en uno de sus maravillosos juegos y sueños lingüísticos nos legó esta maravillosa reflexión: “En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”.

Llegando un poco más lejos  me atrevería a comentar que ya lo dijo Joan Manuel Serrat en su canción: “Esos locos bajitos que se incorporan con los ojos abiertos de par en par, sin respeto al horario ni a las costumbres y a los que, por su bien, hay que domesticar. Niño, deja ya de joder con la pelota…”

Dos genios, dos poetas, la palabra hecha música y la música hecha poema, en definitiva la estética, que en esto del fútbol ha tenido históricamente en la selección orange a uno de sus mayores y mejores valedores. Una selección liderada por uno de esos locos bajitos que conecta su visión del fútbol con aquella mecánica anaranjada de otros tiempos. Wesley Senejder, el motor futbolístico de un equipo que cambia de velocidad a través de sus pases y las genialidades de Arjen Robben. Dos de los tres pilares de la selección dirigida técnicamente por Bert van Marwijk, el tercero llamado Kuyt, un omnipresente trabajador del fútbol que aporta mucho en ataque y defensa, un futbolista de notable, puro equilibrio.
Dos locos geniales que posiblemente lideren a una selección lejana a la excelencia de Alemania 74 y Argentina 78, dos citas previas con la historia en las que el fútbol les dejó una cuenta pendiente. Una cuenta pendiente que pretenden saldar distanciándose un tanto de aquel Fútbol Total que generó admiración mundial, pues su técnico Bert van Marwijk ha cambiado un tanto esa mentalidad: “Ya no estamos en la época del Futbol Total porque en el futbol como en todo, los tiempos cambian. Los equipos cambian”. “Es cierto que yo insisto sobre el rigor, el posicionamiento defensivo, quiero ganar y quiero que la victoria no sea una cuestión de suerte o azar”.
Afortunadamente y aún reconociendo el buen trabajo de Marwijk dos locos bajitos -aunque Arjen Robben mida 1,80- siguen resistiéndose a la globalización y persisten en la improvisación y genialidad de su fútbol.

Aquel al que nos seguimos agarrando todos aquellos nostálgicos que nos sentamos a ver fútbol con la esperanza de que uno de ellos nos demuestre que el fútbol sigue siendo un juego, el césped sudafricano los adoquines de nuestro barrio y el Jabulani la ajada pelota de trapo con la que jugamos o aquel balón que compramos en un supermercado allá por los años setenta y ochenta, cuando aún eramos niños.
Y por ello y aún reconociendo que el fútbol es mucho más que eso -mucho trabajo hay detrás de lo que se ve- mantengo la esperanza de que este Mundial lo gane uno de esos locos bajitos.
Mientras esto sucede, Holanda celebra y aguarda su tercera cita con la gloria en la que por una cuestión histórica espera y prefiere encontrarse a Alemania, su gran rival desde aquel año 1974.
Una Alemania que vela armas y afina su maquinaria para la semifinal ante España, en la que deberá reafirmar lo que a día de hoy resulta indiscutible: es el equipo que mejor ha jugado en este Mundial.

Pero ojo si un Alemania-Holanda es una cita con la revancha y la historia, no olvidemos que España se cita definitivamente con su destino y la historia, pues no creo que haya otra selección en el mundo que se divierta tanto jugando al fútbol y cuente entre su nómina de estrellas a más locos bajitos por metro cuadrado de césped.

Mariano Jesús Camacho. 

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