Exponente del creacionismo Vicente Huidobro, es considerado uno de los cuatro grandes de la poesía chilena, junto con Neruda, De Rokha y Mistral. De entre sus magníficas composiciones poéticas hoy quiero extraer retazos salinos, líneas salinizadas de sus “Últimos poemas” y en concreto de su “Monumento al Mar” para abordar una nueva reflexión esférica.

Líneas y versos extraídos de un gran poema que navegó a sotavento y barlovento y en las que me apoyo para describir y escribir lo recientemente vivido:

“Paz sobre la constelación cantante de las aguas”

“Entrechocadas como los hombros de la multitud”

“Paz en el mar a las olas de buena voluntad”

“El mar empujando las olas”

“Sus olas que barajan los destinos”

“Y esa ola que canta mejor que las otras”

“He ahí el mar”

“El mar abierto de par en par”

“De una ola a la otra hay el tiempo de la vida”…

Como os dije la mejor manera que encontré para analizar a otro Don Vicente sobre el que ahora -a favor de los buenos vientos y corrientes- resulta tremendamente sencillo escribir y subirse al carro del éxito. Algo que no siempre fue así pues aunque el citado personaje siempre se caracterizó por poseer la virtud de llegar a la verdad y al éxito a través de la sencillez, para ello tuvo que llevar a cabo un importante trabajo de continuacion y evolución sobre el brillante legado que heredó de Luis.

Tal y como él mismo expresó: “Lo importante es que no nos confunda el pasado. Ha sido muy bueno, hemos sido campeones de Europa, hemos hecho una gran fase de clasificación, hemos jugado buenos amistosos, pero que eso no nos confunda. El fútbol es muy cruel con los que se confunden…”

Y a partir de aquí comenzó a fraguarse el secreto de su éxito, para mí basado en una magnífica labor de interpretación del momento, administración del talento y mano izquierda para templar con naturalidad las embestidas del fútbol. Lo que en definitiva no es otra cosa que poseer capacidad de reflexión, serenidad y juicio en el Ministerio del fútbol. Algo al alcance de pocos elegidos y tremendamente complicado de llevar a cabo con la naturalidad y paciencia demostrada por este salmantino, lejano en todo momento al sensacionalismo del fútbol actúal, tan propenso a las estridencias y los perfiles altos a nivel mediático.

Tan solo inquietado por el gol de un suizo llamado Gelson Fernandes y la permisibilidad de Howard Webb, pero consciente en todo momento de que había un trabajo ya encauzado al que había aportado su concepto táctico, su acertado juicio en la elaboración de la lista -llevando a los mejores-, su sereno discurso en el ejercicio de seleccionador -cerrando debates que van con su oficio- y sobretodo su ejemplar administración táctica del talento de su plantilla. Como dijo Michael Robinson, “crack entre cracks cuya lectura de los partidos ha sido fantástica”. Cambiando en el momento preciso y apostando por el futbolista idóneo en función del tipo de partido.

Su nombre Vicente Del Bosque, para todos “The Quiet Man” -el hombre tranquilo- y para mí “The Right Man” -el hombre idóneo- para el ejercicio, el cargo y la ocupación de seleccionador. El humilde pero valiosisimo perfil humano y profesional de un salmantino que ha sabido apoyarse en su equipo técnico para ejercer con sabiduría el Ministerio del fútbol en el viaje y sueño esférico que ha protagonizado la selección española en el recientemente finalizado Mundial de Sudáfrica.

Mariano Jesús Camacho.