Con motivo de la marcha del Real Madrid de Guti, recupero un post elaborado en homenaje al nº14 tras una de aquellas maniobras de genio con las que nos obsequiaba de cuando en cuando la personalidad y el estilo sui géneris del “mago de Torrejón de Ardoz”.

Han sido 24 años -15 en el primer equipo- en clave madridista, y con su marcha se pierde un estilo personalísimo de interpretar el fútbol, muy romero, muy torero, muy de muleta zurda. Capaz de lo mejor y lo peor, pero habitante privilegiado del Mundo de las ideas, donde tuvo acceso a la “Teoría de la Reminiscencia”.

En el diálogo “Menón” y con ocasión del estudio de la virtud, Platón presentó la teoría de la reminiscencia o anamnesia, una verdad, un recuerdo y un conocimiento que no aflora a partir de la experiencia meramente empírica o perceptiva, pues cuando tenemos acceso a él, no procesamos una información nueva sino que nuestra alma recuerda una verdad a la que tuvo acceso antes de encarnarse y vivir en este mundo material.

Por tanto nuestra alma recuerda algo que conoció cuando vivía en el mundo de las Ideas, lugar en el que para el genial filósofo griego el alma vive sin el cuerpo, donde descansa la fuente del conocimiento. Aquella que olvidamos con la encarnación y las relaciones, necesitando de la intervención de un maestro que nos incite al recuerdo de nuestra verdad interior. Extra a pero genial y mágica tesis que completó la teoría socrática del conocimiento y la enseñanza.

Una teoría que en fútbol encontró su demostración el sábado 30 de enero de 2010, cuando el campo de Riazor quedó iluminado por José María Gutiérrez “Guti” -que como Curro Romero aparece y desaparece como el Guadiana-, encontró aquel Guadiana particular que dicen existe entre el embroque y la cadera, allá donde nace el compás y la cadencia de la que bebieron genios como Belmonte para hacer arte.

Guti hizo suya la teoría de Platón con ese taconazo al tendido y nos mostró aquel misterioso pero mágico mundo de las Ideas, en el que el alma vive sin el cuerpo. Pura reminiscencia, recuerdo, conocimiento y verdad interior a la que aún existiendo solo tienen acceso pocos elegidos. Reminiscencias de Don Alfredo, de Cruyff, de fútbol samba, de generaciones pasadas que generaban magia con el arte de la espuela, como la “Generación Tele Santana” que en los ochenta nos llegó del Mundo de las Ideas para enamorarnos con su fútbol. La espuela de Roberto Falcao, los taconazos de Zico y la inventiva de un tal Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira.

Un chico al que su progenitor bautizó con el nombre de Sócrates porque era fanático de los filósofos griegos -a dos de sus hermanos los llamó Sófocles y Sóstenes- y poseía en su espuela la llave del conocimiento, aunque el fútbol siempre le surgiera de su cabeza y le saliera por los pies.

El Dóctor Elegancia, aquel al que el destino le tenía reservada la facultad de hacer filosofía con un balón y regresar del Mundo de las Ideas para hacer soñar a la torcida de Corinthians con sus inigualables habilitaciones con la espuela.

Y son aquellos instantes mágicos los que permanecen, pues conectan directamente con ese mágico mundo onírico, imborrables recuerdos del fútbol intangible con el que también nos obsequió el para mí genial GUTI HAZ.

Uno de aquellos elegidos que en su campo profesional y artístico nos demostró la existencia de ese mágico Mundo y la teoría de la reminiscencia que nos enseñó Platón.

Mariano Jesús Camacho.