Si en la entrada anterior abordé la estrecha y apasionada relación del fútbol y la música a través de uno de los grandes como Bob Marley, en esta ocasión no puedo permanecer ajeno al homenaje de la música y un músico como Ber Stinco a uno de los grandes del fútbol actúal como Andres Iniesta.

Y para homenajear a este mago y deidad del fútbol ha elegido un blues, para mí un atinado estilo puesto que el blues hunde sus raíces en el rico repertorio de canciones paganas y religiosas que entonaban los esclavos provenientes de África en las plantaciones de algodón, tabaco y maní. Una música que surge de la tristeza de un pueblo, destinada a pedir favores a las deidades y expresarles sus desdichas por la falta de libertad. Doce compases de melancolía y tristeza que en este caso bien podrían haber sido los doce complicados meses que vivió el genio de Fuentealbilla desde que se produjo la desaparición de su amigo Dani Jarque hasta la celebración apoteósica de su gol en el Soccer City.

Un duro camino plagado de contratiempos y lesiones que ha completado un chico que nos hace soñar y pensar al compás del blues.  Sensaciones tristes y alegres a la vez, una gran alegría con gotas de melancolía. Estados de ánimo a los que nos hace llegar con su fútbol un tipo pálido, introvertido y aparentemente frágil como él, capaz en cambio de hacer brotar color de la nada, luz de la oscuridad y libertad de la esclavitud táctica del fútbol. Una deidad del fútbol a la que nos agarramos para ahogar en su creatividad nuestras propias desdichas.

Mariano Jesús Camacho.